Notas
Las bandas seguirán cantando
Todas las canciones expresan el momento y lugar donde nacieron, podría decirse que detrás de toda canción está la voz de su pueblo. Y entre las distintas formas de esta voz hay una que seguramente no sea la más bella o la más elaborada, pero expresa un modo de cantar que no pudo ni puede ser alcanzado por los derechos de autor, que se apropia y modifica cualquier letra o melodía que descubre, que no tiene respeto por nada y no tiene intérprete, porque su intérprete es colectivo: los cantitos de las hinchadas de fútbol.
En los años del amateurismo y las primeras décadas del profesionalismo el fútbol argentino no se cantaba y continuó mudo, por así decir, hasta la década de 1940. Hay excepciones, como la canción de los ’20 dedicada Américo Tesorieri: “Tenemos un arquero que es una maravilla, ataja los penales sentado en una silla”. Una melodía que aún hoy se recuerda y que acompañó desde letras de murga (“A nuestro director le duele la cabeza y quiere que lo conviden con un vaso de cerveza”) hasta campañas presidenciales (en las elecciones de 1989 un spot publicitario de Menem se burlaba: “Se puede todo el día, se puede todo el año, parece que pidiera permiso pa’ ir al baño”; el slogan de su contrincante, Angeloz, era “Se puede”).
En estos años de disputa e inestabilidad política, en que los gobiernos democráticos no alcanzaban a completar el período para el que habían sido elegidos, aparecen los primeros insultos cantados. Los más famosos dicen: “despacito, le rompimos el c…” con música de Voy cantando de Palito Ortega, y “Salta, pequeño canguro que a [equipo contrario] le rompemos el c…” con música de Salta, pequeña langosta de Cenizas, cortina del programa chileno Música Libre. Por esos años un cantito de River (“La Boca se inundó y a todos los de Boca la m… los tapó”) dio a los boquenses el nombre de “bosteros”. Del nombre “gallina” no se tiene certeza, pero se sabe que ya en 1966, dos años después de la suelta de tortugas con que se ironizó a Illia en Plaza de Mayo, se soltó una gallina blanca con una cinta roja al cuello en el césped de la Bombonera. Eran años difíciles para hombres y animales por igual.
La política también nutría a la tribuna con música de jingles como Bobby, no me extrañes del Operativo Sol, una campaña de la Policía Bonaerense durante la dictadura para que la gente no abandonara a sus mascotas en el verano, o como sucedió con el jingle que se transformó en el famoso “Vamos, vamos, Argentina…”, una canción que invitaba a la paz y unidad nacional (en época del por cierto no muy pacífico López Rega): “Contagiate mi alegría, y reíte como yo; que hoy es tiempo de esperanza, de buscar en la unidad la paz que nos dará el amor". Pocos años después, durante la dictadura del ’76, el cantito integraría el disco oficial de Argentina 1978 con una versión que iniciaría la famosa polémica de letras “barra bullanguera” vs. “barra quilombera”.
Con los ’80 y ’90 la influencia de la TV dejaría de verse en los jingles, cada vez más en desuso, para dar lugar a las cortinas de programas, como los de Clemente, Venga a bailar, el tema de Johny Tolengo, la cortina de Feliz Domingo para la juventud y uno de los cantitos más célebres con música de Si lo Sabe Cante: “Somos la mitad más uno, somos el pueblo y el Carnaval, Boca te llevo en el alma y cada día te quiero más”. La influencia del rock y el pop internacional sería cada vez más fuerte, y quizás la mejor recepción a los temas en inglés hizo que la música de Brasil llegara con más fuerza que antes, cuando las hinchadas preferían los temas de los países limítrofes de habla hispana.
Pasaron tres décadas desde el regreso de la democracia, y sin embargo hay cierta continuidad en los temas: la violencia, el arrojo, el dejarlo todo (o “poner huevos”), la xenofobia, las drogas. Asimismo, se instaló definitivamente la principal regla de la música para tribunas: la hinchada se alimenta de todo, sin importar su género, ritmo o calidad, desde los top ten hasta los últimos diez. A pesar de la infinidad de cantitos hoy ya se puede definir cuáles son los cantantes que podrían considerarse grandes proveedoras de todos los tiempos de música para tribuna: Palito Ortega, Katunga, Gilda, Rodrigo, Los Auténticos Decadentes, Los Fabulosos Cadillacs, Turf y los clásicos: Víctor Heredia (Sobreviviendo y Todavía cantamos) y Sergio Denis (no sólo con Te quiero tanto, sino con Así fue nuestro amor de la que se cuentan no menos de siete versiones de hinchada).
La voz del pueblo todo lo engulle desde Meu amigo Charlie Brown, una versión de Two Man Sound de un tema de Benito di Paula hasta el Musical Hair (Let the sunshine in), desde Los Rodríguez (Para no olvidar) hasta Bonnie Tyler (It's a Heartache), desde José Luis Perales (Porque te vas banda de la película Cría Cuervos) y Culture Club (Karma Chameleon) hasta Jimmy Cliff (Samba Reagge) y los Tucu Tucu (Candombe para José), desde Sumo (Reggae de paz y amor) y María Marta Serra Lima (Los amantes) hasta Sebastián (Movidito, movidito) y Rubén Rada (Muriendo de plena), desde Zapato Veloz (Tractor amarillo) y la Mona Jimenez (Beso a beso) hasta Dady Yankee (Ella me levantó), y Los Abuelos de La Nada (Cosas mías).
El siglo XXI encuentra el espíritu de hinchada expandiéndose a otros espacios, como los actos políticos o los estadios de rock, y alcanza el absurdo cuando fanáticos que jamás se reconocerían en la música electrónica de los ’80 cantan “Dale los stones” o “Vamos Megadeth” al ritmo de una canción reescrita de Men without hats (Pop Goes the World). Nada detiene a esta fabulosa máquina de reescribir y resignificar, su voz ha llegado incluso más allá de los países limítrofes y latinoamericanos (los cantitos argentinos llegaron a España, Italia, Grecia, Estados Unidos, Japón, Rumania y Turquía, y hay evidencia de ello en Internet y las redes sociales). A los románticos de las voces del pueblo no les gustará escuchar esta voz violenta, indocta e irrespetuosa, a ellos podríamos cantar con música de Jair Rodrigues (Festa para um rei negro): “Olelé, olalá, si este no es el pueblo, el pueblo dónde está”.
Nuestra breve selección de canciones tribuneras...