Notas
Materializar sensaciones, instalación del artista mendocino Sebastián González
Bartleby & Samsa (el copista y la cucaracha) Instalación de Sebastián González MMAMM. 2010 |
Sebastián González, quien en esta obra es “Samsa”, (el personaje de la Metamorfosis de Kafka), nació en Mendoza en 1983, por lo que, obviamente, es un artista muy joven. Su formación es un cruce entre las artes visuales, el cine, la gestión cultural y la publicidad. Fue responsable del área de producción e integrante del equipo de curaduría y gestión de la Galería ED contemporáneo y actualmente es vicepresidente de la Fundación del Interior. Conjuntamente con estas tareas, desarrolla su producción artística enraizada en el conceptualismo. Combina técnicas, géneros y procedimientos, según sea lo que quiere decir.
Esta oficina, que se parece al sistema nervioso de muchas oficinas, es una instalación. Género de arte contemporáneo que comenzó a tomar un fuerte impulso a partir de la década de 1970 y ha tenido un desarrollo muy importante en la época actual convirtiéndose en protagonista de grandes eventos internacionales como la Bienal de Venecia o la Documental de Kassel. Las instalaciones no son cuadros, ni esculturas, ni nada parecido, combinan de manera poética una serie de elementos cuyo verdadero sentido se obtiene reelaborando la relación que el artista fija entre ellos. En este caso un conjunto de cajas, cables, cafeteras, papeles, estampitas, fotos, computadoras ingresó al museo y, por la operatoria de Sebastián y el propio contexto, devino en obra de arte.
Ahora bien, en algunos casos, la instalación modifica el sentido de los objetos que usa para generar el nuevo significado. En esta obra no es así. Podría decirse que es una instalación figurativa porque la obra representa una oficina hecha con objetos que son propios de ella. El asunto es cómo está mostrada. Entonces quisiera agregar que es una instalación figurativa expresionista, es decir, es la materialización de las sensaciones que la oficina produce en el sujeto como opresión, hastío, despersonalización.
Los elementos han crecido hasta dimensiones hiperbólicas para metaforizar la captación psicológica del sujeto y no la realidad visible. El desborde de las partes muestra un caos que todo lo envuelve con un tono sórdido, incontrolable. Es una oficina que oculta y deja ver a la vez, que tiene aprisionado a su ocupante. Es como el lado del revés de las magníficas fotos que las revistas de diseño exhiben de las oficinas. Es una buena ocasión para preguntarse cómo se verían esas oficinas si estuvieran mostradas como esta.