Notas
La sinfonía de toques tuvo su grito de furia
DURBAN.- "Que parecen monaguillos, hombre? Si son como niños obedientes, siempre prolijitos y bañaditos, que hacen todo bien. Necesitan que alguno haga un poco de lío, que se enoje un poco." El diagnóstico y el remedio, curiosos los dos, surgía de algunos de los periodistas que convivían con el plantel de España en el pueblito de Potchestroom, aislados todos en medio de la nada a 150 kilómetros de Pretoria, después del tortuoso arranque del candidato de la mayoría en el Mundial. Se había perdido con Suiza, se había insinuado una recuperación contra Honduras, se había sufrido contra Chile y contra Paraguay? Pero lo cierto es que aquella idea de alguna manera se terminó de corporizar justo en el partido más importante, el último, en el que el seleccionado español definitivamente hizo historia.
Allí estaba Xavi, el refinado líder de un coro afinado, dirigiendo un verdadero concierto de toques, como corresponde, hasta que irrumpió Puyol, el reo de la clase, para pegar un grito y dar la nota que la sinfonía necesitaba. Entonces sí, con los dos, España fue completa, toque y gol, refinamiento y furia. Ya sin miedos, ya sin complejos, jugó su mejor partido en el torneo y se clasificó por primera vez para la final de un Mundial.
"Apareció el equipo que todos estábamos esperando, que todos queríamos", reconoció Xavi, apenas apareció en la zona mixta y después de arrojarle, con una sonrisa, una camiseta suya a una periodista de la cadena Ser. Habló en español y habló en catalán. Pero el concepto fue el mismo: "Finalmente, se ha impuesto la personalidad de España. Hemos tenido el balón y nos hemos sentido cómodos con eso. Disfrutamos del partido", confesó, con esa corrección que ya es una marca registrada suya, el hombrecito que nació el 25 de enero de 1980 como Xavier Hernández Creus y que corona su metro y setenta centímetros de altura con una cresta engominada, forma de peinar su pelo corto y negro. No parece perder la compostura nunca. Ni fuera ni dentro de la cancha, donde -según los registros de la FIFA- ha realizado 570 pases, de los cuales 464 han sido completados. Esto es, una eficiencia del 81%. Se nota, claro que se nota.
"Adiós, adiós, adiós", fue lo único que dijo Carles Puyol, mientras recorría a toda velocidad el pasillo, desairando a centenares de periodistas que queríamos su palabra de héroe. Pero no, no habló. No ha hablado y seguramente no hablará. No en ese ámbito, donde hay tanta gente, y no en esa circunstancia, donde él es el protagonista central. No va con la personalidad de este hombre nacido el 13 de abril de 1978, que corona su metro y setenta y ocho centímetros de altura con una melena ensortijada que no parece de estos tiempos. Lejos del marketing, está para sostener el disfrute de los otros. Pero en la noche de Durban hizo lo que no pudieron ni su compañero Villa -que sigue a un gol de Raúl en el registro histórico español- ni su rival Klose -que no pudo alcanzar a Ronaldo en el registro histórico del Mundial-: convirtió el gol que decidió el encuentro, arremetiendo con tanta fuerza que hasta se llevó puesto a su compañero Piqué.
Xavi ha sido elegido dos veces el mejor jugador del partido: contra Portugal, por los octavos de final, y ahora, contra Alemania, en el decisivo pase a la final. Puyol, nunca. Xavi está disputando su tercer Mundial consecutivo, y seguramente tendrá otro. Para Puyol también es el tercero, pero muchos suponen que será el último. Quizá por eso estaban tan contentos todos de que hubiera sido él quien definiera el pleito: "Felices por todo, por él y por el equipo", dijo Xavi, cuando su compañero ya lo esperaba sobre el ómnibus de la delegación.
Antes, allí sí todos juntos, había recibido una visita muy especial en la antesala del vestuario: bajaron la música de Shakira y de Alejandro Sanz y escucharon el saludo de la reina Sofía. Dicen los periodistas que desde hace mucho tiempo siguen a esta selección, que la vieron coronarse en la última Eurocopa, justamente contra Alemania, que el secreto "es el buen rollo", la buena relación entre ellos. Puede ser: nunca se termina de comprobar del todo si los buenos grupos son causa o consecuencia de los buenos resultados. Lo que confirman Xavi y Puyol, en todo caso, es que en los buenos grupos hace falta de todo. Un grito de furia puede hacer épica una sinfonía de toques.
• Susto por un intruso italiano
A los cuatro minutos se detuvo el juego porque un italiano entró en el terreno y corrió hasta la mitad de la cancha, donde fue detenido por la seguridad. Aunque no fue confirmado, se trataría de Mario Ferri, el mismo hincha que invadió el campo en un amistoso entre Italia y Holanda, en noviembre de 2009.
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