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Del otro lado del diván: un análisis de los que nos analizan

En el Día del Psicólogo, Infobae.com quiso investigar a quienes siempre indagan en nuestras vidas. Cómo manejan la angustia por las historias que les confían y por qué es importante que hagan terapia.
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La gente suele acercarse al consultorio de un psicólogo después de que las cosas en su vida están de una manera casi insostenible y cuando el nivel de angustia es muy alto. Suelen sentir que no pueden con sus vidas y que todo poco a poco se desmorona sin poder hacer nada o sin saber qué hacer.

Lo que en primera instancia conviene aclarar es que ir a terapia no sólo es para remitir síntomas sino que el proceso terapéutico es más bien un espacio de desarrollo y crecimiento personal donde a las personas que acuden les interesa cambiar aquellos síntomas, conductas o aspectos de sí mismos que no les gustan sino que la terapia es un método de cambio, crecimiento y desarrollo personal cuya finalidad es la expansión de todo nuestro potencial en todos los ámbitos en los que nos movemos o que nos expresamos.

La licenciada Florencia Torzillo Álvarez (MN 30624) es la coordinadora general del Instituto de Psicología Argentino (Inepa) y definió el rol que el terapeuta ocupa en la vida de sus pacientes como “de guía”.

Para ella,  ”el psicólogo especializado en las Nuevas Ciencias de la Conducta Transpersonales (Análisis Transaccional, Gestalt, Cognitiva, Sistémica, Programación Neurolingüística, Terapia Ericksoniana, etc, disciplinas que surgieron aproximadamente en los últimos 50 años) tiene la finalidad de la expansión del potencial de su paciente, alcanzar su autorrealización, descubrir su misión en la vida, guiarlo al paciente a convertirse en un factor de cambio positivo para todos los seres humanos que lo rodean, con el objetivo de trascender y enriquecer el mundo que habitan”.

Consultada sobre cómo encara el psicólogo su vida luego de enterarse problemas graves de sus pacientes, Torzillo Álvarez consideró que “es importante que el psicólogo sienta empatía por el paciente, esto quiere decir saber ponerse en el lugar del otro, sentir tan intensamente como siente el otro pero sin llegar a confluir entendiendo que el problema o dificultad lo tiene el paciente y no el especialista”.

“Puede ocurrir que el psicólogo se emocione, exprese por ejemplo alegría por los logros obtenidos o tristeza por alguna situación del paciente y en estos casos es importante expresarlo directamente”, destacó y agregó: “Hay emociones que pueden entorpecer el trabajo terapéutico, como pueden ser la rabia o el miedo y en estas situaciones es conveniente supervisar con otro profesional para poder superarlo y en el caso que no se reviertan estas emociones hacer la derivación al profesional que corresponda”.

Y como buen predicador de ejemplos, “es importante que el psicólogo haga terapia”.

Según Torzillo Álvarez, “el terapeuta debe contar con un profesional que lo ayude en sus cuestiones ya sean de pareja, laborales, familiares o respecto de su tiempo libre”.

Es que –tal como subrayó- “el psicólogo al igual que cualquier otra persona siempre tiene aspectos que mejorar, si bien puede tener algunas ventajas teóricas, en la práctica es todo bien diferente. Es fundamental tener una mirada objetiva y contar con un lugar donde poder expresarse dentro de un contexto neutro”.

Así las cosas, la especialista concluyó que encontrar un espacio de terapia “es una forma de obtener la propia autorrealización, descubriendo nuestra misión en la vida y convirtiéndonos en un fuerte factor de motivación hacia el cambio positivo en todos los seres humanos que nos rodean, logrando a su vez trascender y enriquecer el mundo que habitamos”.

Fuente: saludable.infobae.com