Notas
Mr.Trololo
El pasado 4 de junio murió Eduard Jil, barítono ruso de larga trayectoria, olvidado por décadas hasta que trascendió las fronteras y se convirtió en un fenómeno viral en Internet. Jil, conocido como Mr. Trololo, ganó sus (últimos) quince minutos de fama con una canción llamada “Estoy muy contento, por fin regreso a casa”, que había grabado en 1976 (subida a Youtube recién en 2010). En el video Jil tararea, se pasea frente una austera escenografía caqui con inexplicables adornos de herrería, balancea sus brazos con una actitud alegre y despreocupada y luce una enorme sonrisa que no se corresponde con el contexto preocupante de la guerra fría y pos crisis del petróleo.
La curiosa combinación de nostalgia soviética, redes sociales, fama pop y condimento bizarro, dio un resultado inmediato de tres millones de visitas al video en Youtube, que se incrementaron hasta que, en estos días, y a raíz de la muerte de Mr. Trololo, el video casi alcanza las catorce millones de reproducciones.
Mr. Trololo llegó a enterarse de su éxito antes de morir. Los sitios de Internet y programas de TV parodiaron su video (entre ellos, la serie Family Guy, en su décima temporada). Miles de fans en todo el mundo invitaron a Mr. Trololo a salir del ostracismo para hacer una gira mundial, pero él se negó. De acuerdo a comentarios del hijo de Jil, su padre no entendía del todo bien qué era Internet, creía que toda esta repentina fama suya era una especie de broma y preguntaba a su familia dónde habían estado todos estos periodistas cuarenta años atrás.
Mr. Trololo decía que la fama era algo accidental, algo que sucedía o no sucedía (según una cita de Pushkin y según habrá corroborado con su propia experiencia). No es una idea nueva, Andy Warhol decía que en un futuro todos tendríamos quince minutos de fama. Pero Mr. Trololo había conocido la fama de los dos tipos, una, debido a su trabajo como barítono (interpretó Las Bodas de Fígaro) y a sus canciones populares (recibió en 1974 el título honorario de Artista del Pueblo de la URSS), la otra, debido a los caprichos azarosos de los medios masivos de comunicación.
Es probable que Mr. Trololo no estuviera muy orgulloso de este último tipo de fama y de esta canción en particular. En sus últimos días de vida dio clases de canto en la Academia de Arte Teatral de San Petersburgo, interpretó temas de cabaret en el café Rasputín de París y cantó para Prepinaki, el grupo de rock de su hijo.
“Estoy muy contento, por fin regreso a casa” no tiene nada de especial, excepto el hecho de que, aunque es cantada en su totalidad, no dice una sola palabra (toda ella es ilógico tarareo). En recientes entrevistas Jil daba su versión de por qué el tema no tenía letra: en un principio la canción hablaba de un cowboy que viajaba miles de millas para visitar a su novia Mary, pero las autoridades soviéticas creyeron que el título y la letra eran inapropiados, renombraron la canción y obligaron al cantante a improvisar algo sin letra. Para sostener la atención del público durante dos minutos, Mr. Trololo y el autor de la música, Arkady Ostrovsky, habrían hecho los arreglos actuales que van desde bajos de subsuelo hasta aullidos y carcajadas.
Mijail Ostrovsky, hijo de Arkady, tiene una versión distinta. Según él, nunca hubo censura y el tarareo se debe a una discusión entre Lev Oshanin, el letrista, y su padre. Lev habría dicho que la música cumplía un papel secundario frente a la letra, Arkady habría intentado demostrarle que podía arreglárselas sin palabras. Evidentemente Arkady ganó la discusión, el mensaje de la canción, sin la ayuda de otro elemento que la música tarareada, es por demás claro: un padre feliz, en su regreso, canta una canción feliz en el vestíbulo de un hogar feliz.
Subproducto de la censura (o la autocensura), orientada desde el título a mostrarnos un mundo feliz, la canción es absolutamente inocente tomada fuera de contexto. Y así fue como la tomó la “comunidad” de Internet. En una reciente tira cómica de Ricardo Siri “Liniers”, Mr. Trololo va cantando a las puertas del cielo. En otra tira, publicada en Internet también tras la muerte de Mr. Trololo, un ángel lo recibe y al oírlo cantar sus conocidos “Jo jo jó” le dice que parece estar tomándose bastante bien su propia muerte. Bienaventurados los inocentes. Quizás en el futuro pongamos en contexto estas reediciones y pueda comprenderse mejor por qué en el preciso momento en que la “comunidad” de Internet y nuestras sociedades se dicen igualitarias y libres, una canción rusa olvidada desde la década del ’70 haya hecho furor.