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Notas

Crónica solidaria

Una comunidad huarpe fue ayudada solidariamente por alumnos del Colegio del Carmen a principio de setiembre. Enviaron a Mediamza.com la crónica de un viaje que ellos “no olvidarán”.
Foto: Gentileza Colegio del Cármen
Foto: Gentileza Colegio del Cármen
Mediamza.com publicó el 28 de agosto una nota en la que se destacaba el papel solidario de alumnos del Colegio del Carmen de San Rafael, que a través de un proyecto institucional ayudarían a una comunidad Huarpe del Norte mendocino. Son 40 familias que viven en condiciones muy precarias, sin los servicios básicos como el agua.

Si bien había participado toda la escuela, el trabajo mayor lo hicieron unos 20 chicos que lideraron el proyecto. Lograron juntar un gran número de alimentos, ropa, sillas de ruedas, camillas, juguetes y hasta fabricaron algunos muebles, velas, elementos de limpieza, y hubo quien donó camas ya que la mayoría de los habitantes de esa comunidad duerme en el suelo.

El 5 de septiembre llevaron todo lo recaudado para ayudar a esa comunidad tan alejada y olvidada de Mendoza. Para contar lo que ocurrió en ese viaje escribieron una crónica que fue redactada por la profesora de lengua, Alejandra García, quien acompañó a los alumnos junto a Lorena Granero,  Cristina Lupinacci, Lourdes Barrenechea.

Mediamza.com recibió esta crónica que cuenta lo vivido por alumnos y docentes:

“Los alumnos del Colegio Del Carmen agradecen: a las empresas, comerciantes y a toda la comunidad de San Rafael que hicieron posible la concreción de nuestro proyecto.

A las 5a.m. del día domingo 5 de septiembre, coordinadores, alumnos, padres, docente e integrantes de la Cruz Roja Argentina (sede San Rafael) nos encontrábamos en la puerta del “Colegio del Carmen” de San Rafael para concretar un proyecto. La ciudad todavía permanecía en silencio, sin demasiado movimiento, pero el ánimo de los alumnos se mantenía intacto a pesar del cansancio ya que hasta el día anterior habían trabajado arduamente junto a sus coordinadores guías. Un camión repleto con donaciones de diferentes comercios de la ciudad; ropa, mantas, útiles,  calzado, alimentos y agua mineral que aportaron vecinos de nuestra comunidad, lo que demuestra su solidaridad y  compromiso con el pedido de los alumnos; bancos, camas y botiquines que confeccionaron los jóvenes como también alcohol en gel y velas.

El objetivo principal del Proyecto Institucional Huarpes era acercar a nuestros alumnos para que conozcan, valoren y ejecuten acciones concretas para las comunidades que viven en Lavalle (Mendoza), en respuesta al carisma carmelitano. Objetivo que creemos se logró ampliamente por los resultados de dicho viaje.
 
Una vez en marcha, el ánimo y la expectativa no disminuía, sino todo lo contrario, todos estábamos ansiosos por llegar a la comunidad y por fin conocernos. Amanecía y el paisaje tomaba otro color. El camión con los donativos iba delante nuestro.  Llegamos al camino que nos conduciría a nuestro destino, Laguna del Rosario, pero todavía quedaba un largo trecho por recorrer y el más difícil por las condiciones del terreno. Al fin llegamos. Un grupo de aproximadamente cuarenta personas, entre niños, hombres y mujeres, ancianos, nos esperaban en el puesto San Lorenzo. El encuentro se había producido.
 
Nuestras miradas se confundían con las de ellos, nerviosismo, timidez, sin saber qué decir y hacer. El primer paso estaba dado, nuestras coordinadoras, Cristina y Lourdes, se presentaron delante del gran grupo y luego nuestros alumnos. Luego de unos instantes nos encontrábamos hablando con nuestros hermanos Huarpes, sus experiencias, sus costumbres, su forma de vida era  compartida  con nosotros. Irma, una anciana de 80 años, aún conserva en su memoria que toda su vida vivió en esas tierras junto a su padre y a su pueblo, y con convicción afirma que “de allí no quiere salir”. Todo el sentimiento huarpe se conserva en esas tierras. El tiempo allí parece no transcurrir, silencio y tranquilidad por doquier que se percibe en el hablar de sus habitantes. De todos modos esto no impidió que nuestros chicos interactuaran con los niños y jóvenes lugareños. Juegos, canciones y charlas fueron motivo de recreación. Pero más importante fue el momento en que nuestros alumnos compartían lo que con tanto esfuerzo habían logrado realizar y llevar.

Pasado el mediodía, ya en la siesta de un día de calor, el señor Daniel nos esperaba en su casa para almorzar. Cuatro “dorados y crujientes chivitos” y pan casero era el menú que con toda gentileza nos habían preparado. El hambre no se hizo esperar, nos sentamos alrededor de la mesa familiar y entre charla y risas los dueños de casa nos agasajaron con un rico almuerzo. Nuestros chicos seguían con el mismo ánimo con el que salieron, sólo que más cansados. El día había sido largo.
 
El regreso estaba cerca. La despedida se hizo difícil, a pesar del poco tiempo compartido los lazos se estrecharon fuertes. Todo indicaba que la tarea estaba cumplida. En nuestros chicos se notaba que había alegría, la alegría que da conocer y ayudar al otro; y a la inversa, porque ellos, nuestros hermanos Huarpes, nos ayudaron a comprender que son parte de nuestro pueblo, que las distancias se acortan cuando estamos dispuestos a dar, que en la humildad y en la sencillez también se encuentra la dignidad. Dignidad que creemos conservan nuestros pueblos originarios, porque en ellos está la memoria de nuestras raíces y no debemos permitir que se olvide”.