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José de San Martín: el hombre detrás del mito

Se cumplen 160 años de la muerte, en la gris ciudad de Boulogne Sur Mer, Francia, de don José de San Martín. Una vida, una trayectoria; un "deber ser" que sin estridencias, nos señala caminos y lecciones
Foto: Web
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Jose Francisco de San Martín, hijo del Gobernador de Yapeyú, Juan de San Martín y de Gregoria Matorras (sobrina de un conquistador del Chaco) nació el 25 de febrero de 1778, en un pueblo situado a orillas del caudaloso Rio Uruguay, y que por aquel entonces, formaba parte de los territorios del Virreinato del Rio de la Plata.


Con 6 años, junto a sus padres y hermanos se traslada a España e ingresa al Seminario de Nobles de Madrid, iniciando su carrera militar en el Regimiento de Murcia, con escasos 12 años. Sus intervenciones en Melilla y Orán en la campaña de Africa y en Los Pirineos frente a los franceses, forman parte de las medallas que le permitieron ser ascendido a subteniente. Son muchas las acciones en las que participa en el sur de España, en Gibraltar y Cádiz, por lo que rápidamente obtiene el grado de Capitán de Infantería Ligera.



Cuando las tropas napoleónicas invaden el territorio español, y el Rey Fernando VII es tomado prisionero, se organiza una Junta en Cádiz, en la que San Martín toma activa participación, llegando a ser Capitán del Regimiento de Borbón, y enfrentando a los franceses, los vence en Baylén, un 19 de julio de 1808. Por esta acción, San Martín es ascendido a teniente coronel y fue condecorado con una medalla, y desde ese nuevo grado, comienza a trasladarse por Europa, enfrentando las decisiones de Bonaparte.

Es en Inglaterra donde conoce a Lord Macduff, de la nobleza escocesa, con quien profundiaza en los secretos de las logias que complotaban por la independencia de América del Sur. Es por esa relación que San Martín se desplaza libremente por el territorio inglés, contactando  a compatriotas de la América Española que coincidían con su militancia y sus sueños: volver a la América del Sur. Alvear, Zapiola, Andrés Bello, Tomás Guido: todos formaban parte de una logia fundada por el “precursor” Francisco Miranda, que ya se encontraba junto a Bolívar luchando por Venezuela.

Comienza la historia

En la Gaceta de Buenos Aires, el viernes 13 de marzo de 1812 escribía Bernardo Monteagudo “"Me he preguntado muchas veces poseído de diferentes afectos ¿cuál será la suerte de mi Patria? ¿Quien será el que enarbole el pabellón de su LIBERTAD?"


Proféticas palabras que encontrarían sin aún saberlo respuesta en la última página, en un pequeño recuadro, anunciando “"El 9 del corriente ha llegado a este puerto la fragata inglesa Jorge Canning procedente de Londres en 50 días de navegación. Han llegado entre otros , el teniente coronel de caballería D. José San Martín; primer ayudante de campo del general en xefe del exercito de la Isla Marques de Compigny ; el Alférez de navío D. Jose Zapiola ; el capitán de milicias D. Francisco Chilaver;: el alférez de carabineros reales D. Carlos Alvear y Balbaltro; el subteniente de infantería D. Antonio Arellano y el primer teniente de guardias valonas, Baron de Olembert. Estos individuos han venido a ofrecer sus servicios al gobierno, y han sido recibidos con la consideración que merecen por los sentimientos que protestan en obsequio de los intereses de la patria"

 

 



Primeras acciones en Buenos Aires


A poco de arribar, San Martín recibió la recomendación de crear un escuadrón, conocido luego como Regimiento de Granaderos a Caballo, cuyo adiestramiento se extendió durante todo el año, en acuerdo a las modernas técnicas de combate aprendidas contra los ejércitos de Napoleón.

Pero no terminaba ahí su diaria tarea. Organizó, silenciosamente, una sociedad secreta, a la que, en evocación de un cacique araucano de tiempos de la colonización hispana, denominó “Logia de Lautaro". Formada como las logias masónicas de Cádiz y de Londres, era similar a la que en Venezuela tenía como miembros a Miranda, Bolívar y Andrés Bello. Su objetivo era: "trabajar con sistema y plan en la independencia de la América y su felicidad". Sus miembros principales, además de San Martín eran: Alvear, Zapiola, Bernardo Monteagudo, Juan Martín de Pueyrredón.


El 12 de setiembre de 1812 se casa con María de los Remedios de Escalada, mujer joven y bella, que pertenecía a una de las distinguidas familias del país.

