Notas
La nueva sección Mara & friends: Diario de una gorda
Diario de una gorda
Por Carla Baffi
Yo era esa chica: la más inteligente del curso, pero lo suficientemente socialista como para no ser la abanderada. Siempre debatiendo con los directivos por aquellas normas que no creía justas, pero no lo suficientemente valiente, vaga o cool como para unirme al centro de estudiantes o para acumular amonestaciones. Perteneciente al grupo de las menos lindas, entre ellas las más aplicadas y las más inteligentes, pero amiga de del curso completo; todos los años, todos los 21 de septiembre fui elegida la mejor compañera (en el secundario comenzás a entender cuán nefasta puede ser incluso la democracia). Defensora de pobres y ausentes, enamorada del preceptor, nunca de un compañero. Siempre recibiendo halagos femeninos sólo por mi pelo. La definición que podía escuchar de mí era: es re-buena esa chica, cosa que me hizo zafar de ser elegida última cuando en la hora de gimnasia alguien era el encargado de seleccionar integrantes para su grupo. Esa era yo: la-gor-da.
Es bueno aclarar algo: los gordos no somos buenos sólo por ser gordos. Los gordos desarrollamos bondad para sentir que encajamos (un gordo malo es poco creíble) y así es cómo logramos sentirnos parte y nos pasamos todo el día haciendo se psicólogos y toda la noche comiendo.
Confieso que me jode que me llamen rellenita y gordita. ¿Para qué son esos “ita”? A ustedes les parece que suavizan la gravedad del término y a mí me parece que me están diciendo gorda con enanismo. Quiero que quede claro, son muchísimo más despectivos en diminutivo. De modo que pido en honor a los kilos que me sobran que me digan gorda con todas las letras. Entiendan que el problema es básicamente serlo no que a una se lo recuerden.
Confieso también que me cansan las sugerencias: ¿Cuándo volvés a arrancar el gimnasio? ¿Vas a comer más papa?
Mi tía me regaló para un cumpleaños 10 consultas con un nutricionista. me dijo: nena, por favor, tenés que adelgazar. Si no bajás ahora no bajás más. Por favor te lo pido, yo te compro la comida si es muy caro para tu mamá. Yo te lo digo por tu bien. Y si querés te regalo el gimnasio también.
Después de eso me tendría que haber regalado 10 años de terapia. Engordé 7 kilos después de ese cumpleaños, con los que todavía cargo. No es fácil procesar que te digan que es probable que seas gorda de por vida y que tu núcleo familiar no es lo suficientemente solvente como para afrontarlo.
En fin, tengo mil historias para contarles que por supuesto ya he compartido con Mara. Acepté la invitación a su espacio (ella piensa que toda mujer lleva a una gorda adentro). Yo pienso que no era necesario que se tirara en una cama a escribir en bikini y encima lo publicara. Refuerza mi teoría de que las flacas se mueven de manera impune en esta vida…
¡Hasta la próxima!