Notas
Punto de Vista: RAUL PERRONE
El suburbio, la realidad cotidiana de una austeridad que irradia una belleza particular y una mirada que muestra sin juzgar. No es nostalgia, sino el descubrimiento de un mundo paralelo donde el espectador es el testigo silente de una Buenos Aires sumergida. Las Pibas, una película cuya misteriosa sinopsis le corresponde a la perfección: "Dos pibas/un cuarto/una discusión/un espejo/ una puerta/ una que tararea/camina/la otra que se enoja/una fábrica / unos tipos/comen /duermen/una escalera/dos pibas/un cuarto/una discusión/se aman".
Con una treintena de películas filmadas bajo el brazo, Perrone mantiene el perfil bajo y el mismo entusiasmo de un joven que recién arranca. Incluso ahora, con la experiencia y el reconocimiento que le dieron los años, sigue siendo un autodidacta que no deja de sorprenderse. Con múltiples premios en todo latinamérica y el resto del mundo, Perrone nos habla de su pasión, ese deseo impostergable de hacer películas y más películas, esa incansable voluntad de experimentar. Coherente consigo mismo, el cineasta "indie" por excelencia es paradójicamente uno de esos tipos "auténticos" que no tiene nada que envidiarle a nadie y cuya felicidad parece limitarse a una única necesidad: seguir filmando. En sus propias palabras: "el resto es marketing". Dice que no le gustan los festivales, que define como "mercados persas donde se habla de cualquier cosa menos de cine". Pero el "perro" no sólo ladra, muerde con cada película y no para de trabajar. No se mueve de Ituzaingó, donde construyó su mundo y el de sus películas, y se maneja por skype. Después de la presentación de P3ndejo5 en el Bafici Itinerante y antes del estreno de Las Pibas en el marco del Ciclo Cine Inédito programado por Alejandro Fadel en el Espacio Cultural Julio Le Parc, el "Perro" tuvo una charla cibernética con LUPA.
Es casi fisiológico. Es una necesidad.
P3ndejo5 también es sobre eso. Me parece que cuando el cine argentino trata ese tema lo hace desde un lugar poco creíble. En mí es una recurrencia. Me pinta una histora, voy y la hago. Tampoco especulo con eso. Los jóvenes siempre están en mis películas. Y los pibitos, y los ancianos. No están en cambio los tipos de mi edad, que me aburren mucho.
Nunca he salido de acá así que hablo básicamente de mi ciudad. Encontré una iconografía muy personal y piola acá. Al principio me preguntaba por qué si Woody Allen podía filmar Manhattan yo no iba a poder filmar acá. Ahora él sale de su ciudad y yo probablemente no lo haga nunca. La verdad es que mi lugar me gusta mucho y aunque haya nacido acá no termino de conocerlo. Por otro lado me parece que lo que toma la cámara siempre es distinto a lo que uno ve. Veo la ciudad retratada de mil maneras distintas y para mí siempre es la primera vez.
En mis películas siempre hubo esa impronta. Con Labios de churrasco la gente preguntaba si era un documental. En esa época era mucho más difícil entender algo así. Siempre estuvo esa linea entre el documental y la ficción porque, al no trabajar con actores conocidos, la manera que tienen de hablar hace que el espectador sienta más empatía con ellos y no esté simplemente viendo a un actor recitar un texto. En La Pibas está ese mismo filo. Por momentos te preguntás: ¿esto es verdad, es mentira? Pero eso es lo que más me gusta del trabajo que hago con la gente, con los actores independientes, y con los que no son actores. Me tomó mucho tiempo poder lograr esa cotidianeidad. Es algo sencillo y a su vez es bastante complicado.
¿Cómo fue el trabajo con las chicas de Las Pibas? ¿Cómo lográs esa confianza, entrar a su mundo más íntimo?
