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Meksiko. Fervor mexicanista en la Yugoslavia de Tito

Los huapangos desembarcaron en los Balcanes y un día los yugoslavos se calzaron sus grandes sombreros.
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Ay, ay, ay, Yugoslavia

Los consumos culturales nunca son caprichosos, están condicionados de algún modo por la historia, la política y la economía. Debemos hacer hincapié en este hecho básico de la realidad para entender por qué, en la década de 1950, rancheras, huapangos y sones mexicanos se hicieron famosos en una república balcánica que hoy ya no existe, la ex Yugoslavia.

Los Balcanes fueron una zona convulsionada, en especial desde que, tras la caída de los Imperios Centrales en la Primera Guerra Mundial, se intentó llevar adelante la unidad política y económica de un conjunto de naciones que se caracterizaban por su diversidad étnica, religiosa y cultural. Yugoslavia fue el nombre que se dio a aquellos primeros intentos por dar unidad a serbios, eslovenos, croatas y montenegrinos bajo un mismo estado monárquico. Durante la Segunda Guerra Mundial el Reino de Yugoslavia fue invadido por las potencias del Eje y dejó de existir, desde entonces se organizó la resistencia. Tras el triunfo de los Aliados y tras una encarnizada guerra en la que murió más del 10% de la población, los partisanos de Tito tomaron el poder, refundaron la organización centralizada de Yugoslavia bajo la forma de república, declararon ser un estado socialista y se establecieron como una alternativa política y económica de socialismo autogestionario, no alineado ni al capitalismo de los EE.UU. ni al comunismo de la URSS.

Desde su llegada al poder a principios de la década de 1950, Josip Broz Tito rompió con la URSS, intentó crear una federación socialista balcánica con un curso independiente de la órbita soviética, se negó a formar parte del Pacto de Varsovia y de la OTAN, criticó las intervenciones soviéticas en

Hungría, Checoslovaquia y Afganistán e integró el Movimiento de Países No Alineados. Esta particular toma de posición en la esfera de la política internacional tuvo su correlato en los consumos culturales: los cines y radios de Yugoslavia no podían depender de la producción de Hollywood, pero tampoco de la de Moscú. Así fue como se abrió una tercera vía también en el mundo de la cultura.

A pesar de las grandes diferencias culturales y lingüísticas, pocos países resultaban tan favorables para un intercambio cultural como México. En el marco de la recuperación económica de posguerra, se iniciaba un período de desarrollo conocido como el "Milagro Mexicano". Además, México venía del proceso revolucionario de 1917, había adoptado medidas progresistas como la Reforma Agraria y la nacionalización del petróleo y albergaba en su seno a alrededor de 25.000 exiliados republicanos de la Guerra Civil Española y del franquismo, además de los exiliados de las dictaduras latinoamericanas y el estalinismo, entre los que se encontraban León Trosky y el joven Fidel Castro.

Por si no alcanzara con las credenciales de izquierda no estalinista, México era un formidable centro de producción cultural: artistas plásticos, editoriales, productoras cinematográficas, escritores, cantantes, actrices y actores. Ese México fue el que conoció la Yugoslavia de Tito.

Las disquerías de Yugoslavia sumaron a sus bateas, junto a las rápidas polkitas eslovenas y a las canciones populares tocadas en acordeón, a unos cantantes que llevaban enormes sombreros y largos ponchos, cantaban en compás ternario y eran acompañados por trompetas y aullidos desgarrados de dolor. Ay, ay, ay, cantaban los yugoslavos, ay, ay, ay, gemían.

"Mama Huanita"

En 1954 se estrenó en Yugoslavia la película "Un día de vida" de Emilio Fernández. Pronto se convirtió en un éxito y tuvo mejor recepción que en México, donde el cine de Fernández ya entraba en su ocaso. "Un día de vida" es un melodrama sobre dos amigos que se enfrentan durante la revolución, uno de ellos es un general, el otro, un coronel con sentencia de muerte por haberse levantado en armas tras la muerte de Zapata. El condenado es un personaje querido por todo el pueblo, y también lo es su madre, Mamá Juanita, la viuda y madre de cuatro patriotas muertos en el frente a quien todos ocultan que su último hijo será fusilado. Con la ayuda de una joven escritora cubana y la vista gorda del general que recibió la orden de fusilarlo, este hijo volverá a casa, en el cumpleaños de su madre, a cantarle "Las Mañanitas".

"Un día de vida" volvió a reestrenarse con cierta periodicidad en los cines yugoslavos durante casi veinte años. La película y en especial la imagen de Mamá Juanita con los ojos llenos de lágrimas, quedaron por siempre en la sensibilidad de los Balcanes. Desde entonces "Las Mañanitas" se conocen en Yugoslavia como "Mama Huanita" y fueron interpretadas por decenas de cantantes: Slavko Perović, Nikola Karović, Ivo Robić, Predrag-Cune Gojković, Alberto Gregorič, etc. El escritor Miha Mazzini cuenta que durante años el mejor regalo de cumpleaños que podía hacérsele a una madre en Yugoslavia era dedicarle una versión de "Mama Huanita" en la radio.

Con el tiempo surgieron versiones de otros temas: "Moj Brod" ("La Paloma"), "Vredo Nebo" ("Cielito Lindo"), "Aj, Jalisco" ("Ay, Jalisco no te rajes"), "Aj, aj Paloma" ("Cucurrucucú paloma"), "La Malagueña salerosa", "Paloma Negra" y hasta temas que, aunque en principio no lo parezcan, no son mexicanos, como "Kad zalazi sunce" ("Cuando calienta el sol", del nicaragüense Rafael Gastón Pérez), "El Cumbanchero" (del puertorriqueño Rafael Hernández Marín) y "Qué será, será" (compuesta por dos estadounidenses,

Jay Livingston y Ray Evans, para una película de Alfred Hitchcok). Las primeras versiones de estos temas fueron en esloveno o croata, pero luego los intérpretes aprendieron español para cantar los estribillos o las canciones completas (a veces con una excelente pronunciación como Alberto Gregori č, otras con un acento encantador como Nikola Karović).

Adiós a "Meksiko"

La fiebre mexicana duró varias décadas, la actriz que interpretaba a la escritora cubana en "Un día de vida", Columba Rodríguez, recibió cartas de admiradores de los Balcanes durante años y el mismo Tito aparece en fotos de distintos cumpleaños con sombreros mexicanos o agitando maracas. Todavía en los ’80 se editaban casetes de huapangos y sones, los discos de mariachis se tocaban en las fiestas familiares, "Mama Huanita" sonaba en los cumpleaños y las melodías de "Meksiko" organizaban aún los trencitos, si es que los hay en los casamientos balcánicos.

Con los ’90 llegaron otros consumos y otros intercambios. México produce formatos para programas televisivos que se venden al mundo entero (el programa "Cantando por un sueño" de Televisa, por poner sólo un ejemplo). En cuanto a las repúblicas que formaban la ex Yugoslavia, casi todas ellas tienen sus versiones locales de programas como "American Idol", "TV Got Talent" y "The Voice".

Hoy, la película "Un día de vida" es olvidada por igual en México y los Balcanes, y los huapangos se encuentran sólo en las tiendas de usados. Pero si uno se pasea por las calles de Belgrado con la atención puesta en la multitud, quizás alcance a ver algún que otro enorme sombrero a la vuelta de la esquina.

"Un día de vida" de Emilio Fernandez, 1950.

Para más videos entra al canal de MEKSIKO: https://www.youtube.com/playlist?list=PL8456F28B6EC10195