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Ben Affleck: el gran simulador

El estreno de Argo, una de las películas del año, es una buena excusa para repasar la filmografía de este actor/director y ver por qué es uno de los pocos directores clásicos que quedan.
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Todo el mundo está hablando de Argo, la nueva película dirigida por Ben Affleck. Se dice que es la mejor película del año (sus serias chances de ser la candidata al Oscar parecen confirmarlo), que es mejor director que actor (sobre esto no hay mucha discusión, la respuesta es obviamente positiva), que es ideológicamente repudiable (sobre esto tampoco: lo es) y que Affleck es uno de los más promisorios sucesores de Clint Eastwood (lo cual es probable).

Y es que su tercera película (luego de Desapareció una noche y Atracción peligrosa) realmente hizo mérito para estar en boca de todos: a partir de un tema tan extraordinario como polémico (la historia ‘real’ de un grupo de rehenes que lograron escapar de la embajada norteamericana en Irán en 1979 y de cómo gracias a un agente de la CIA –Tony Mendez, interpretado por el mismo director– pudieron salir del país a través de la invención del rodaje de una película de ciencia ficción llamada Argo), Affleck logra aquello que había conseguido Quentin Tarantino en Bastardos sin gloria: utilizar el cine como arma (en el caso de Tarantino se trataba de todo lo que rodeaba al dispositivo cinematográfico; en este, es propiamente la manufactura de un film). Un arma que le sirve tanto a Tony Mendez para sacar a 6 rehenes de un país que es feo, sucio y malo -para los norteamericanos, al menos- como a Affleck-patriota para transmitirnos un mensaje que dice: “La CIA es lo mejor que tenemos, es ingeniosa, buena y crea héroes anónimos”.

No hay chance de que aquella persona que ama el cine no disfrute de Argo: todos nos enloquecimos con su ficción dentro de la ficción, por eso nuestros personajes favoritos son el de John Goodman (que interpreta a John Chambers, el legendario maquillador de Star Trek y El planeta de los Simios) y el de Alan Arkin (quien se luce encarnando al productor Lester Siegel), y sin dudas elegimos la escena en la que todos los actores disfrazados como los personajes de Argo (Star wars style) leen el guión, por sobre todas las demás.

También nos entusiasmamos cuando vemos cómo Affleck reparte los roles entre los rehenes (y pensamos que está bien, que el physique du rol de cada uno es exactamente acorde al papel que se les ha asignado) y esperamos, ansiosos, el momento cumbre de la película, aquel en el que la farsa se pone a prueba: la escena del aeropuerto. La resolución de esa escena -y la importancia que tiene en la misma el ‘productor ejecutivo’- es solo otro detalle cinéfilo de Ben, otra muestra de su maestría y su sutileza.

Las últimas secuencias también sirven para que Affleck siga mostrando cómo se luce en generar climas, en trabajar con el montaje paralelo -ese teléfono sonando en una habitación vacía es de las cosas mas desesperantes que hemos visto ultimamente- y también en exagerar un poquito, ya que luego  de la escena del aeropuerto la película inicia sus momentos más cursis y pro yanquis.

De todos modos, hay que decirlo: en épocas en las que Hollywood no tiene demasiadas ideas, es realmente una alegría que exista Argo, que además de todo lo que ya dijimos es también una enorme reflexión sobre el poder que tiene la "Institución Cine", sobre la realidad y sus nexos con la política. No es extraño, entonces, que George Clooney -otro experto en estos temas - sea uno de los productores de la película.

                                     

¿Se puede pensar en Ben Affleck como autor?
 
Dirigió tres películas…¿Y qué? Hay una coherencia temática y formal que hace que ya podamos hablar de un "estilo"  Affleck.

Pero empecemos por el principio: Ben era ya una cara bonita cuando en 1997 se juntó con la otra cara –mucho más bonita– de Matt Damon a escribir el guión –que les valió un Oscar– de En busca del destino. Dirigida por Gus Van Sant, la película transcurría –oh casualidad– en Boston, lugar en el que también se desarrolla la acción de Desapareció una noche y Atracción peligrosa. La historia era la de una mente brillante que aún no había sido descubierta por vivir en un contexto adverso.

Y “contextos adversos” abundan en las películas de Ben, que parece especializarse en gente lidiando con situaciones desfavorables. Se podría decir que el Affleck autor construye héroes que intentan lo imposible y lo logran.

Tony Mendez (experto en “extracciones”) se dedica a sacar gente de lugares enemigos, que no es muy distinto de lo que hace su hermano Casey Affleck en Desapareció una noche: Patrick Kenzie, el detective privado que interpreta, investiga un caso de secuestro de una niña y durante toda la película intenta rescatarla de esa nube de drogas, mentiras y corrupción policial en la que sin quererlo se ve envuelta. Y por qué no pensar que en Atracción peligrosa, el mismo Ben Affleck (interpretando a ese ladrón “sensible” que es Doug MacRay) trata de “extraer” a Claire (Rebeca Hall), mujer que es víctima de uno de los tantos robos que han cometido él y su banda, del peligro que representa la cercanía barrial entre ella y los ladrones.

Y acá aparece nuevamente el costado reaccionario de Affleck, ya que ese lugar del que parece imposible salir en Desapareció… y en Atracción peligrosa es el barrio, entidad confusa y turbia que hace que sus habitantes estén casi determinados genéticamente a ser delincuentes o a estar hundidos en la droga y en la miseria (el final de Desapareció… parece decirnos que la madre de Amanda no va a dejar de ser drogadicta, a pesar de haber recuperado a su hija, y sobre el final de The Town también escuchamos que les dicen a los delincuentes “los veo a ustedes y estoy viendo a sus padres”). Sin embargo, es interesante ver cómo el director despliega todos sus matices para mostrarnos el vaivén entre el determinismo y la posibilidad de cambio, ese motor que hace funcionar sus películas.

La mezcla de géneros que elige para mostrarnos este vaivén y la construcción de diversas farsas (la versión oficial de la policía en la que confía Patrick, el relato de buen hombre que se construye Doug MacRay para conquistar a Claire y el invento de Tony Mendez del rodaje de una película para salvar a los rehenes) son las estrategias narrativas que despliega Ben Affleck, que no es ni más ni menos –y a esta altura del partido nosotros también podemos decir algo al respecto- que uno de los grandes directores de cine clásico que tenemos en la actualidad.