Casi siempre me pasa eso. Yo digo que soy como una mosca en la pared, quiero que mi presencia pase desapercibida. Eso se da únicamente cuando los actores tienen un grado de confianza muy grande. También es un trabajo que se hace de a poco. Explicar cómo logro eso no tendría mucho sentido. Pero es una cuestión de hablar mucho y de no verse tanto durante la semana. No quiero agotar ninguna posibilidad que después me reste asombro. Los planos de Las Pibas son planos muy largos y nunca notás la presencia de la cámara. Eso se logra a través del vínculo que se genera. De hecho yo a las pibas no las conocía. No es que era amigo y que eso me permitió filmarlas. Un día estaba aburrido y como tenía muchas ganas de filmar le pregunté a un conocido si no sabía de alguien... y vinieron estas dos chicas. Me puse a hablar con ellas y lo primero que filmé fue la primer secuencia que se ve en la película. Ese material me dio muchas ganas de hacer una película con ellas. Pero no las conocía, no tenía idea de quiénes eran.
En Las Pibas hay un trabajo más experimental, tanto desde el sonido como desde la estructura cíclica del guión ¿De dónde nace esa intención?
Con el tiempo voy adquiriendo nuevas obsesiones. Antes era la cámara, después fue la luz, ahora es el sonido. Es un laburo que vengo experimentando desde películas anteriores. En Las Pibas se profundiza mucho más y en P3ndejo5 explota. Explota a tal punto que les quito la palabra y establezco une regla silente en cuanto a diálogos. Hay un gran trabajo de la banda sonora. Me parece que el sonido es muy importante y que ahí esta la ruptura que hace pensar que lo que estas viendo tiene algo de extrañeza. Es como hipnótico: desde las repeticiones no solo del sonido sino también de la imagen. Es muy cíclico mi cine.
La puerta que se abre y se cierra, la caminata, la música cantada por lo bajo o los reflejos en el espejo... cada plano parece significar desde un lugar muy pensado.
Si. Un plano no se pone por poner, tiene que tener un sentido. Pienso mucho cada vez. Como no hago guiones, escribo editando y filmando. Cuando pongo un plano tiene que tener un significado. Para mi todo tiene un sentido: la puerta, la caminata, la canción que ella repite. Habla de una rutina, una rutina que se corta.
¿Cómo sentís que fue evolucionando tu cine desde las primeras películas hasta estas últimas?
Fue evolucionando de acuerdo a las necesidades y a este karma que tengo de no parar de hacer películas. Me parece que la búsqueda está en no aburrirme y en no repetir. Las Pibas anduvo muy bien en el Bafici, tuvo excelentes críticas y se estrena ahora en Mendoza. De toque salí a hacer P3ndejo5 que no tiene nada que ver con Las Pibas. Podría haber hecho 7 u 8 películas de aquellas que funcionaron. Pero siempre traté de hacer en las siguientes algo completamente distinto. Porque me sale, porque estoy eternamente en la búsqueda. Lo que hace el aburrimiento es chocar creativamente para encontrar nuevas formas de poetizar.
¿Cuál es tu relación con los festivales y la distribución de tus películas?
Es nefasta. No voy a festivales. Al único festival al que voy es al Bafici, y únicamente cuando presento la película. Ni siquiera voy a ver las otras dos veces que se da. No soporto el mundo del cine, no soporto los festivales porque me parece que son como mercados persas donde la gente habla de otras cosas menos de cine. Hablan de plata y se pasan películas como si fueran facturas. Yo las vivo, las sufro y las disfruto desde acá. No voy a los festivales. Skype me salvó la vida. Propongo conferencias por Skype. Termina la película y aparezco en la pantalla.
¿Cómo te sentó el premio a Mejor Director en el último Bafici?
