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Notas

María Amelia Oliver: "Vivir con soberanía, no tener muletas, no comprar afectos"

Es una de las frases que María Amelia tiene como parte de su creación literaria y como lema de vida. Tiene 90 años, conoció y vivió en "el Buenos Aires de antes", en la actualidad disfruta de la tranquilidad de San Rafael y se dedica a escribir letras de tango.

Nuestro encuentro duró dos horas pero si se lo hubiera permitido, María Emilia seguramente me contaría muchas historias de los protagonistas del 2x4 porteño, de los almuerzos que su familia mantuvo con Gardel y de su amistad con Sandro. Pero preferí centrarme en su vida para poder contarles de esta mujer que tiene exactamente 90 años pero aparenta 65 físicamente con un espíritu mucho más joven.

María Amelia Olvier vive en San Rafael hace ocho años, fue decisión que tomó con su segundo marido con quien se casó mucho tiempo después de haber enviudado del primero. “Vendimos el piso que teníamos en Recoleta y nos vinimos para acá, compramos una casa en la calle Agustín Álvarez pero cuando él se enfermó preferí estar en un lugar más chico como éste”, dijo en referencia al departamento donde vive ahora cuyo exterior está repleto de, sin exagerar, los mejores helechos que vi en Mendoza y de los cuales, según me dijo, me armará un ejemplar.

Me esperaba con la mesa llena de fotografías y escritos: “Quiero mostrarte lo que escribo”, me dijo. “Trabajé 22 años en una inmobiliaria, nada que ver con esto de escribir, pero también tuve mucho acercamiento con el mundo artístico gracias a mi primer marido que tuvo “el Marzotto” (café bar que el escritor Renqueri denominó como “una suerte de "Bolsa de trabajo" que reúne a músicos no ocupados que esperan que lleguen empresarios y músicos no ocupados que esperan que regresen sus amigas”).

María Amelia y sus helechos ejemplares


“Conocí el Buenos Aires de antes, el de ahora es amargo. Yo caminé por la 9 de julio, cuando aún era angosta, vi el ensanchamiento de esas calles y me acuerdo cuando se construyó el Obelisco. Lo que no me puedo olvidar es del tiempo de carnaval, ¡cómo nos divertíamos!, salíamos todos a la calle, habían serpentinas por todos lados, fueron tiempos hermosos que lamentablemente se fueron perdiendo. Las chicas usábamos sombrerito y guantes, elementos que destacaban la femineidad.”

“¿Sabés qué? Mi hermana fue a la escuela con Eva Duarte y años después, cuando el voto se hizo universal gracias a la intervención de Evita, yo fui declarada “Ciudadana Ilustre” por haber sido la primera en enrolarme. Soy socialista asique políticas y cambios como ese me parecían muy buenos y corría a apoyarlos y cumplirlos”, relató María Amelia.

María Amelia Oliver, nacida en el interior de Buenos Aires, tiene un espíritu tan jovial que si alguien la tienta con la idea es capaz hasta de correr una carrera porque, como le conté anteriormente, sus noventa años no se le notan en ningún lado. Tiene una voz firme y una risa contagiosa, cuando larga una carcajada la acompaña con un aplauso, uno solo, agregado que le da más gracia a su emoción. Es imposible resumir su vida en una sola nota, por tal motivo, ella está escribiendo su biografía para luego viajar a Buenos Aires y buscar entre sus contactos algún interesado en publicarla. Escribe todo en papel y luego lo pasa ella misma en computadora, no le teme a la soledad, al contrario, siente que es algo que necesitaba para poder dedicarse a la literatura. 



Entre las hojas que aguardaban sobre la mesa habían letras de tango que pronto serán musicalizadas y algunas frases que durante la conversación mantenida fue largando, por ejemplo: “La soledad te lleva a la meditación y a pensar qué hiciste de tu vida”, “La química superó al amor”, “No nos miramos a los ojos, no nos besamos, no nos comunicamos y así se perdió la familia”, entre muchos otros.

El registro de mi encuentro con María Amelia Oliver finaliza aquí, con un poema de la autoría del ejemplo de vida que conocimos el día de hoy. Disfrútenlo.

“Más allá de las palabras”

Mis queridos amigos, siempre los recuerdo, están junto a Dios.
Aquí en esta tierra hay mucho dolor, para mí estamos en un barco sin timón,
Debemos ponernos de acuerdo, esa sería la solución.
A ustedes políticos entiendan que no hay ideologías,
Que el ciudadano solo quiere tener las mismas oportunidades,
Justas, libres y soberanas, más allá de las palabras.

Amigos, tenemos una tierra privilegiada por Dios,
Que nuestros abuelos sembraron con brazos fuertes y generosos,
Solamente un caballo y un arado y así hicieron este suelo tan deseado.
A nuestra juventud pensante y auténtica,
Futuro de nuestra nación, no se detengan,
Hoy tienen toda la tenacidad a sus pies, solamente, lucha y voluntad,
Serán artífices triunfadores de su destino, no serán un turista de paso por la vida,
Si no dejaras sembrado tu árbol, y siempre tendrás los pies sobre la tierra.

A mis amigos les digo: a mí se me está terminando el tiempo,
Pero ustedes saben que yo resistiré,
En mi camino hubo muchas espinas, que Dios me pronosticó
Y aún así mi misión se cumplió,
Pero aún tengo intacto mi corazón, para cuando llegue al cielo
Decirle al Señor, qué hermosa tierra nos dio,
Gracias por tu amor…

María Amelia Oliver
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