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Notas

Un cachetazo de realidad

Después de la categórica derrota 4-0 ante Alemania, la selección merece una refundación: sería una candidez creer que ahora sí se aprovechará la experiencia; no alcanza con efusividades ficticias y sueños de papel.
Foto: EFE
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CIUDAD DEL CABO.- Tic-tac, tic-tac, tic-tac? la bomba estructural seguía su cuenta regresiva. A veces Messi, y otras Tevez o Higuaín habían desactivado la urgencia más inmediata. Hasta Palermo en el vendaval de la noche de brujas con Perú. Un ciclo que vivió jaqueado por el embotellamiento conceptual quedó a la intemperie de un doloroso e irreversible desengaño.

Detrás de cada triunfo en el Mundial se agitaban dudas sobre la real fortaleza del plan, más allá de los cañonazos que abrían paso con la prepotencia de un envidiable arsenal. La armazón no dejaba de crujir, mientras las resoluciones individuales asumían la explicación central para sostener un esqueleto que no echaba raíces confiables porque rivales temerosos distorsionaban las conclusiones. 

Un tejido de advertencias se había hilvanado, aun contradiciendo el clima triunfalista que también crecía. Porque de fútbol se trata y es entendible la rara combinación de una lógica esperanza con señales para desconfiar. Pero en la quinta estación de la Copa del Mundo apareció un adversario con tantos quilates como ambiciosa malicia para atreverse a mover la estantería. Alemania sacó el maquillaje de un cachetazo y se rompió el espejo. El primer día del torneo se había apuntado que la selección parecía ilusionada en lanzar una moneda al aire, una apuesta que volvía improbable terminar de zurcir la incertidumbre. En una virtud se concentraba la ilusión: la Argentina imploraba que a sus delanteros no se les secase la pólvora. Si la pieza principal se desmoronaba, el efecto dominó podía preceder al desbarranco. 

Diego Maradona leyó mal el partido. Antes, durante y después. Se había apuntado que la selección no podría regalar tantos minutos como ante México, que la jerarquía colectiva e individual de Alemania se lo iba a facturar con geometría y explosión para descubrir los caminos convenientes. Era comprensible que el DT no desbaratara el eje ofensivo porque era el único sostén creíble, pero el desierto del medio campo, sin referencias para la tenencia y elaboración, podía volverse suicida. México y su tibieza lo habían insinuado, pero Maradona no tomó nota. El equipo de Joachim, Löw esparció sal en las heridas. La Argentina se atascó en su propuesta quebrada y su técnico nunca intervino para corregir lo evidente. Se demoró tanto que la aparición de Pastore en el partido, a los 24 minutos del segundo tiempo, ya encontró al equipo de rodillas. Verón se despidió de la selección desde el banco. El entrenador jugadorista se entregó a los golpes de inspiración de sus dirigidos desequilibrantes para avanzar. El día que las marquesinas dejaron de titilar y un partido reclamó una presencia no afectuosa sino práctica, con intervenciones quirúrgicas para recomponer el diseño, demostró que seguía sin diplomarse. 

Conducir al seleccionado no es sencillo. Ni el espacio para aprender a hacerlo. Por cierto, ya a la hora de confeccionar la lista de 23 futbolistas se señalaron algunas descompensaciones, y el destino impuso que los déficits quedaran más en evidencia en el adiós: como la ausencia de laterales y el recortado abanico de volantes. La banda derecha y la zona medular nunca dejaron de ser regiones traumáticas. Alemania no desatendió esa ventaja. "No creo que nos sorprendan con nada, el agua caliente ya está inventada", manifestó Maradona el 28 de octubre de 2008, cuando inauguraba su aventura, aludiendo a que sus conocimientos estarían a tono con las circunstancias. Quedó a la vista que no se podía reír de nada. La incompetencia legitima las bofetadas. 

