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La Presidenta calcula por cuánto necesita ganar en 2013 para avanzar con la re-re

El kirchnerismo va por una reforma constitucional, sea con re-reelección o con sistema parlamentarista. El resultado de las legislativas de 2013 definirá. Por eso esperan un segundo semestre con mejoras económicas y listas de candidatos digitados por CFK para lograr 40% de votos y pensar en cuatro años más.
Foto: TElam
Foto: TElam
Aunque las consultan, en los pasillos de la Casa Rosada suelen ignorar los datos que arrojan las encuestas, sobretodo de aquellas que le son adversas a Cristina Fernández de Kirchner. En los últimos meses, desde el imponente triunfo electoral del año pasado, no solo fue cambiando el humor social respecto de las medidas del Gobierno sino cayendo la imagen positiva de la Presidenta que quedó golpeada por los avatares de la economía y también por los conflictos que la han enfrentado con la provincia de Buenos Aires y con los porteños. Además, y especialmente, su imagen se ha visto agrietada por los escándalos sobre corrupción o exceso de poder que más ha revelado el periodismo que la oposición.

 De hecho, los diarios, algunos grupos económicos y el periodista Jorge Lanata son para el kirchnerismo “la” oposición y los adversarios a vencer.
Como con los datos del Indec, el kirchnerismo prefiere no referirse a la realidad aunque no se la ignora y la misma Cristina apunta a levantar su intención de voto y la de los kirchneristas que vayan en su nombre en 2013 de manera de imponerse por peso propio o por la brecha que los separe de la oposición.

Si ella quiere su segunda reelección, es algo que no todos aseguran. Aunque nadie encuentra un posible sucesor –o sucesora– a dos años de la elección. Por eso el secretario Carlos Zannini apadrinó un proyecto de reforma constitucional que redactó el juez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni y que apunta a instaurar un sistema parlamentarista en la Argentina. Dicen, los que los frecuentan, que es una de las ideas que tienta a Cristina en caso de no ser ella quien continúe con “el proyecto”, como se llama a sí mismo el kirchnerismo. En ese escenario, cualquier candidato a Presidente que ganara, incluso el bonaerense Daniel Scioli, debería compartir poder con un Jefe de Gabinete que designara el Parlamento el que, también, tendría la atribución de removerlo. Sería el plan para controlar, desde un bloque fuerte en el Congreso, a un Presidente no K.

Pero antes de eso, el kirchnerismo –devenido en cristinismo– avanza en su estrategia de blindaje presidencial. A riesgo de sacrificar algunas piezas, como en el ajedrez, los jóvenes de La Cámpora ocupan en espacios de mayor poder con Axel Kicillof desde su cargo de vice en el Ministerio de Economía y con el ‘Cuervo’ Larroque como diputado y al frente de los soldados de Cristina para la que llaman “batalla cultural” en defensa “del modelo”. Lo mismo el Movimiento Evita donde quedaron los militantes de la generación de Cristina que también suman, aunque menos, espacios de poder para avanzar en medidas profundas que pueden generar costos negativos en algunos sectores. Emilio Pérsico es el último exponente con su desembarco en Agricultura. Todos se juntaron, en la línea de lo que fue el acto del 27 de abril en Vélez, en la agrupación “Unidos y Organizados”.

Por ahora, todos, de una o de otra manera, van por una reforma constitucional, sea con re-reelección incluida, con sistema parlamentarista o con reformas estructurales que no incluyan la habilitación para otro mandato. Todos, incluida Cristina y hasta la oposición, saben que el resultado de las legislativas del 2013 define.
 
Pero para que el 2013 incline la balanza hacia ella, esperan no sólo un segundo semestre con mejoras económicas sino listas de candidadtos, digitados otra vez por la Presidenta, con identidad cien por ciento “pingüina” como condición excluyente. A modo de ejemplo suenan los nombres de la ministra Alicia Kirchner para Buenos Aires –aún cuando no cumple con los requisitos legales– y Hernán Lorenzino y, sobretodo, Axel Kicillof en Capital. Jugará la Presidenta los nombres que más la representen y los que traccionen más en las encuestas de manera tal de lograr, por lo menos, un 40% de votos. Si así fuera, Cristina iría por cuatro años más, dicen.

¿Será posible? Hoy parece que no. Pero el kirchnerismo argumenta que las coyunturas cambian y ya se vio lo que generó a favor de Cristina la muerte de Néstor Kirchner, la operación presidencial a principios de este año y algunas de las medidas con las que buscó superar errores de gestión.

Si no es ella, ¿quién? La respuesta le pertenece a Cristina. En el peor de los escenarios, los ultrakirchneristas la comparan con el brasileño Lula Da Silva y le atribuyen el poder de “gran electora”.
 
¿Quién sería, entonces, la Dilma en Argentina? Descartados quedaron candidatos como Amado Boudou y hasta Gabriel Mariotto, dos productos –resistidos– de la elección de la Presidenta. Que Boudou quedó golpeado al punto de que algunos propicien su salida anticipada, es casi una obviedad. Pero últimamente dicen lo mismo de Mariotto luego de sus permanentes batallas contra Daniel Scioli. Sería un alfil ultra K sacrificado en nombre de la Presidenta porque no sube en las encuestas y, además, porque no se ha ganado la confianza de los intendentes ni de los bonaerenses que prefieren a un Scioli victimizado y no a quien debería acompañarlo en la gestión arrojándole piedras permanentemente.

Alicia Kirchner tiene buena imagen pero no intención de votos, aunque garantiza la presencia del apellido. Los jóvenes de La Cámpora están golpeados y algunos creen que es su tiempo aún. ¿Carlos Zannini?, preguntan algunos. “No se preocupen, los candidatos aparecerán, se construyen”, responden kirchneristas de paladar negro concentrados en que CFK no reste poder con cada día que pasa.

Fuente: cronista.com