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Notas

#Yocambio: Raúl Pérez, un científico especialista en nubes con los pies firmes en Argentina

Con una larga experiencia en estudios sobre lucha antigranizo, el investigador mendocino dirige un laboratorio apostado en la Universidad Tecnológica Nacional, cuyo objetivo es desarrollar reservorios sustentables de agua y colaborar de este modo en la lucha contra la crisis hídrica. Entrá a la nota y conocé por qué este científico de renombre mundial, tomó la decisión de abandonar el país y colaborar con su desarrollo.
Raúl Pérez hizo su doctorado en Ingeniería en la UNCuyo. Foto: GENTILEZA
Raúl Pérez hizo su doctorado en Ingeniería en la UNCuyo. Foto: GENTILEZA

En Twitter: @horayacante

El lugar que ocupa la ciencia en un país en vía de desarrollo es fundamental. Por tanto, los hombres y las mujeres que año a año toman la decisión de poner su vida al servicio del conocimiento, se vuelven imprescindibles en una Nación que busca el bien común de todos sus pobladores.

Las noticias de científicos argentinos que forman parte de equipos foráneos en proyectos de importancia mundial, nos llenan de orgullo pero nos dejan a la vez, un sabor amargo al reconocer que no fuimos capaces de retenerlos junto a nosotros y los obligamos a probar suerte detrás de las fronteras.

Sin embargo, aún hay luchadores incansables que se mantienen a la vanguardia, pero que no cejan en su voluntad de hacerlo desde nuestro país. Raúl César Pérez es uno de estos hombres imprescindibles. Licenciado en Física en la Universidad Nacional de San Luis y doctorado en Ingeniería en la UNCuyo, Pérez forma parte del reducido grupo de científicos especializados en nubes y atmósfera que existen en todo el mundo, y dirige su propio equipo en la Universidad Tecnológica Nacional, Regional Mendoza.

A continuación, él mismo responde en qué consiste el estudio de las nubes y por qué eligió apostar a la ciencia desde Argentina.

-¿Por qué es tan poco común que hayan investigadores orientados a esta materia?

-Después de finalizar la licenciatura en Física, ingresé a la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales y me involucré en los estudios sobre lucha antigranizo. Como aquí no había donde especializarme, hice cursos en la Universidad de Colorado (Estados Unidos), en la UNAM (Universidad Autónoma de México), Instituto de Estudios Atmosféricos de Francia. Después de esta capacitación, me involucré en estudios más avanzados sobre cómo hacer cambios en las precipitaciones, hacer llover en zonas desérticas, nevar en alta montaña y desarrollar reservorios sustentables de agua.

-¿Se puede hacer llover?

-En realidad no hacemos llover, aprovechamos una serie de características de la atmósfera y la "ayudamos" a precipitar. Todo nace cuando se forma una gota dentro de la nube. Por día, se evaporan 500 millones toneladas de agua del mar, por lo que, ese agua en estado gaseoso,  queda disponible en la atmósfera. A modo de ejemplo, esto se repite en actos tan cotidianos como cuando uno se ducha en su casa, y ve como el vapor de agua se condensa sobre los cerámicos fríos, retornando del estado gaseoso al líquido. Este proceso físico, también se repite en la atmósfera. El vapor de agua que es distribuido por los vientos a través de los continentes, se encuentra en su paso con núcleos fríos suspendidos en el aire, que terminan conformando celdas de precipitación. Lo que hacemos, desde la ciencia, es colaborar con que se formen núcleos lo suficientemente grandes, como para que después precipiten sobre el suelo. Estos procesos son conocidos como “coalescencia” en el caso de lluvia, y de “agregación”, en la nieve. Es claro que si no hay nubes, no se puede hacer precipitar. Todo queda sujeto a la disponibilidad de humedad en la atmósfera.


-¿Qué particularidades tiene el cielo mendocino que no se repiten en otras partes del planeta?

