Notas
"Hay que olvidar sin perder la memoria": una charla con Lucio Olmedo
Lucio Olmedo es integrante de una familia en la que la política siempre fue una vocación. Él y sus hermanos siempre militaron dentro del justicialismo, formaron parte de la "gloriosa" JP y siempre estuvieron ocupando espacios en cualquier lugar en el que se abriera la posibilidad de un debate e intercambio de ideas.
De profunda vocación democrática, le tocó más de una vez sentir el amargo sabor de la traición y en épocas del proceso, sufrir la delación de algunos a quienes consideraba "Compañeros", según nos contó en su relato, aunque jamás reveló ni el menor indicio que pudiera dejar entrever de quién hablaba, cuando se refería a quienes los involucraron personalmente con lo más oscuro e indeseable del Proceso Militar que se instauró el 24 de marzo de 1976.
Por eso quisimos entrevistarlo, para conocer su visión de aquél proceso, que lo tuvo como protagonista en todo lo que ocurrió antes de los "idus" de marzo, y como víctima después.
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¿De dónde sale esta vertiente política que tienen todos los Olmedo?
Nace un poco conmigo en realidad.
¿Cómo se compone la familia?
Mi hermano Federico, después mi hermana Elisa Beatriz (la China), después yo, después “el Rata” y Eduardo, fallecido.
¿Cómo nace entonces?
A partir mío porque yo me voy a estudiar a San Luis en la época del retorno de Perón.
¿Cuándo naciste vos?
Yo nací en 1946. Nací peronista, nací en un país libre (risas).
¿Qué estudiaste en San Luis?
Licenciatura en Bioquímica y no terminé. Ahí empezó la militancia y ahí es donde empiezo a dejar de estudiar porque nos toca la época más álgida, estamos hablando de los años ‘69, ‘70, ‘71, ’72. Nosotros participamos de esa etapa yo creo que en el hecho más importante del siglo en Argentina, el retorno de Perón. Te diría milagroso porque con él vuelve Rosas, vuelve todo lo repatriado, es un cierre, un punto de inflexión en la historia argentina. Es un punto de inflexión, pero en realidad está abierto, como puedo decir que en la vida de Perón un punto de inflexión fue la muerte de Evita.
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En él nace un ciclo distinto que tiene vigencia actualmente porque creo que en él terminan confluyendo los grandes pronunciamientos históricos de la Argentina, el pronunciamiento de octubre de Rosas, el pronunciamiento de Alem, el pronunciamiento del Yrigoyenismo, son etapas históricas que fueron marcando el ser nacional y Perón creo que termina sintetizando todo eso en un tiempo muy corto y no alcanzó a producir un trasvasamiento o una síntesis o por lo menos en una cantidad de formación de gente que fuera capaz de darle una continuidad, y termina con estas etapas álgidas.
Ahora, vos estabas en San Luis, ¿cómo comenzaste?
Por la propia actividad de la universidad. Yo venía por una impronta de mi infancia en la que viví los campeonatos Evita, la gente feliz en la calle, todo eso te marca. Eso lo deduje yo después, es parte de mi reflexión cuando me pregunté por qué era peronista.
Mis padres habían quedado dentro de la opinión de que el peronismo ya no iba más, cuando lo derrocaron a Perón la llamé llorando a mi mamá y mi mamá opinaba “no, ahora hay que cambiar”. O sea, me había quedado una impronta y después me tocó de los 9 años en adelante una contra cultura del peronismo y me comí toda esa etapa.
Cuando fui a San Luis y llego a formar una agrupación de línea nacional, entramos a buscar en literatura de aquellos que vienen de una experiencia más de izquierda por decirlo de alguna manera. Jauretche, Hernández Arregui, marcaron en nosotros profundamente. Son los creadores de las tres banderas del peronismo.
