Notas
Entrevista exclusiva con Laura Escalada de Piazzolla, en su visita a San Rafael
Con todos los respetos que se merece, es válido presentarla con una mujer de destacadas prominencias. De ojos grandes, mirada profunda y sonrisa constante, una mujer que compartió parte de su vida con uno de los más grandes creadores que Argentina pudo haber parido: Astor Piazzolla.
Hablar de tipos como Piazzolla despierta, en más de uno y en mi caso, una especie de energía tanguera que tienta a hablar en lunfardo y merodear la irreverencia de los versos arrabaleros. Por consecuencia, hablar con una de las mujeres que compartió décadas con el Maestro hace que a cualquier que conozca un cachito de su historia se le erize la piel a sabiendas de todos los recuerdos que esa persona creó de aquel que fue convidado a andar en la ilusión super-sport de un porteño "piantao".
El plan era encontrarnos antes, acción frustrada por la lluvia de Buenos Aires que impidió que el vuelo salga a horario, aún así, antes de que comience el homenaje a Astor en el Teatro Roma, la vimos sentada en una butaca lejana al escenario, como quien sabe de antemano desde qué lugar se puede ver mejor el espectáculo. Allí estaba Laura Escalada de Piazzolla, mujer prominente hasta en su sonrisa.
El homenaje estaba por comenzar, motivo que obligaba a la brevedad y, a su vez, al permiso de que Laura tome tiempo para evocar algunos valiosos recuerdos. Nos contó algo de la Fundación "Astor Piazzolla" y, sin anticipar pregunta, comenzó a hablar de su amado.
"La Fundación tiene dieciocho años de vida, trabajamos mucho llevando música y charlas sobre la vida de Astor en muchos aspectos, tanto por el exterior como en mi Patria. Eso me trae muchas satisfacciones, la gente me recibe con mucho afecto porque en realidad es a Astor a quien reciben y en nombre de él me siento muy feliz de llevar a cabo esta labor.
Astor escribió para la gente joven y, por ende, es con quienes más cómoda me siento. De antemano sé que me van a preguntar cosas fantásticas y asombrosas y eso me pone muy feliz. Cuando supe que en San Rafael se presentarían niños en el escenario me emocioné mucho porque es el público que él hubiese querido que venga.
Diría que conocí a Astor en la edad justa, cuando como mujer pude entregarme al servicio de un gran hombre. Estuvimos juntos desde principios del ´76 hasta el ´92, no conté nunca la cantidad de años, prefiero considerarla como una bella etapa. Tuvo su parte buena y otra no tanto: lamentablemente le tocó una salud muy débil pero puedo asegurar que viví hermosos años con él.
En el escenario daba todo. En su proceso creativo yo lo seguía y lo acompañaba donde él quería que fuera. Aprendí mucho, allí me pulí en la organización de espectáculos, aunque no era lo que más me gustaba. Gracias a eso hoy sé que todo lo que una hace en la vida sirve, una a veces se pregunta por qué se mete en ésto o aquello pero estoy segura de que siempre nos queda un dividendo a favor, hagamos lo que hagamos.
El piano era el lugar donde él se sentaba a trabajar. A las ocho de la mañana, como si fuera un obrero, Astor ya estaba trabajando y haciendo música en el piano de nuestra casa, escribía hasta el mediodía y después seguía a la tarde.
Jamás tuvo momentos de decepción o bronca por no poder crear algo, era un hombre muy seguro y esa cualidad lo llevó a ser lo que fue y a que hoy podamos recordarlo como tal."
Diría que conocí a Astor en la edad justa, cuando como mujer pude entregarme al servicio de un gran hombre. Estuvimos juntos desde principios del ´76 hasta el ´92, no conté nunca la cantidad de años, prefiero considerarla como una bella etapa. Tuvo su parte buena y otra no tanto: lamentablemente le tocó una salud muy débil pero puedo asegurar que viví hermosos años con él.
En el escenario daba todo. En su proceso creativo yo lo seguía y lo acompañaba donde él quería que fuera. Aprendí mucho, allí me pulí en la organización de espectáculos, aunque no era lo que más me gustaba. Gracias a eso hoy sé que todo lo que una hace en la vida sirve, una a veces se pregunta por qué se mete en ésto o aquello pero estoy segura de que siempre nos queda un dividendo a favor, hagamos lo que hagamos.
El piano era el lugar donde él se sentaba a trabajar. A las ocho de la mañana, como si fuera un obrero, Astor ya estaba trabajando y haciendo música en el piano de nuestra casa, escribía hasta el mediodía y después seguía a la tarde.
Jamás tuvo momentos de decepción o bronca por no poder crear algo, era un hombre muy seguro y esa cualidad lo llevó a ser lo que fue y a que hoy podamos recordarlo como tal."