Sin trucos individuales ni estructura táctica, el corazón volvió a decepcionar. Ni rabia ni coraje. Ni desesperación efectista, al menos. A los 22 minutos del segundo tiempo, con el 2-0 de Miroslav Klose, la Argentina se rindió. Como si la derrota a varios apellidos no les aguijoneara el orgullo. Un déficit de liderazgo que hace tiempo los distintos planteles no consiguen despejar. Y ahí aparece Messi, que recorrió en pendiente la Copa del Mundo. Leo nuevamente alimentará esa ambivalencia de gigantesca exposición mediática. Exagerada o no, malintencionada o no, lo cierto es que sólo se resolverá cuando él se consagre en celeste y blanco. Cargará con eso. 

Un inconveniente bosquejo táctico volvió a retrasarlo tanto que lo alejó del área de fuego, pero él tampoco se rebeló. El eje quebrado lo obligó a conducir y ejecutar y se perdió en el fastidio. Desfavorecido por el dibujo y las circunstancias, Messi no se insubordinó. Esto también obligará a replanteos. Lo espera el futuro, pero en algún momento debe dar el golpe sobre la mesa contra todo. Incluso, contra lo que lo incomode. El escenario que realmente corona es una Copa del Mundo. Todo campeón necesita de alguna estrella descollante y la Argentina contaba con ese capital, pero hasta a Messi se lo tragó el aturdimiento. 

Esta etapa acaba de encadenar otro negativo mojón estadístico. Luego del lacerante 1-6 en la altura con Bolivia y el 1-3 con Brasil en Rosario que cortó un invicto de 16 años sin caídas como local por las eliminatorias sudamericanas. Hoy se paga con el dolor de la eliminación. Y vuelve a postergarse el desembarco, al menos, en las semifinales de una Copa del Mundo. Ya van dos décadas de desencantos. Una selección con reconocible calidad individual, pero desprovista de la sabiduría y dedicación que demanda dar el gran salto. La derrota es tan abultada que, detrás de ella, huele al derrumbe de Suecia 58. No se trata de discutir un gol más o un gol menos y afortunadamente ya no se verán las vergonzantes imágenes de los monedazos en el aeropuerto de Ezeiza, pero sí ha llegado el momento de la reconstrucción. 

¿Qué ocurrirá con la selección? Recorrer el camino de este ciclo obliga a sugerir que se revisen todos los procedimientos. Sería una candidez creer que ahora sí se aprovechará la experiencia. Que se asumirán tantos errores para ya no repetirlos y de este modo edificar con seriedad el real proyecto que exige un conjunto que busca la reinserción en la elite. Sería peligroso dejar de lado elementos de una etapa abundante en confusiones y destratos. Ya es tiempo que se acuerden de la selección y nazca un proyecto afirmado en los antecedentes, la capacidad y los méritos profesionales. Basta de volantazos intuitivos de Julio Grondona o concesiones vaya a saber por qué. La selección merece una refundación después de cuatro años de abandono que hasta van más allá de Maradona. El reloj de la selección atrasa porque se la orientó hacia la involución. Amiga del abismo, la Argentina se acostumbró a efusividades ficticias y sueños de papel. Un cachetazo de realidad la devolvió a su amargo sopor. 

• El regreso, hoy a las 14:30 en un chárter
Con la eliminación consumada, el regreso del plantel argentino al búnker de Pretoria fue inminente. Desde ahí, se gestionó un vuelo chárter para volver al país y se consiguió: fuentes de Aerolíneas Argentinas confirmaron la llegada para las 14.30 de hoy.
 
• Con Diego, nunca revirtió el resultado
La Argentina nunca revirtió un resultado con Diego Maradona como DT en partidos oficiales. Apenas si pudo dar vuelta dos amistosos: ante Jamaica, al que venció por 2-1, y ante Rusia, al que derrotó por 3-2. En cambio, en cada partido que empezó ganando, el resultado final fue una victoria.
 
GOLEADAS MUNDIALISTAS
Las caídas con Checoslovaquia y Holanda 
La memoria se activa como un mecanismo automático en estos casos. Se abren casi todos los cajones de un amplio archivo y aparecen dos antecedentes mundialistas con una diferencia tan amplia en contra: el 1-6 contra Checoslovaquia, en Suecia 58, y el 0-4 frente a Holanda, en Alemania 74. En España 82, cayó 3-1 con Brasil, cotejo en el que fue expulsado Maradona. 

(*) Información provista porCanchallena.com

 

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