Cuando empiezo a militar ahí, en Línea Nacional y empezamos a caminar las calles como militantes políticos, nos encontramos con el peronismo y ahí me reencuentro yo conmigo mismo. Recuperé ese cultivo que se produjo en mi infancia y esa felicidad, me renace de esperanza y entro a comprender el pensamiento de Perón.
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Nosotros como militantes veíamos que después del golpe del ’55, en realidad se resuelve en el seno de las FFAA, dos corrientes que son el Liberalismo y el Nacionalismo. Los que pasan al frente en contra de Perón, siendo que habían estado muy cerca mucho de ellos, son los Nacionalistas, que fueron los que después ordenaron el bombardeo a la plaza. Ahí él habla de “ni vencedores ni vencidos”, pero en la lucha interna se imponen después los liberales, cuando lo sacan a Lonardi y ponen a Aramburu que ya era Liberal.
Los Nacionalistas recuperaron el proceso interno y el control del país con Onganía, después de la revuelta entre Azules y Colorados en Olavarría y después vuelven los liberales con Lanusse y son los que empiezan a retroceder ante el avance de Perón, en un sentido exiliado del poder, aparentemente, pero con un sistema que me parece sumamente importante, un sistema de relaciones internacionales que le permitían a él el regreso en alguna medida. Perón entra a avanzar y empieza a reclutar toda la fuerza del movimiento Nacional.
Lanusse termina retrocediendo y va otorgando espacio político, porque Perón había tirado líneas con Aramburu con quien Perón había tenido entrevistas y había arreglado el proceso de retorno, no es casualidad que muera Aramburu. Hay mucho para hablar de esto.
Consiguieron que Perón vuelva a la Argentina. ¿Qué tuvo que ver el “Mayo francés” y todo ese movimiento que se genera en el mundo en ese entonces?, porque hay un cambio de paradigma total, la “cultura Beatle”, Mafalda, es decir, el mundo empieza a hablar en otro idioma. ¿Tuvo que ver el regreso de Perón con todo ese contexto internacional?
Sí, tiene que ver. El contexto internacional influye en todos los aspectos, en los procesos de los países del tercer mundo. Perón era amigo de de Gaulle, tenía líneas con China, todo ese contexto internacional le permitió, pero no como una cosa determinante sino como un contexto que favorecía.
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¿Cómo viviste el gobierno de Cámpora?, ese momento histórico que se vivió y la reminiscencia que hoy hace este gobierno con “La Cámpora”, con estos jóvenes que no sé si tienen una idea acabada o que simplemente les han dado un relato y en función de ello se acomodan y militan.
¿Qué diferencia hay entre aquel movimiento que ustedes hicieron y estos jóvenes de hoy?
Pasa que todos los golpes que el Imperio pega en Argentina son golpes a las generaciones y siempre tratan de evitar la transmisión de la memoria. Nosotros tuvimos la suerte de que Perón estaba vivo y era una especie de escudo. Podíamos hacer muchas macanas pero teníamos ese escudo protector que nos daba las directivas generales de cómo ir caminando. Decíamos que había que “construir la lanza, el escudo estaba”.
El trasvasamiento generacional fue un proceso único, irrepetible.
¿Y se logró o quedó trunco?
Quedó trunco porque vino el golpe. El proceso se comió esa generación. De esa época salió lo mejor para transmitir la doctrina del pensamiento de Perón.
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Esa espiral de violencia, que es real, como esa sensación de alivio, que también fue real, es un poco engañosa porque en realidad toda esa violencia tenía una misma central: los intereses del imperio. Hay un periodista de mucho renombre hoy que responde a los intereses de Inglaterra desde hace muchísimos años, fue entregador de compañeros.
De los dos lados es una historia de traición y de lealtades, es injusta la muerte de muchos militares que no tenían mucha información, porque eran los que “ejecutaban” y muchos de ellos tenían lavado el mate. Cuando a mí me llevaron preso, el teniente que me fue a buscar tenía 25 años, ¿qué podía saber? ¡Nada!, ¡por Dios!