En octubre de 1812, cuando llega la noticia de la victoria del ejército de Belgrano en Tucumán, se produce en Buenos Aires un movimiento preparado por la Logia con el objeto de imponer a sus candidatos en el Triunvirato. Con la presión de los cuerpos armados y del pueblo, se nombra el Segundo Triunvirato constituido por: Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Álvarez Jonte. Se exige además llamar a una Asamblea suprema con delegados de todas las provincias con el fin de dictar una constitución.

Los primeros actos del Triunvirato consisten en reforzar el ejército y mandar una expedición para que ponga sitio a Montevideo, ocupada por los realistas. En enero de 1813 se consolidan las posiciones militares: el general José Rondeau estrecha el sitio de Montevideo mientras en Buenos Aires, el domingo 31 de enero se reúne la Asamblea General Constituyente, conocida en la historia con el nombre de Asamblea del año 13, aunque se reunió durante varios años más. Casi todos los miembros de la Asamblea eran de la Logia de Lautaro.

La Asamblea del Año XIII.

Declarada “soberana” llevó adelante algunas tareas de importancia legal: el nombre del rey de España desaparece de los documentos públicos;  se eliminan los escudos de armas y los títulos de nobleza; se aprueban los colores de la Bandera de Belgrano, y los símbolos de las “Provincias Unidas del Rio de la Plata”: el Escudo nacional, el Himno; se elimina la Inquisición y se queman los instrumentos de tortura; se defiende la libertad de imprenta; se pone límite a la esclavitud decretando la "libertad de vientres".

Para contener a las tropas realistas que desde Uruguay hostigaban a la incipiente Nación, navegando hacia el Norte por el río Paraná,  San Martín provoca el Combate de San Lorenzo. Combate cuya crónica es narrada por el heroico San Martín bajo un pino de las cercanías del Convento, y que significó la derrota total de los realistas.

Ejército del Norte

Manuel Belgrano, luego de la batalla de Salta, se internó en las tierras del Alto Perú en persecución de los realistas pero debió retroceder hasta sus posiciones anteriores, en el valle de Lerma, luego de las derrotas de Vilcapugio ( 1° de octubre) y Ayohuma ( 14 de noviembre).

 Entonces el Triunvirato envía al norte a San Martín con un pequeño ejército de infantería y el cuerpo de Granaderos a Caballo. El ejército derrotado se reúne con las tropas de refuerzo en la posta de Yatasto, en el camino entre Salta y Tucumán, donde ambos patriotas se conocen y sellan una amistad que duraría toda sus vidas. En enero de 1814 San Martín toma el mando del Ejército derrotado, quedando Belgrano como su subordinado.

El ejército realista, a cuyo frente estaba el general Pezuela, amenazaba las provincias de Salta y Jujuy. El ejercito patriota se concentra en la ciudad de Tucumán y el General comienza a instruirlo formando una nueva escuela militar y hace incorporar nuevos reclutas.

Ahí, ya disponiendo nuevas estrategias, San Martín incorpora a la lucha territorial al teniente coronel Martín Miguel de Güemes, oriundo de la provincia de Salta, profundo conocedor del terreno y cuyos valerosos hombres, “sus gauchos”causan estragos en el avance realista, en asocio a los habitantes de las poblaciones de esa dura geografía.

Mientras esto sucedía en tierra firme y agreste, las aguas del Rio de la Plata eran testigos de los combates que la pequeña escuadra liderada por al almirante Guillermo Brown libraba contra los realistas, estableciendo un cerco marítimo que determinó que las tropas del Rey se replegaran en el Alto Perú y en Lima.

Un plan continental

El repliegue realista en el Alto Perú y Lima le dieron indicios a San Martín que intentar derrotar a las tropas reales era imposible avanzando hacia el alto Perú. La cruda realidad era palpable: una formación realista bajaba hasta Salta desde el Alto Perú y era aniquilada por los gauchos de Güemes y los civiles aliados; idéntica suerte corrían las tropas patriotas. De refirmar esa realidad a cambiar de planes, a San Martín le implicó decidir que existía otro lugar para diseñar sus planes hacia futuro.

Como pretexto, usó su estado de salud un poco quebrantado y mientras tomaba un descanso en una estancia al norte de la ciudad de Córdoba, le solicita al entonces Director Supremo  Gervasio Posadas el nombramiento de Gobernador Intendente de Cuyo. Es desde allí donde diseña los nuevos planes para liberar a medio continente. Siete años hacia adelante serían los que deberían transcurrir, para finalizar esos planes.

Y mientras San Martín tomaba su cargo de Gobernador Intendente en ciudad de Mendoza, en Chile, las fuerzas patriotas de O¨Higgins y José Miguel Carreras eran derrotadas, obligándolas a refugiarse “al otro lado de la cordillera, en Mendoza”y en el otro extremo de la Europa de los reinos, Fernando VII tomaba de nuevo a cargo la Corona, instituía la Inquisición y declaraba la guerra “al exterminio a todo aquel que se opusiera la Corona”.

