Notas
Estilo sobre Ruedas: Hugo Urbisci y su pasión fierrera
"Hugo, venimos a conocer qué tan apasionado por los fierros sos", le dije al entrar junto a mi compañero fotógrafo a la oficina de Hugo Urbisci, ubicada en su comercio de servicio al automotor ubicado en Avenida Mitre.
Estas fueron las primeras palabras de Hugo las cuales comenzarían una grata conversación: "Bueno, el comienzo de mi pasión data desde cuando yo era chico, hace mucho tiempo y eso no significa que sea viejo, ¿eh? (se ríe). Vengo de una ciudad fierrera, de la zona de Rojas en la pcia de Buenos Aires y, para mejores, de chico trabajé en la agencia Ford de Juan Gálvez, de cadete, en el mismo pueblo de donde soy nativo.
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Hugo Urbisci, actual |
De chico empecé corriendo en motos, fue en el año ´73 cuando corrí como acompañante de un vecino del barrio en el TC del Oeste y después en el año ´88 empecé a correr en San Rafael."
¿Cómo llegaste a San Rafael?
- Fue a fines del año ´80 cuando nos mudamos acá con mi familia, por trabajo más precisamente, y en el año ´88 empecé a correr, corrí 6 años en el "Grupo 2850 Integración"
Después mis hijos también corrieron en otras categorías: Alejandro salió campeón con su karting y Huguito salió campeón en Speedway con un Citröen.
Con gran carga nostálgica en sus palabras, esa que dejan translucir quienes tuvieron que dejar el barrio que los vio nacer, Hugo comenta: “Aquella zona –por Rojas- es muy fierrera, ahí corrió Di Palma, Castellanos que ahora lo prepara a su pibe, Ollanar que corrió el Turismo Carretera, yo corrí con ellos en el año ´73.”
- Lo vivido allá y acá es diferente, son distintas pasiones porque de estar allá en un Turismo Carretera a llegar acá y subirme en un Fiat 600 es grande la diferencia pero, afortunadamente, seguí haciendo lo que me gustaba.
Sobre la camaradería de aquellos tiempos
- En todos los talleres existía un grupo, por ejemplo, el actual intendente de Rojas era mi vecino, él corrió con un Chevrolet en Turismo Carretera cuando yo estaba con los Gálvez así que te podría decir que compartíamos esa pasión entre los más cercanos.
Así como grupos, Hugo cuenta que todos los talleres tenían su auto de carrera y enumera: “En Chacabuco tenías a Francisco Espinoza, a Urreta Vizcaya, en Junín estaba Eusebio Marsilla, en Rojas estuvo Juan Gálvez, el "vasco" Estribú, Ramón Sale, todos del Turismo Carretera de antaño. Fue una época hermosa porque la gente se paraba sobre la ruta, atrás del alambrado y a las dos o tres de la madrugada prendían el fuego para calentarse y más tarde comer un asado. Los autos quizás hacían cuatro vueltas y pasaban cada una hora o más, ahí te dabas cuenta que era una cuestión no solo de pasión por los hierros sino también de camaradería.
En Rojas nos juntabamos entre tipos de diferentes equipos o talleres a ayudarnos hasta las cuatro de la mañana a arreglar los vehículos, nos prestábamos herramientas y repuestos sin ningún problema, aún siendo competidores, ahora lamentablemente eso se perdió.
Anécdotas hay millones...
- Hace más o menos siete años estuve en una reunión con varias personas entre las que estaba Alfredo Parga quien fue un periodista muy renombrado, él contó varias historias interesantes que casi nadie sabía pero que, en mi caso, puedo recordar el contexto. Una de las que contó fue que Juan Gálvez gana una carrera y él (Parga) le va a hacer una nota preguntándole los factores de su victoria entonces Gálvez le contesta que había sido porque puso una leva nueva que le compré a Rodríguez entonces todos los otros corredores le empezaron a comprar a Rodríguez siendo que eso había sido mentira, en realidad la había hecho él pero el engaño era una especie de coartada para eliminar a sus contrincantes, eso Galvez se lo llevó a la tumba, muy pocos sabían la verdad.
Otra de las interesantes historias contada por Hugo fue protagonizada también por Gálvez : en otra carrera venía ganando hasta que notó que el auto se le empezó a caer, entonces su equipo le comunicó a través del aro (elemento de comunicación en el cual se envolvía un papel con el mensaje que el equipo quería darle al conductor. Al pasar por el lugar el acompañante sacaba el brazo y enganchaba “el aro” sin tener que detenerse), aseverando que el auto no iba a aguantar mucho más y que el segundo se le estaba pegando, entonces Gálvez decidió esconderse detrás de un cerro provocando, de esa manera, que quien iba detrás de él exigiera tanto a su vehículo que termine rompiéndolo. “Era impresionante el ingenio con el que se manejaban antes, era estratégicos. Gálvez era muy buen piloto, un excelente mecánico y encima medio psicólogo porque usaba mucho ésto”, dice Hugo tocándose la sien con su dedo índice derecho.
