|
Notas
Cobos, Cristina, los golpes, la historia, un libro
Este fin de semana se difundió el anticipo de un libro que afirma que la presidenta Cristina Fernández fue golpeada -literalmente- por su marido, Néstor Kirchner, el día del voto "no positivo" de Cobos. No hay demasiados indicios sobre la veracidad de aquel hecho, pero sí sobre el difícil contexto en el que vivió la Presidenta. El rol de Julio Cobos.
Este fin de semana copó la prensa nacional y también la internacional el anticipo del libro de la periodista y socióloga Sylvina Walger, que afirma que Néstor Kirchner golpeó a su esposa Cristina Fernández el día del voto “no positivo” de Cobos en el Senado de la Nación.
La afirmación no es solamente fuerte: es tremenda. Podría llegar a deconstruir la imagen de todo un gobierno desde un punto no calculado, al tocar un nervio sensible y oculto, como es la intimidad de la alcoba presidencial. Si cunde esa idea, cambiaría el eje de discusión entre oficialismo y oposición, generando un nuevo canal de debate sobre la continuidad o no de los Kirchner en el poder, en una frecuencia más ligada a las reacciones sensitivas de la ciudadanía que al duro debate bipolar instaurado en estos años.
Lo que tendríamos es: dos presidentes, marido y mujer, trenzados a golpes pero, además, una presidenta con su rol desdibujado por la fuerza bruta de su marido, el ex presidente.
Hasta ahora, lo que tenemos es un anticipo que huele más a promoción publicitaria de un libro que a un testimonio encomillado de algún testigo. Como están las cosas, habrá que esperar a que el volumen vea la calle para confirmar tan grave afirmación o bien, para alimentar las dudas.
Pero hubo una situación que MDZ contó en los días posteriores a aquel 17 de julio, nutridos por el relato de personas muy cercanas al vicepresidente de la Nación.
Es la que reconstruye la relación entre Néstor y Cristina en los días de la “guerra del campo” y el rol que realmente cumplía el mendocino que alquila la presidencia del Senado por los buenos oficios del matrimonio presidencial.
Se trata de la historia de cómo llega Cobos a romper con el Gobierno, por entonces, muy a pesar suyo, algo que pocos recuerdan ahora. Aquellos momentos pueden sintetizarse en una frase que cuadraría a la perfección con el relato cobista de los días previos al voto del desempate que comenzó a quebrar la relación entre Néstor, Cristina y Cobos: “yo la quise ayudar”.
Es necesario hacer memoria recordar que el Cobos de aquellos días no era un agorero del gobierno, sino un quejoso por la poca participación que le habían permitido a “su gente” en la administración a pesar de que Cristina tenía, por junio del año del “no positivo”, más de 1.000 cargos cruciales vacantes.
Mientras se desarrollaba la crisis con el campo por la Resolución 125, Cobos, como siempre, no tenía postura tomada y escuchaba a unos y otros. Viendo su rol ninguneado –como el de cualquier vicepresidente, a decir verdad- comenzaron a arrimársele sectores de la dirigencia rural. Cobos, entonces, y muy lejos de querer romper con Cristina una relación que recién comenzaba y que, en realidad, había acordado no con ella, sino con Néstor a lo largo de sus cuatro años como gobernador de Mendoza, sirvió de puente.
El relato de las personas que le rodean y algunas de sus propias afirmaciones, reconstruyeron, por aquellos días, la situación de esta manera.
Mientras la situación se tensaba en todo el país con el corte de rutas, un creciente desabastecimiento, el vicepresidente –en contacto directo con Cristina- inició un diálogo con la Sociedad Rural ayudado (algo que hoy resulta increíble) por el camionero Hugo Moyano. Por pedido expreso de Cristina, ambos, Cobos y Moyano, buscaban la distensión. La gravedad que había alcanzado la disputa requería máxima concentración en la normalidad institucional, más que en el proyecto del gobierno que había originado el descalabro.
Cobos, hasta entonces, se manejaba en contacto directo con la presidenta vía telefónica y respondía a su estrategia.
Claro que, de inmediato, quedaría en claro que el plan de Cristina no era el mismo que el de Néstor.
Un sábado, el día antes al Día del Padre, Cobos negociaba en el Congreso cuando, intempestivamente y sin que la Presidenta lo supiera, el ex presidente Néstor Kirchner le ordena a “su ministro” en el Gabinete, Aníbal Fernández, que movilice a la Gendarmería hasta Gualeguaychú para impedir el corte de ruta que protagonizaba el por entonces superhéroe de la protesta opositora: Alfredo De Angelis.