Y mucho más oscuro era el panorama hacia el norte sudamericano: los realistas ya parecían dueños de Lima y de todo el territorio hacia el Alto Perú, mientras que la revolución venezolana había sido derrotada y sus líderes, Bolívar y Mariño, refugiados en Cartagena.
Sólo en el Río de la Plata, y más precisamente, en Cuyo, parecían ondear los estandartes de la Libertad e Independencia.

San Martín, ese Gobernador


San Martín es ratificado en el cargo de Gobernador Intendente, aún a pesar de su enfrentamiento al Director Alvear y su sucesor, Rondeau, quien convoca a una Asamblea a través del sufragio universal, decretando de esa forma la defunción de los Cabildos; menos, claro está, en Mendoza.

Pues es un Cabildo Abierto quien no sólo lo ratifica en su cargo, sino que extiende el mandato a las provincias de San Juan y San Luis, en acuerdo a los Cabildos de esos sitios. Y ante el afecto de la comunidad, San Martín hizo público un documento que lo “detalla de cuerpo entero”: "Es llegada la hora de los verdaderos patriotas. Se acerca al Río de la Plata una expedición de diez mil españoles. Ya no se trata de encarecer y exaltar las virtudes republicanas, ni es tiempo de exhortar a la conservación de la fortunas o de las comodidades familiares. El primer interés del día es el de la vida: este es el único bien de los mortales. Sin ella, también perece con nosotros la patria. Basta de ser egoístas para empeñar el último esfuerzo en este momento único que para siempre fijará nuestra suerte. A la idea del bien común y a nuestra existencia, todo debe sacrificarse. Desde este instante el lujo y las comodidades deben avergonzarnos… Desde hoy quedan nuestros sueldos reducidos a la mitad. El empleado que no quiera donar lo que deja de percibir recibirá un boleto par su abono en mejores circunstancias. Yo graduaré el patriotismo de los habitantes de esta provincia por la generosidad… Cada uno es centinela de su vida."

Entonces San Martín emprende la creación del Ejército de los Andes, en el que el pueblo de Cuyo contribuyó con todo lo que podía. Se establecieron nuevos impuestos, se rematan las tierras públicas, se crea una contribución extraordinaria de guerra, se recibieron donaciones en joyas y en dinero, se gravó con un peso cada barril de vino.

Además se usaban los transportes de carretas en forma gratuita para los materiales que necesitaba el ejército; la maestranza estaba a cargo de fray Luis Beltrán, natural de Mendoza, quien dejó los hábitos y, comandando trescientos trabajadores, fundió cañones, balas, granadas y preparó todos los implementos necesarios para la difícil marcha.

La armería estaba a cargo del mayor De la Plaza y la fábrica de pólvora la dirigía el mayor ingeniero José Antonio Álvarez Condarco.  Para los uniformes, Beltrán construyó una tejeduría y una tintorería para proveer los paños y las mujeres contribuían con sus labores cosiendo gratuitamente los uniformes de los soldados. y a las personas sin oficio y sin retribución para trabajos públicos, servían en los talleres militares sin sueldo.

Y San Martín no sólo diseña un ejército capaz de enfrentar tamaña hazaña como era cruzar la Cordillera más alta del globo. También es un ciudadano preocupado por la educación de los mendocinos. Y crea la Biblioteca Pública. Y dedica horas de esfuerzo en diseñar un ámbito donde pudieran reunirse las familias a departir amablemente, allí en la Alameda. Y hace extender el viejo sistema de riego de los naturales, las acequias, por todo el égido mendocino. Y Mendoza ve como se incorporan mas esquinas iluminadas en sus ochavas.

San Martín, es el Gobernador. No sólo el militar preocupado por crear un ejército disciplinado. También es capaz de elegir a los mejores hombres para llevar adelante una campaña de espionaje que le rendiría frutos llegado el momento. Don Pedro Vargas, arriero y hombre comprometido con la lucha por la independencia era uno de esos “correos”que junto con la hacienda llevaba y traía información para “El Gobernador”. Tenía confidentes en Santiago dentro de las esferas realistas que le comunicaban las actividades del gobernador Osorio, y luego las de su reemplazante Marcó del Pont. Asimismo sus espías fomentaban la insurrección en los patriotas de Chile preparando el terreno para la futura invasión.