Acá en el juicio hice referencia a algo que yo viví: estando una vez con el compañero Alejandro "El Gallego" Álvarez, en una mesa de café, aparece y nos saluda Rodolfo Galimberti. Y el "Gallego" le dijo “¿vos no estás buscado?” y él dijo “no, lo mío está arreglado. Te vengo a invitar porque me caso en Punta del Este”. El Gallego Álvarez se extrañó un poco y le preguntó, "En Punta del Este te casás?, ¿y de qué vivís?, si se puede saber” le dice el gordo, y él dice “estoy trabajando con las empresas de seguridad de los Born.
“Ya me habían dicho”, contestó el Gallego, “¿y si sabías para qué me preguntás?” dijo Galimberti, “porque quería confirmarlo” contestó el Gallego. “Además está invitado Jorge Born", dijo Galimberti y se fue.
Después le pregunto yo a Alejandro cómo es esto. "Lo que pasa es que terminó siendo agente de la CIA. Terminó participando del recupero de un montón de plata. 60 millones de dólares pagaron por su rescate", me dijo.
Ha sido una historia de traiciones y de lealtades dentro y fuera del proceso, por eso hay que dar un salto y terminar ya por Dios con todo esto, porque duele. Es una historia donde los muertos nuestros y los de ellos son los muertos del pueblo. Si vos sacás el porcentaje de muertos que pertenecían a las clases más bajas, la cifra te humilla, como es el caso acá de Tripiana. Es infernal.
Y cuándo vos decís “de ellos” a qué te referís?
A las organizaciones especiales no militares. Había gente muy buena allí, yo conocí gente muy buena.
Cuando decís los ”muertos del pueblo” entiendo que me querés decir la muerte de los inocentes.
Siempre los pone el pueblo, yo cuando estuve declarando me decían que era de “una familia emblemática”. “No emblemática”, lo que pasa es que mi viejo era de una familia de clase media pero conocido porque estuvo en el juzgado toda la vida. Él no se había jubilado cuando me metieron en cana. Yo me llamaba “Lucio Olmedo, hijo de don Federico Olmedo”, si yo me hubiera llamado “Tripiana”, desaparecía. Me salvó, de alguna manera el prestigio de mi viejo, hubiera caído injustamente porque yo no tenía nada que ver con el terrorismo. Los desaparecidos de acá nunca fueron de operaciones especiales. Eran de la Claqué, de la Tribuna.
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Estamos viviendo un punto de inflexión. Yo creo que este proceso va a seguir teniendo la visión que yo te doy que de lo dos lados los enfrentados tienen que dar un salto y que de los muertos hay que hacer muertos. Hay que seguir la obra de los muertos, como yo la obra de Perón, está presente el muerto en mí con su obra en adelante. Lo dije en el juicio también, porque si no terminamos con esto… el pasado solo sirve si es para un acto de justicia hacia adelante. La justicia no es solamente la justicia institucional sino también la de los pueblos que con mucho más tiempo van buscando la salida. También se puede ir al bombo.
Cómo ves hoy este proceso que vos empezaste por aquellos años? El punto en que hoy se encuentra la Argentina
Yo creo que están en un punto óptimo. Creo que hay una gran responsabilidad sobre Cristina, tuvo un gran golpe con la muerte de su marido. Hay desde la gente una esperanza y si la gente la ve hay que seguir.
“Asignación familiar del Niño por nacer”, estás aportando a la vida. Hay que evaluar en ella las cosas positivas y lo negativo veremos cómo es.
¿Y si gana la oposición? Hipótesis
Quisiera hacer una salvedad. Decirle que no a Cristina es una cosa y decirle que no al kirchnerismo es otra.
Qué diferencia hay?
Están los ultra kirchneristas y hay justicialistas que no sabés si la ven a ella.
