Notas
De la memoria, restricciones de los años 70
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No hay nada que hacerle: los productos eran de mucha mejor calidad hace tres décadas. Por ejemplo, la tinta para sellos. Uno de ellos permanece, indeleble, tozudo y revelador, en la primera página del primer pasaporte que tuve en mi vida, en marzo de 1975. Yo era entonces un periodista novato, flamante y tembloroso, y la vieja revista “Antena”, de la legendaria editorial Julio Korn, me había convertido en enviado especial a Los Ángeles para cubrir la candidatura de la inolvidable “La Tregua”, de Sergio Renán, que peleaba por el Oscar a la mejor película extranjera.
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Los periodistas que éramos de espectáculos en esa época, no estábamos alejados del turbión político que sacudía al país: al menos cuatro de los actores de “La Tregua” o estaban exiliados, amenazados por la banda terrorista de ultraderecha Triple A, o marchaban al exilio en esos días: Héctor Alterio, Luis Brandoni, Lautaro Murúa y Luis Politti. Pero, la verdad, cubrir el Oscar de Hollywood era algo así como tocar el cielo con las manos.
Y aquí viene lo que quería contarles. En la primera página de mi pasaporte de aquella primera vez, la anterior a la de la foto que certifica que alguna vez tuve veinte años, hay un sello en furiosa tinta azul. Dice esto: “Afectado u$s 300 por venta de cambio. Fecha 31-3-75 Banco Mercantil Argentino”.
Y hay una firma, también indeleble.
Hace treinta y cinco años, el gobierno de Isabel Perón aplicó las mismas medidas restrictivas de hoy a la compra de dólares para los viajeros. A mí alguien, en la Argentina siempre hay un alguien que te maneja la vida, me autorizó a comprar trescientos dólares a precio oficial.
Trescientos dólares para diez días de estada en Hollywood. Se ve que los tipos querían que me lo pasara en grande.
Lo malo de ese viaje fue que “La Tregua” no ganó el Oscar, vencida por la única película que le podía ganar: “Amarcord”, de Fellini. Lo bueno fue que, en la casa de Alejandro Rey, conocí a Ray Bradbury, que murió el mes pasado.
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Lo peor fue que, dos meses y días después de la fecha que figura en mi viejo pasaporte por la compra de trescientos dólares, en la Argentina estalló el Rodrigazo. El ministro de Economía de entonces, Celestino Rodrigo, pegó el primer gran golpe económico contra las clases medias y bajas de la Argentina. El dólar comercial pasó de 10 pesos a 26; el dólar financiero pasó de 15 pesos a 30; y se creó un nuevo tipo de cambio turístico a 45 pesos por dólar. La nafta súper aumentó el 172% y la común el 181 por ciento. Las tarifas eléctricas subieron entre el 50 y el 75 % al igual que los demás servicios. Nunca antes en la Argentina había habido semejante ajuste. La recesión dejó atrás once años continuados de crecimiento y terminó con los sueños, las esperanzas y los ahorros de millones de argentinos. Eso sí, no había dólar blue, ni green.
Recordé estas tonterías cuando hace ya algunas semanas escuché a funcionarios del Gobierno afirmar que no estamos en el 2001, lo que es una gran ventaja para aventar fantasmas de reciente data.
Mi temor es que andemos por 1975.
Pero no hay que hacerme caso porque soy un tremendista. Aunque, en tren de ser sinceros, el recordatorio que del Rodrigazo hicieron hace poco dos ex ministros de Economía, Domingo Cavallo y Roberto Lavagna me despertaron cierta inquietud. Es una suerte que, en la Argentina, la historia no se repita. Si fuese así, deberíamos preocuparnos.
Alberto Amato, para Clarin.com