Los cruces de llamadas entre Cobos y Cristina se intensificaron. Cristina estaba azorada, según el testimonio cobista de aquel día. Cobos, con la increíble ayuda de su hija y su hermana escribieron una carta reclamándole por el hecho a Cristina. La idea era reclamarle a ella para empoderarla, no para apuntarle como enemiga.
No hubo caso. Perdió la Presidenta.
De inmediato, quitaron a sus ministros de su propio Gabinete y, nuevamente, Néstor tomó el mando del país en las sombras.
No hay indicios ciertos, hasta esperar a leer qué dice ese libro de Walger sobre cómo se vivió ese momento en la intimidad de la vida bipresidencial. Pero sí hubo otro tipo de violencia: la desacreditación de quienes legítimamente ejercían el poder y la imposición de un criterio que, con o sin fundamentos ideológicos o económicos, a todas luces inauguró una etapa de acumulación de poder político bajo el criterio de que quien piensa diferente, merece ser el destinatario de toda la carga de la furia de uno solo: Kirchner.
Es la que reconstruye la relación entre Néstor y Cristina en los días de la “guerra del campo” y el rol que realmente cumplía el mendocino que alquila la presidencia del Senado por los buenos oficios del matrimonio presidencial.
Se trata de la historia de cómo llega Cobos a romper con el Gobierno, por entonces, muy a pesar suyo, algo que pocos recuerdan ahora. Aquellos momentos pueden sintetizarse en una frase que cuadraría a la perfección con el relato cobista de los días previos al voto del desempate que comenzó a quebrar la relación entre Néstor, Cristina y Cobos: “yo la quise ayudar”.
Es necesario hacer memoria recordar que el Cobos de aquellos días no era un agorero del gobierno, sino un quejoso por la poca participación que le habían permitido a “su gente” en la administración a pesar de que Cristina tenía, por junio del año del “no positivo”, más de 1.000 cargos cruciales vacantes.
Mientras se desarrollaba la crisis con el campo por la Resolución 125, Cobos, como siempre, no tenía postura tomada y escuchaba a unos y otros. Viendo su rol ninguneado –como el de cualquier vicepresidente, a decir verdad- comenzaron a arrimársele sectores de la dirigencia rural. Cobos, entonces, y muy lejos de querer romper con Cristina una relación que recién comenzaba y que, en realidad, había acordado no con ella, sino con Néstor a lo largo de sus cuatro años como gobernador de Mendoza, sirvió de puente.
El relato de las personas que le rodean y algunas de sus propias afirmaciones, reconstruyeron, por aquellos días, la situación de esta manera.
Mientras la situación se tensaba en todo el país con el corte de rutas, un creciente desabastecimiento, el vicepresidente –en contacto directo con Cristina- inició un diálogo con la Sociedad Rural ayudado (algo que hoy resulta increíble) por el camionero Hugo Moyano. Por pedido expreso de Cristina, ambos, Cobos y Moyano, buscaban la distensión. La gravedad que había alcanzado la disputa requería máxima concentración en la normalidad institucional, más que en el proyecto del gobierno que había originado el descalabro.
Cobos, hasta entonces, se manejaba en contacto directo con la presidenta vía telefónica y respondía a su estrategia.
Claro que, de inmediato, quedaría en claro que el plan de Cristina no era el mismo que el de Néstor.
Un sábado, el día antes al Día del Padre, Cobos negociaba en el Congreso cuando, intempestivamente y sin que la Presidenta lo supiera, el ex presidente Néstor Kirchner le ordena a “su ministro” en el Gabinete, Aníbal Fernández, que movilice a la Gendarmería hasta Gualeguaychú para impedir el corte de ruta que protagonizaba el por entonces superhéroe de la protesta opositora: Alfredo De Angelis.
Los cruces de llamadas entre Cobos y Cristina se intensificaron. Cristina estaba azorada, según el testimonio cobista de aquel día. Cobos, con la increíble ayuda de su hija y su hermana escribieron una carta reclamándole por el hecho a Cristina. La idea era reclamarle a ella para empoderarla, no para apuntarle como enemiga.
No hubo caso. Perdió la Presidenta.
De inmediato, quitaron a sus ministros de su propio Gabinete y, nuevamente, Néstor tomó el mando del país en las sombras.
No hay indicios ciertos, hasta esperar a leer qué dice ese libro de Walger sobre cómo se vivió ese momento en la intimidad de la vida bipresidencial. Pero sí hubo otro tipo de violencia: la desacreditación de quienes legítimamente ejercían el poder y la imposición de un criterio que, con o sin fundamentos ideológicos o económicos, a todas luces inauguró una etapa de acumulación de poder político bajo el criterio de que quien piensa diferente, merece ser el destinatario de toda la carga de la furia de uno solo: Kirchner.