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Notas
Legisladores nacionales del PJ en diáspora
Primero fue el voto de Adolfo Bermejo contra el matrimonio gay y sus advertencias sobre Kirchner. Luego, las abstenciones de Guillermo Pereyra y Dante González en la disputa con la oposición por el 82 por ciento móvil jubilatorio. Las bancas se han transformado en válvula de escape para la innegable crisis política con el kirchnerismo, que no tiene dique de contención.
Algunas bancas del Congreso Nacional se han convertido en válvula de escape para la tensión actual entre el kirchnerismo y el justicialismo mendocino.
El único senador justicialista de Mendoza, Adolfo Bermejo, abrió la semana con una severa advertencia sobre las posibles intenciones del propio Néstor Kirchner en Mendoza: coronar al radical Víctor Fayad como candidato K, en lugar de cualquiera de las figuras del PJ.
Pero la cosa no terminó ahí. Dos diputados nacional de extracción gremial, Dante González y Guillermo Pereyra, decidieron este jueves no encolumnarse con Kirchner en la votación contra el 82 por ciento móvil jubilatorio. Uno faltó (González); mientras que el otro (Pereyra) se abstuvo de votar y en cambio exaltó la causa de los jubilados, algo que defenderá incluso a costa incluso de que lo echen del bloque, según afirmó.
No son hechos aislados estas “fisuras” del Congreso. Parece más bien el reflejo de una relación política en crisis, que hoy no tiene casi ningún dique de contención y cuyas consecuencias podrían ser graves.
El gobernador Celso Jaque no controla a la tropa. Si bien en la Casa de Gobierno hablan de reuniones periódicas, pero privadas, no se conoce de ningún plenario del mandatario con sus legisladores después del que se hizo cuando estalló el escándalo de la promoción.
Jaque pasa estas horas tensas en Brasil, en un oportuno congreso de cambio climático que lo liberó de mirar por TV la foto de la firma del desendeudamiento que Cristina se sacó con otra tanda de gobernadores, en una reunión a la que el mendocino no estuvo invitado.
Tan fría e imprecisa es la relación entre la Casa Rosada y el Gobierno de Mendoza que el ministro de Hacienda, Adrián Cerroni, mantuvo abierta una reserva de avión hasta la madrugada del miércoles, con la esperanza de que Presidencia lo llamara para firmar el esperado desendeudamiento. Lógicamente esto nunca pasó.
Todo lo que ha venido después constituye más un cúmulo de reacciones que una muestra de fortaleza política de Jaque. “Habrá que apretarse el cinturón”, es la frase que pretenden cargar de mística en la Casa de Gobierno, pero que es poco más que una lectura de la cruda realidad: dada la situación financiera de la Provincia, hacia fin de año, la mejor noticia oficial puede llegar a ser el pago de los sueldos en término en la administración pública.
Sí mantiene Jaque la decisión de no retirar el amparo contra el decreto de la promoción industrial, como pide la Casa Rosada, lo que, por otra parte, terminaría de configurar un suicidio político para el peronismo local.
Quizás por seguir los consejos de Bermejo, un ministro de Jaque admitió anoche que el justicialismo provincial se está “abroquelando” para resistir la crisis. Es un reagrupamiento defensivo, temeroso de lo que puede venir, sin plan a mediano plazo y sin líderes que más adelante puedan erigirse en candidatos (el peronismo, a diferencia de la UCR, definitivamente no tiene un candidato a gobernador para el año que viene).
Instintivamente en el Gobierno provincial y la Legislatura el PJ levanta el cuello del saco y hunde el rostro entre la ropa para protegerse de un invierno tardío, pero que puede ser letal. Como las heladas primaverales para el campo.
En este sentido, los aires porteños parecen ser más suaves. Menos trágicos. Más libres.
Dejan brotar tranquilamente los aires de rebelión. Y como Jaque nunca demostró interés en liderar la tarea de sus legisladores nacionales, ellos hoy parecen más desbandados que nunca.
No fue un hecho menor que Bermejo metiera su voto negativo al matrimonio gay, tiempo después de incomodar al jefe de gabinete Aníbal Fernández con su planteo contra el decreto de la promoción industrial.
