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Notas

Locos lindos que andan por el mundo y giran por acá

Andrew es un francés que, por estos días, se encuentra visitando Valle Grande de una manera muy particular; él y sus hermanos llegaron desde su país, compraron una moto y salieron a recorrer Argentina para luego cruzar a Chile y vacacionar junto a sus padres en las playas de Valparaíso.

La diversidad de personalidades, historias y colores que coexisten entre los vivientes permiten que nuestro mundo siga siendo mundo y que de tanto en tanto nos crucemos con personajes que, en pos de la aventura, se lanzan a abrir camino por donde mejores fotos encontraron en Internet o, como bien expresó un señor que por allí pasaba, “elegí Valle Grande porque me gustó lo que vi a través de la imagen satelital.”

En el caso de Andrew, él es un joven francés de 22 años proveniente de una ciudad no muy grande en la que vive de la venta de duraznos, en época de cosecha, mientras que el resto del año se dedica a viajar o hacer trabajos que se correspondan con la temporada.


Disfrutando el calor del continente americano

Con un español cruzado este francés recorre Argentina junto a sus hermanos, su “gran hermano”, como expresó Andrew, se dedica a la actuación teatral en París y  el menor trabaja con él en la venta de duraznos.

El protagonista de esta nota, el hecho de haberlo cruzado primero le adjudicó el papel, viaja junto a uno de sus hermanos en una Motomel azul usada, recientemente adquirida en Buenos Aires, mientras que el otro se moviliza en autobús o a dedo. Los tres recorren Argentina pero no van por grandes ciudades, sino que avanzan y hacen noche en pequeños pueblos como Villa Huidobro y otros lugares que les van resultando agradables o donde tienen un buen recibimiento.

Estos hermanos seguirán viaje hacia Valparaíso donde se encontrarán con sus padres quienes viajarán desde Francia para vacacionar allí unos días y luego volver a su estilo de vida normal.
“Mi padre vende caballos y mi madre queda en casa”, dijo el joven.

Este tipo de personas existe. Son los atinados y aventureros que nunca está de más atreverse a cruzar, ellos se presentan como pequeñas distracciones ante la monotonía que, sin querer, se mete en nuestra rutina inyectando dosis de aburrimiento y malhumor por debajo de nuestra piel.

Entonces queda la aventura para el aventurero y la experiencia de aprender del otro, para aquellos que estén atentos.