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El aro de comunicación entre el equipo y los pilotos |
Sobre los clásicos
- Aún conservo una coupé del año ´39 que según dicen fue de Santiago Luján Saigós, un tipo con gran trayectoria automovilística de la zona de San Antonio de Areco. Dicen que tenía tres: una está en un museo, la otra no sé y la tercera la tengo yo.
Antes yo tenía un Fiat 600 que guardé cuando dejé de correr lo guardé hasta que Huguito (hijo) se hizo grande y lo sacamos para probarlo toda una tarde en el ASA, la pasamos muy bien hasta que llegamos a mi casa y le contamos a mi mujer quien se puso de los pelos diciendo “vos querés matar a los chicos” y que esto y que aquello así que ahí lo volvimos a dejar para no entrar en una polémica familiar”, cuenta Hugo en tono jocoso. Un día me fue a ver Juan Carlos Rodríguez porque el hijo quería correr y él tenía la coupé así que hicimos el negocio: él se llevó el Fiat y yo me traje la coupé sin motor, le puse motor nuevo, hicimos una pequeña preparación y ahí está. La coupé es como un trofeo que mantengo.
Además del motor nuevo le hice esconder las barras antivuelco, tiene butacas de competición, ahora la mandé al taller para arreglar unos detalles más. Casi todas tiene techo bombé pero esta tiene una franja al medio, habían pocas de esas.
Cuando aun vivía en Rojas tuve otra coupé, se la compré a un tío lejano. La empezamos a acomodar para correr pero nos quedamos sin plata y la vendimos. No quiero hablar de gusto pero creo que estuvo un tiempo en Mendoza y después la vendieron a alguien de Chile, ya le perdí el rastro.
¿La venderías?, inquirí. “No, eso ni loco. Vinieron muchos con intenciones de comprarla pero la máxima oferta que me hicieron fue de $30.000, al tipo ese le dije que me ofendía con ese monto pasa que un vehículo así tiene historia, no importa los fierros con los que esté hecho, es la historia, la trayectoria”, insiste.
- Una vez, hace como 25 años atrás, un amigo me llevó al Tigre a ver una coupé que era una cosa de locos, impecable la tenían, entonces le pregunté al dueño a cuánto la vendería, como para saber. El tipo me miró mal y me dijo que se sentía ofendido con mi pregunta y que con esas cosas la plata no vale, “estas son reliquias que hay que conservarlas de por vida”, me dijo y eso me quedó grabado.
Antes… Ahora
- Las cosas eran diferentes antes, si no tenías algo lo inventabas o lo hacías, ahora todo lo tenés que comprar y no es nada barato. Me contaron una de Emiliozzi que cuenta que le había hecho un agujero en el torpedo del V8 porque tenía el encendido atrás, entonces cuando iban en la ruta, el acompañante lo avanzaba con la mano y ahí le sacaba 4 o 5 kilómetros más, era puro ingenio. Ahora no es así, jugás con otros factores como un buen piloto, suerte y plata para preparar el vehículo.
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El interior acondicionado |
La conversación está llegando a su final y el fotógrafo, Pablo Matar, lanza una pregunta que como apasionado de los fierros sabía que iba a penetrar hasta el alma de nuestro entrevistado: "Vos me dijiste que tardaste ocho años hasta terminar la coupé, ¿qué sentiste en ese momento?"
Los ojos de Hugo cambian de condición, sus pupilas se dilatan haciendo que sus ojos parezcan más húmedos, su rostro se llena de emoción y expresa: “Ver el vehículo terminado es cosa del momento, lo que sentís lo sentís vos estando ahí. Son sensaciones que cambian así como van pasando los minutos.”
Para finalizar Hugo cita una anécdota más que demuestra hasta dónde puede llegar la pasión fierrera: “Hace un tiempo me vino a visitar un tío mío que es un loco de los autos, tiene 86 años. Entonces le dije que lo iba a llevar a ver la coupé, cuando lo pasé a buscar lo encontré impecablemente vestido porque decía que se quería sacar fotos con el vehículo. Lo llevé a dar una vuelta, levantamos a 160 kilómetros por hora y me pregunta “¿a cuánto vamos?”, a 160, le dije y me respondió “¡Dale más, dale más!”. No lo podía creer pero él fue de los tipos que hacían asado para cincuenta, sesenta personas en su campo cuando el Turismo Carretera iba a pasar por ahí.”
Mirá la galería de imágenes con la coupé modelo '39 y sus cambios con el paso del tiempo: http://www.mdzol.com/mdz/galeria/394327/