Allá en Tucumán

Mientras San Martín en Cuyo concretaba pacientemente sus planes, en Tucumán se decidían los destinos de las Provincias Unidas del Rio de la Plata. La Gobernación de Cuyo tenía cuatro delegados, amigos de San Martín y miembros de la Logia Lautaro. Por la provincia de San Juan: fray Justo de Santa María de Oro y Francisco Narciso Lapida; por Mendoza: Tomás Godoy Cruz y don Agustín Maza; por San Luis, Juan Martín de Pueyrredón, aunque éste un poco alejado de la amistad con el Gobernador. Finalmente, y luego de declarada la Independencia, son los delegados sanmartinianos quienes pesan a la hora de designar el Director Supremo, recayendo en Pueyrredón esta decisión. (Don Tomás Godoy Cruz había sido quien tendiera el puente de diálogo entre San Martín y el puntano)

Luego de la derrota de las fuerzas patriotas en Sipe Sipe, San Martín cree llegado el momento de poner en marcha no sólo el ejército formado, sino sus planes. Envía a don Manuel Ignacio Molina a hablar con el gobierno e imponerlo de sus decisiones; pero deberá aguardar un poco más para lograr el apoyo político, que sólo se patentizaría cuando  ya en su cargo Pueyrredón, que no sólo conocía en profundidad los planes de independencia de San Martín, sino que los apoyaba contundemente, levantó la barrera y  elevó al cargo de General en Jefe del Ejército de los Andes al entonces Gobernador, reasigna una partida de dinero aún mayor para la fuerza, y desde Buenos Aires autorizó la partida del Ejército.

Todo estaba listo en el Plumerillo para cruzar el ejército de 4000 hombres, con sus caballos cañones municiones y víveres para un mes. Dos divisiones, al mando del general Miguel Estanislao Soler y O´Higgins cruzarían por el Paso de los Patos. Otra, al mando de Las Heras, debía marchar por el camino de Uspallata con la artillería. Una división ligera al mando de Juan Manuel Cabot cruzaría desde San Juan por el Portezuelo de la Ramada y apoderarse de Coquimbo.

Otro destacamento ligero debía cruzar desde La Rioja y ocupar Copiapó cruzando la cordillera por el paso de Vinchina.

Por el sur, el capitán Freyre penetraría por el Planchón para apoyar a las guerrillas chilenas.
 
Las órdenes eran que todos aparecieran simultáneamente sobre el territorio chileno entre el seis y el ocho de febrero.


El día 5 de enero de 1817, el ejército se dirige formado de gran parada hasta Mendoza donde, en presencia de las autoridades y del pueblo, juran la bandera celeste y blanca del ejército y como patrona, a la Virgen del Carmen.

Camino al norte

 Chile, luego el objetivo, la Lima Virreinal, pondrían a San Martín en contacto con el otro voluntarioso patriota latinoamericano, Simón Bolívar. Ambos eran demasiados fuertes, habían sacrificado mucho por la Independencia Sudamericana, para que detalles menores y de rango inferior demoraran esa empresa generosa y visionaria. Es por entenderlo así, que San Martín  es quien decide una entrevista con el general Bolívar y pide ser atendido por éste.


El 27 de julio de 1822, en la residencia particular del Bolívar, y durante cuatro horas y en secreto mantienen una conferencia, luego de la cual San Martín dispone su viaje de retorno.

En la sala donde se sirvió el banquete de agasajo a San Martín, Bolívar elevó su brindis “por los dos hombres más grandes de la América del Sud”; la respuesta de San Martín sólo propuso “por la pronta conclusión de la guerra, por la organización de las diferentes Repúblicas del Continente, y por la salud del Libertador de Colombia” y tal como había acordado, se retiró de la fiesta.

Fin de un trayecto

El 20 de setiembre de 1822 se inaugura el Primer Congreso Constituyente del Perú, a quien San Martín devuelve el título de “Protector del Perú” y quien dispone, idénticamente, el otorgamiento de una pensión extraordinaria y vitalicia para el “Fundador de la Libertad de Perú”. Esa noche del 20 de setiembre, en el bergantín  “Belgrano” San Martín emprendía el camino de regreso y pone fin a su vida pública.

Pasa por Buenos Aires, y habiendo ya fallecido su esposa Remedios, decide que se instalará con su hija Merceditas en Francia, ocupándose de la educación y formación de la niña, para quien redacta las Célebres “Máximas”.

Un 17 de agosto de 1850, a las tres de la tarde, se apaga su vida en Boulogne sur mer, rodeado solamente por sus dos nietas, el afecto de su hijo político y de su hija.

Perú le debía la totalidad de la pensión otorgada. Desde Buenos Aires, tampoco recibía algún dinero por su desempeño militar.


Las medallas, distinciones y honores querecibió  a lo largo de su comprometida vida en beneficio de las libertades de los pueblos no significaron, para él, más que la vanidad del oropel.

Su profundo sentido del deber ser fue mucho más que una simple enunciación.

Fue, ni más ni menos que la opción entre el “ser nada” y ser San Martín: “lo que debes ser ”.