Indiscutiblemente hay una generación que tienen la política en la mente pero no en la militancia. Este gobierno recuperó muchas cosas de la memoria y toca cosas de esa gente que hoy está afuera, que ya no está en la militancia, pero que en su juventud estuvo, como vos, y que tienen su corazón político. ¿Cómo creés que viven todo esto?
Esto forma parte de eso. Uno tiene que apostar a la maduración de los chicos de “la Cámpora”. Es posible que más allá del nombre. Estos chicos participan de un proceso y uno tiene que ayudarlos. Todo esto está en un punto de inflexión.
El sentimiento popular se expresó en la muerte de Kirchner y más puramente en las Fiestas del Bicentenario. En la 125 había mucha gente que no sabía muy bien cómo era pero que se manifestaba igual. Esto es cuando Perón decía “la hora de los pueblos”. Yo hablaba con un hombre religioso amigo mío y recordábamos cuando un día compañeros nuestros fueron a Roma y me dijeron que le preguntara si quería mandarle algo al Papa, y él dice “por lo que a nosotros respecta con el de arriba las cosas las tengo arregladas y con las de los hombres las arreglaremos acá abajo, pero sí, que de boca de ustedes Juan Pablo II sepa que por la Argentina pasó el Peronismo”.
El Peronismo puede perder el nombre y llamarse de otra manera, pero lo que yo busco es el “Ser Nacional”, y no sólo Perón, sino la obra de nuestros grandes hombres, aún en el error, porque si no somos capaces de aceptar a Rosas, o Sarmiento más allá de sus errores, nunca completaremos el proceso de cerrar nuestra propia identidad.
Hay un proceso de maduración, hay muchas cosas bien hechas y muchas cosas mal hechas y cosas que son de la estupidez más vana.
Hablábamos de ese proceso de ustedes en la Argentina, hoy en Latinoamérica hay dos líneas claras, una con Venezuela y Cuba, otra con Brasil, Chile, Uruguay y Perú. ¿Cuál es la que tiene que tomar la Argentina?
La tercera. La interacción de las dos cosas. Tenemos que lograr el escudo protector que sería la UNASUR o no, la unión Latinoamericana. Tenés que hacer todo lo posible porque esas dos partes se junten. Va a tener mucho que ver en esto el pueblo Boliviano, el más pobre pero el más rico de todos desde la “cultura”.
El proceso militar del ’76, es una herida abierta o un capítulo cerrado?
Hay heridas, pero hay que tratar de cerrarlas. Hay que ser capaz de olvidar, pero no perder la memoria. Puedo sanar una herida pero no olvidar.
Olvidar, pero no perder la memoria. ¿No es contradictorio?
Es una paradoja, no es contradictorio. Si tomás algunos autores en cualquier disciplina, todos manejan bien la paradoja, Chesterton, Santo Tomás, el mismo Jauretche. Es que la vida y el universo son paradójicos. Creo que esa es la paradoja con la que tenemos que acostmbrarnos a vivir, olvidar sin perder la memoria.
Si no hay olvido no hay perdón, y yo quiero perdonar, pero no quiero perder la memoria, porque tampoco quiero volver a tropezar con la misma piedra.
XXX
Lucio Olmedo, un joven de 65 años que sigue llevando en el cuerpo esa sensación de felicidad que vivió cuando participaba de los juegos Evita y cuando estudiaba en San Luis. Que intentó que los demás también sintieran esa sensación y que participó en movimientos importantes en la política de nuestro país y a quién también le tocó vivir lo más indesable de todo ese "proceso".
En esta entrevista rendimos nuestro homenaje a todos aquellos que no pudieron sobrevivir para contar sus experiencias, como afortunadamente pudo hacer Lucio. A toda esa generación que fue devorada por una abominable espiral de violencia que enfrentó a argentinos con argentinos.
Para que no perdamos la memoria
Para que no vuelva a ocurrir.
Nunca más.