Bien, fueron cinco minutos de alegría. P3ndejo5 me está sorprendiendo. De toque fue a Ecuador y ganó tres premios. El reconocimiento me pone contento pero cuando reflexiono sobre eso y me pregunto "ahora qué", sin pensarlo digo "otra". Trato de que mi mente no se enferme ni entre en estado de pánico. Porque es muy fuerte lo que se escribe, se escribió y se va a seguir escribiendo seguramente como para que yo me ponga a pensar en eso. Tengo que salir a hacer una película para poder exorcizar de alguna manera todo eso. Otra gente tal vez se sentaría a disfrutar de ese reconocimiento por mucho tiempo, yo no.
¿Cómo es el momento de la elaboración del guión?
Lo odio. No hago guiones porque pienso más rápido que lo que escribo. Hago anotaciones y salgo a filmar. La película se va armando a medida que filmo. Es como ir en coche: vas, mientras el auto anda. Es difícil pero no conozco otra manera de laburar que no sea esa. Me gusta redescubrir lo que hago, me gusta ser espectador por primera vez. Es un laburo donde hay que estar muy seguro de lo que vas a hacer para que el tiempo tuyo y el de la gente no sea desgastante. Yo no laburo más de 2 o 3 hs, tengo mucho respeto por la gente. Cuando voy tengo en claro qué es lo que quiero hacer y después cuando edito empiezo a ver la película.
¿Estás filmando algo nuevo?
Acabo de terminar otra: Favula, con V corta. Tiene todos los condimentos de la fábula: un bosque encantado, una selva, personajes malditos, animales...hice todo en un estudio. En su momento pensé en hacerlo en una fábrica abandonada, armar una especie de bosque... pero desgraciadamente mi bolsillo está roto hace tiempo así que lo que hice fue tratar de volver a la fuente del cine primitivo: llevé un proyector con una pantalla y proyecté imágenes de selvas dibujadas. Puse a los actores a actuar delante de eso. Después vino todo un laburo de post-producción, se armó una maqueta de un bosque y metí los actores ahí adentro. Bastante raro. Ahora hace cinco meses que estoy editando la película. Son historias que no se sabe bien en qué época transcurren. Son atemporales. Pueden ser de ahora como del 2090.
¿Cómo te pensás en el marco del cine nacional?
No soy yo el que debería decir eso. Me parece que tengo un lugar bien ganado y que cuando se habla de cine independiente es muy raro que no se me nombre. Yo estoy muy feliz de no tener que ir a los mercados del cine y pasar por instituciones. Hacer lo que hago hace 20 años: soy muy coherente con lo que digo y con lo que hago.
¿Dictas talleres? ¿Cómo es tu trabajo como docente?
Más que docente soy un tipo que le da la oportunidad a la gente de que pueda hacer cosas. En los talleres que doy tengo 140 alumnos. Y están mezclados los que quieren escribir con los que quieren dirigir y los que quieren actuar. Viene mucha gente de afuera: Perú, Chile, Paraguay, Venezuela... Y es gratuito. Me paga la municipalidad. Lo hago en la Casa de la Cultura. Todos los sábados se hacen dos cortos en vivo y después se debaten. Y a fin de año se hacen cortos fuera del taller, se pasan en pantalla grande y se entregan diplomas y premios. Hace ya 15 años que lo vengo haciendo. Por el taller han pasado más de cinco mil personas. Es algo cansador pero muy reconfortante porque los pibes sienten la pasión y tienen la posibilidad de hacer cosas. Desde el 2006 ya se hicieron más de 30 cortometrajes.
¿Qué directores de cine admirás, y quiénes te influenciaron? ¿Wenders, Jarmusch?
Si, yo me encargué de decirlo. Con el tiempo fui cambiando. Me siguen gustando pero me gusta mucho más el cine del '20, que redescubrí y al cual estoy abocado actualmente. Me interesa mucho el cine de Dreyer, el cine de Murnau. Estoy viendo esas obras ahora. No veo cine contemporáneo.
Las Pibas, de Raul Perrone (2012) / Miércoles 7 de Agosto / 21hs, Espacio Cultural Julio Le Parc.