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Notas

“El colectivo se vaaa…”: Falleció el Quique Scalise

En las primeras horas de la tarde del lunes se apagó el corazón de Luis Enrique Scalise. Un profesor de gimnasia que alumbró a generaciones de Sanrafaelinos educando en valores con la impronta indeleble de su carácter y temperamento.
Foto: Mediamza.com
Foto: Mediamza.com
Varias generaciones de sanrafaelinos se acercaron al velatorio de quien fuera uno de los emblemas de la educación en las escuelas sanrafaelinas. Es que en la tarde del lunes, a los 64 años, falleció el profesor Luis Enrique Scalise.

Su trayectoria por la enseñanza en las escuelas sanrafaelinas dejó huellas en cada uno de los corazones que tocó, a la vez que despertó las mejores virtudes en todos los que fueron sus alumnos, trazó líneas de ejemplo, dedicación y absoluto compromiso con la eseñanza que fueron seguidas por innumerables camadas de profesores de Educación Física, muchos de los cuales, descubrieron su vocación docente comprometida con el deporte a partir del contacto con el “Quique”.

La información dura dice que en las primeras horas de la tarde del lunes, su corazón dejó de funcionar por una crisis cardíaca. Que fue profesor de Educación Física en la Escuela ex 125 en Las Paredes, hoy Escuela Los Andes. Luego tomó algunas horas en la Escuela Iselin y después en el Colegio de los Hermanos Maristas y desde 1969 fue profesor en la ENET, donde se jubiló.

Lo que no aparecerá jamás en ningún comunicado ni en ninguna nota periodística, es la lucecita que brillará para siempre en los espíritus y corazones de todos quienes fuimos sus alumnos.

Porque el Quique educó con el corazón. Justamente ese motorcito que al final se apagó y nos dejó a todos con una gota de melancolía, pero a la vez también con una queda sonrisa de satisfacción en lo más profundo del alma, porque su vida fue vivida con pasión, y su tarea hace rato que estaba completa, y sin embargo él, con su vocación por la disciplina, le seguía agregando todos los días una filigrana más.

Profesor “vitalicio” de las escuelas citadas, en ellas y en cada una de las promociones a las que formó, Scalise dejó un mensaje de esperanza, de lealtad y nobleza entre los amigos, de honestidad en la competencia deportiva y de viril compromiso con las cosas buenas de la vida. Por eso cada uno de los días de su vida significaba una nueva anécdota y una nueva y buena sonrisa para todos aquellos con quienes se encontraba.

Gentileza FESAT
A la derecha, el Quique Scalise, en un acto académico junto a las autoridades de la FESAT, en su paso como profesor de aquella institución.

Innumerables campamentos y viajes educativos lo tuvieron como principal animador, siempre dispuesto para el chiste alegre y con una fina sensibilidad para integrar entre sus alumnos a los más débiles de carácter con aquellos que naturalmente desarrollaban liderazgos, de modo tal que nadie fuera más que nadie. Y sin embargo, siempre ponderó la habilidad técnica y deportiva de los más dotados, para que fuera apreciada por sus iguales como un elogio, pero a la vez despertaba el sentido de responsabilidad en los protagonistas, para que entendieran que el que más recibía, era el que más tenía que entregar.

Por su puesto que el compañerismo y la horizontalidad que planteaba en todas sus actividades no era obstáculo para que, cuando la algarabía se desbordaba, el “Quique” impusiera con serena y potente voz su autoridad, de modo tan claro y seguro, que nunca en sus clases estuvo en duda quién mandaba y quién tenía que obedecer.

Por eso hoy todos fuimos a saludar a Alita, su compañera de toda la vida y a sus dos hijos, pero también fuimos a saludarnos entre nosotros mismos, a darnos esa palmadita que siempre él nos daba, y a preguntarnos por nuestras cosas y nuestras familias, como siempre hacía él, cada vez que nos encontraba, y a sentirnos, aunque fuese por última vez,  alumnos de un profesor grande de verdad.

Todos los que alguna vez participamos en alguna de sus actividades, en cualquier campo de deportes o en algún lugar al que llegáramos en un colectivo, tenemos grabada a fuego en nuestras memorias y corazones el vozarrón del Quique, convocándonos a la retirada cuando llegaba el momento de partir.

Por eso el título de la nota, porque esa era la voz que daba el profe cuando todo se había terminado. Esta vez el colectivo se fue para siempre, y se lo llevó al Quique, que nos saluda desde la primera ventanilla con su gorrita blanca sin ninguna marca deportiva, su silbato al cuello y su tablita con la planilla de asistencias bajo el brazo.

Alguna vez me tocó sentir el inmenso orgullo de que me eligieras entre los “adalides” de tus clases Quique, y ese fue uno de los honores más grandes con que la vida me ha distinguido, porque aunque fuera por 45 minutos, me sentí el responsable de mis compañeros y eso es una sensación que llevo grabada en mi corazón como una de las mejores cosas que me pasaron en la vida.

Por eso esta nota que comencé escribiendo en tercera persona, la termino en primera, porque mi corazón me desborda y porque ahora que no estás, advierto una increíble paradoja que nos dejó tu enseñanza. Cuando éramos niños nos trataste como adultos, y cuando fuimos adultos, siempre nos hiciste sentir niños otra vez.

Por eso esta lágrima que cae sobre el teclado, explica mejor que mil palabras quién fue el “Quique” Scalise.

Chau “Profe”, y gracias por todo.