-Hay un problema en Mendoza en particular referido al granizo. Las grandes dimensiones que alcanzan las piedras, y que tienen su origen en lo que se ha denominado como la onda orográfica de montaña. Para entenderlo, hay tener en cuenta que desde el océano Pacífico proviene una gran cantidad de humedad que golpea literalmente contra una masa montañosa de más de cinco mil metros de altura, y la fuerza a ascender. En el camino, se encuentra con núcleos más fríos que provocan que precipite principalmente del lado chileno. Esta misma masa de aire, una vez que descargó la humedad, comienza un descenso vertiginoso hacia el llano, lo que genera una onda de alta turbulencia de oeste a este. Por lo tanto, si esta onda se pone en fase con el paso de humedad proveniente de otras regiones y la gran amplitud térmica característica de las zonas áridas, destapa con las fuertes tormentas de granizo que dañan los cultivos. Este fenómeno se repite únicamente en Colorado (Estados Unidos) y en Alberta (Canadá).

Característica postal urbana mendocina previa a una tormenta.

-¿Se puede aprovechar esta característica climática y volcarla en nuestro a favor?

-Creo que sí. Pero para esto hay que entender que una tormenta de granizo tiene la potencia de diez bombas atómicas, por lo que la intervención sólo se puede llevar a cabo a través de mircroescalas, es decir, en regiones pequeñas o extensiones demarcadas. Aunque no se pueden hacer modificaciones  artificiales benéficas de los procesos meteorológicos atmosféricos.

-¿Cuál fue su motivación para estudiar algo tan específico y poco usual en el mundo de la ciencia?

-La característica principal de un físico, es que nunca se deja de interesar por qué pasan las cosas. La mayoría de la gente no toma conciencia que estamos inmersos en fluido (gas y líquido) que nos permite el hábitat de vida. Por qué se formó y por qué se mantiene, no se fue hacia el espacio ni se degrada, son las cosas que me llamaron la atención desde siempre. De aquí que me atrajo especialmente el proceso de formación de nubes, que en muchos aspectos, es más complejo que el de la física nuclear.

-¿Cree que el ambiente académico en Mendoza es propicio para la formación de investigadores y científicos?

-Estudiar en universidades argentinas me ha permitido ser par de otros grandes referentes de la materia, por lo que el nivel en nuestro país está dentro de los parámetros más altos del mundo. Sin embargo, hay dos problemas con los que se encuentra un investigador. El primero es que hay tanta diversidad de temas que no es común que en una misma zona, muchos investigadores se vuelquen a lo mismo. Y el segundo aparece cuando uno se pone a investigar (que es un salto cuantitativo y cualitativo), se encuentra con que hay financiamiento, pero que hay que luchar contra el aparato burocrático. Cuesta muchísimo entrar en el CONICET. Lo que determina que el investigador gaste mucho de su tiempo en luchar contra este impedimento, y elija proseguir con sus estudios fuera del país. Además, los principales fondos se encuentran en Buenos Aires, lo que supone otra dificultad.

 -Entonces: ¿por qué no siguió el ejemplo de la gran mayoría de los científicos argentinos que abandonaron el país, y terminó quedándose?

-He recibido propuestas para realizar becas posdoctorales en Estados Unidos, que me permitían trabajar junto a los grandes referentes mundiales en esta materia. Sin embargo, he elegido volcar mis conocimientos en mi país. Además, la Universidad Tecnológica Nacional me ha permitido conformar un equipo que, pese a las limitaciones descriptas, permiten la tarea investigativa. Sostengo, además, la concepción de que la ciencia debe impactar a la sociedad a la que pertenece, y más en países en vías de desarrollo. Por ese este proyecto fue orientado para colaborar en la lucha contra la crisis hídrica.

-¿Qué le hace falta a las universidades de Argentina en general y de Mendoza en particular, para alcanzar el nivel de otros países como Estados Unidos o Canadá?

-Invertir en equipamientos, laboratorios y tecnología para dejar “de atar las cosas con alambre” y desarrollar en mayor profundidad las iniciativas locales.