Presenta:

Notas

Si he de morir, no quiero como la oveja…

No pudimos con nuestro genio. Los editores de Mdz salen a contar sus sensaciones sobre la derrota argentina en el Mundial de Sudáfrica. Aquí, desde el llano (¿desde el suelo de los ánimos?) Jorge Hirschbrand.
145426.jpg

Cinco minutos después de que terminó el partido hice la misma falsa promesa con la que suelo consolarme cuando River queda afuera de una Libertadores (cosa que pasa todos los años, por cierto) o cuando a la Selección la fletan de un Mundial. La promesa es para uno mismo, y consta en no calentarme nunca más por un partido de fútbol. Al pedo, nunca cumplo. Es imposible cumplir con eso. Veinte segundos más tarde sigo a las puteadas y la tristeza durará, en este caso, cuatro años más.

Con el equipo de Maradona me pasó algo particular. Le tenía fe, pero definitivamente no me emocionaba. La penuria en las eliminatorias hacía pensar que este plantel que nos iba a representar en Sudáfrica haría un juego práctico, pero ni ahí de lucir el fútbol que le gusta a la gente.

(NdR: me cansé de criticar y desear la rotura de ligamentos cruzados a Messi antes del Mundial… Qué, si jugaba pésimo).

Pero el Gordo sorprendió. Y entendió el sentimiento popular de manera perfecta. Vamos todos para arriba. Vamos a hacer quilombo al área rival. Todos para adelante y que atrás sea lo que D’os quiera. Y si toca perder, que sea poniendo todos los huevos sobre la mesa.

Así fue. En un mal día nos comimos cuatro. ¿Y qué? La esencia no cambia. ¿De qué humillación habla Clarín? Prefiero volverme en cuartos de esta manera que llegar a una final dando pena en definiciones por penales. No jodamos: lo único respetable de aquel mundial del '90 fue el gol a Brasil; después de eso, fue todo lastimoso.

Como sea, este equipo contagiaba estado de ánimo. Por eso duele más. Porque nos identificábamos. Todas las letras del rock nacional cabían justo para hacer un video con las imágenes que quedaban de cada partido. Porque si bien sigo recontra caliente (especialmente con Nico Otamendi), hacía rato que no disfrutaba tanto viendo a la celeste y blanca. Porque sí. Porque Maradona entendió que el fútbol argentino es como fue él. Porque por estas pampas sabemos gambetear para ahuyentar la muerte.

(Jorge Hirschbrand es editor de MDZ. En Twitter @Jorge_Hirsch)