Notas
Amereida: una ciudad fuera de la ciudad
Desde fines del siglo XIX, con la consolidación de una serie de balnearios a la altura del paralelo 33o S, una parte de la costa chilena tomó el nombre de litoral central: una línea de aproximadamente ciento cincuenta kilómetros que va desde el balneario de Santo Domingo por el Sur –junto al puerto de San Antonio– hasta la playa de Papudo por el Norte, pasando por la bahía de Valparaíso. En los últimos treinta años, este territorio ha sido el escenario de una explosión inmobiliaria consistente y voraz. Un conjunto heterogéneo que incluye loteos con terrenos de media hectárea para casas unifamiliares y torres de veinticinco pisos con departamentos, piscinas y gimnasio ha ocupado los terrenos que hasta la década del ochenta permanecían vacantes, produciendo conurbaciones de ciudades como Valparaíso, Viña del Mar y Concón o de pueblos costeros como Zapallar, Cachagua y Maitencillo.
Sin embargo, esta línea prácticamente continua y relativamente predecible de edificios junto al mar se interrumpe con la presencia de unas construcciones extrañamente ligeras, dispersas en las dunas y quebradas de Ritoque. Ni su materialidad ni su implantación corresponden a los modelos habituales; los accesos son discretos, las ventanas se multiplican o son inexistentes y las distancias entre un volumen y otro son irregulares. Muchas dan la espalda al Pacífico. El conjunto se conoce con el nombre de Ciudad Abierta, aunque nada de lo que aparece junto a este tramo de la carretera recuerda a una ciudad. Al menos no como las que conocemos.