Tampoco lo fue que Guillermo Pereyra y Dante González restaran fuerzas en el bloque oficialista de la Cámara de Diputados esta semana, al momento de combatir contra el proyecto del 82 por ciento móvil para los jubilados.
La iniciativa opositora no sólo amenaza la suprema caja de la Anses. Lo que es peor, empaña uno de los mejores logros del kirchnerismo durante sus siete años de gobierno. Y un par de legisladores por Mendoza casi colaboraron para que ello se produjera.
¿Si esto no representa una crisis política, la crisis política donde está?
Un último cauce de control pareciera ser el operador Juan Carlos Mazzón, que con su sola presencia en la Casa Rosada produce calma en el gobierno de Mendoza. "El día que el Chueco no esté allí, ahí así te voy a creer que se pudrió todo", comentó una fuente justicialista.
Jaque pasa estas horas tensas en Brasil, en un oportuno congreso de cambio climático que lo liberó de mirar por TV la foto de la firma del desendeudamiento que Cristina se sacó con otra tanda de gobernadores, en una reunión a la que el mendocino no estuvo invitado.
Tan fría e imprecisa es la relación entre la Casa Rosada y el Gobierno de Mendoza que el ministro de Hacienda, Adrián Cerroni, mantuvo abierta una reserva de avión hasta la madrugada del miércoles, con la esperanza de que Presidencia lo llamara para firmar el esperado desendeudamiento. Lógicamente esto nunca pasó.
Todo lo que ha venido después constituye más un cúmulo de reacciones que una muestra de fortaleza política de Jaque. “Habrá que apretarse el cinturón”, es la frase que pretenden cargar de mística en la Casa de Gobierno, pero que es poco más que una lectura de la cruda realidad: dada la situación financiera de la Provincia, hacia fin de año, la mejor noticia oficial puede llegar a ser el pago de los sueldos en término en la administración pública.
Sí mantiene Jaque la decisión de no retirar el amparo contra el decreto de la promoción industrial, como pide la Casa Rosada, lo que, por otra parte, terminaría de configurar un suicidio político para el peronismo local.
Quizás por seguir los consejos de Bermejo, un ministro de Jaque admitió anoche que el justicialismo provincial se está “abroquelando” para resistir la crisis. Es un reagrupamiento defensivo, temeroso de lo que puede venir, sin plan a mediano plazo y sin líderes que más adelante puedan erigirse en candidatos (el peronismo, a diferencia de la UCR, definitivamente no tiene un candidato a gobernador para el año que viene).
Instintivamente en el Gobierno provincial y la Legislatura el PJ levanta el cuello del saco y hunde el rostro entre la ropa para protegerse de un invierno tardío, pero que puede ser letal. Como las heladas primaverales para el campo.
En este sentido, los aires porteños parecen ser más suaves. Menos trágicos. Más libres.
Dejan brotar tranquilamente los aires de rebelión. Y como Jaque nunca demostró interés en liderar la tarea de sus legisladores nacionales, ellos hoy parecen más desbandados que nunca.
No fue un hecho menor que Bermejo metiera su voto negativo al matrimonio gay, tiempo después de incomodar al jefe de gabinete Aníbal Fernández con su planteo contra el decreto de la promoción industrial.
Tampoco lo fue que Guillermo Pereyra y Dante González restaran fuerzas en el bloque oficialista de la Cámara de Diputados esta semana, al momento de combatir contra el proyecto del 82 por ciento móvil para los jubilados.
La iniciativa opositora no sólo amenaza la suprema caja de la Anses. Lo que es peor, empaña uno de los mejores logros del kirchnerismo durante sus siete años de gobierno. Y un par de legisladores por Mendoza casi colaboraron para que ello se produjera.
¿Si esto no representa una crisis política, la crisis política donde está?
Un último cauce de control pareciera ser el operador Juan Carlos Mazzón, que con su sola presencia en la Casa Rosada produce calma en el gobierno de Mendoza. "El día que el Chueco no esté allí, ahí así te voy a creer que se pudrió todo", comentó una fuente justicialista.