Notas
"La mesa donde desayunó Mandinga"
El Matadero.
Aquí la mesa es testigo de un hecho que ocurrió y que se ha grabado en su memoria. La mesa se humaniza y el hombre exhibe su comportamiento de bestia. |
Mientras que, el conjunto de obras de Chalo Tulián, objeto de esta nota, evocan a una mesa en particular, aquella en la que desayunó el diablo. Por esta razón han sido sometidas a una serie de distorsiones en función de un propósito expresivo. En primer lugar, han sufrido una profunda modificación en su forma. Las proporciones y posiciones de sus partes han mutado. En cuanto a las primeras, se han engrosado tanto que adquirieron una materialidad pesada, gruesa, poniendo el acento en el aspecto escultórico de la forma. En lo que se refiere a las posiciones, se ha producido un movimiento inusual que dota a la mesa de una posición desnaturalizada de su función. También se atrevieron a volverse blandas o a consustanciarse con otros objetos como la cama, y, en algunos casos, cobraron vida.
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Interrogatorio de campaña.
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“El matadero”, por ejemplo, es una consubstanciación de dos objetos: la mesa y la cama. Pretende expresar así una compenetración de significados en los que la mujer es poseída y sacrificada como si fuera un animal. Quedan los restos sobre esa cama que es la mesa del sacrificio. Para ello, el escultor ha utilizado dos técnicas: la talla y ensamble de madera y el hierro soldado y policromado.
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Otra es “Interrogatorio de campaña”. Aquí la mesa es mesa, pero no para comer, sino un objeto alrededor del cual se realiza el interrogatorio. Entonces ella es testigo de un hecho que ocurrió y que se ha grabado en su memoria. La mesa se humaniza y el hombre exhibe su comportamiento de bestia. El artista lo materializa a través de ese grabado profundo en la madera que representa la huella del arma que estuvo allí. La gorra cromada descansa como un fantasma.
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Alfombra.
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En todos los casos hay un desplazamiento de comportamientos entre los animales, la mesa y el hombre. Cada uno va adquiriendo y mostrando alguna de las actitudes del otro. Chalo Tulián, una vez más, deja a la vista que maneja con mucha solvencia varios oficios que hacen al escultor contemporáneo, pero que no se queda allí. Su propuesta es hacer poesía con ellos.
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Queso de Chancho.
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