Notas
"María", o el infierno en las calles de San Rafael: "Me drogo desde los ocho años"
Un grupo de padres y colaboradores de la DINAF, se encuentran muy preocupados por la situación de los menores que viven, duermen y deambulan por las calles de nuestra ciudad. En la mayoría de los casos, esos chicos son víctimas de adicciones a la droga y el alcohol, elementos que los han alejado de sus propias familias.
Sandra Herrera, colaboradora de la DINAF, es otra de las personas desinteresadas que ayuda a Alejandra a sostener este emprendimiento. Para Sandra "esta es una oportunidad única para los chicos porque acá en San Rafael no tenemos ningún lugar adecuado que los contenga y los recupere de la droga".
"María", o el infierno en las calles de San Rafael
Uno de los niños que se acercó a la panadería, es hermano de una jóven de 14 años que hoy sufre el flagelo de la droga. Pudimos entrevistarla porque ella quiso dejar su testimonio para que otros jóvenes tomen conciencia de lo que significa esta realidad y no les suceda lo mismo. La llamamos "María", pero ni siquiera a ella le importa mucho su nombre.
-¿A qué edad y cómo empezaste a drogarte?
Empecé a drogarme a los 8 años, hasta esa edad yo llevaba una vida normal, jugaba con mis muñecas, iba a la escuela y estaba todo el día en mi casa. Llegó un momento en el que empecé a salir de mi hogar y a juntarme con otros chicos que "andaban" en la droga. Esos mismos me dieron para probar y me gustó.
- ¿Qué empezaste a consumir?
Primero probé el Poxi Ran, luego la marihuana, el alcohol y los cigarrilos. A mi la droga me alejó de mi familia, de mis amigos, en fin de la gente que me quería. Un día decidí irme de mi casa porque la relación con mi madre se hizo insostenible, a partir de ahí comencé a deambular hasta que me asignaron a una familia cuidadora que vive en General Alvear.
- ¿ Y cómo te fué con esa familia?
Con ellos volví al colegio, yo amaba la escuela, dejé la droga y el alcohol, pero empecé a a extrañar a mi familia, sobre todo a mi mamá y debido a eso pedí que me devolvieran a mi hogar.
-¿ Y qué pasó cuando volviste a San Rafael?
Conocí a un chico de la calle y me pusé de novia, en ese momento tenía 12 años. Con ese chico, que se droga, volví a consumir estupefacientes y hoy vivo con él en la calle.
- ¿ Cómo es tu vida en la calle, donde dormís, que hacés?
Por lo general trato de hacer alguna changuita en las puertas de algún supermercado, después salgo caminar, voy al centro a pasear y a la noche elegimos algún lugar donde dormir. Por lo general vamos a lugares en construcción, allí con cartones y algunas frazadas que nos prestan armamos una cama para pasar la noche.
- Con estos días tan fríos, ¿ Soportás pasar la noche a la intemperie?
La semana pasada estuve dos noches sin dormir porque tiritabamos de frío. En algunas oportunidades me voy al hogar o a la casa de una señora que me brinda comida y una cama para dormir. Ojo, cuando me quedo ahí trato de ayudarla en todo lo que puedo porque si me trata bien, ¿porque no voy a colaborar con ella?
- ¿Te tratan bien en la calle?
La gente nos mira con indiferencia, creen que somos delincuentes porque vivimos de esta manera. La policía cada vez que puede nos lleva detenidos por avergüación de antecedentes y nos encierra o bien nos envían al hogar sin importarles que va a pasar después.
- ¿Alguna vez cometiste algún robo?
Y si , la droga te confunde y muchas veces salí a robar para poder comer o bien comprar un poco de ropa. El otro día sustraje una bicicleta que luego logré vender, con esa plata pude comprar un pantalón y algo de comer, el resto me lo "deliré". Consumir "falopa" te descontrola, yo ahora estoy bien pero en una hora me fumo "un faso" y hago cualquiera, rompo vidrieras o hago daño sin darme cuenta.
-¿Qué soñas vos para tu vida?
Salir de todo esto, es muy feo deambular por la calle sin tener nada en el estómago, a veces hay días que ni siquiera tengo algo de comer entonces me la paso fumando y tomando agua. Yo quiero volver al colegio, tener un trabajo, una casa donde vivir, alejarme de la droga y empezar a construir algo mejor. Muchas veces pensé en suicidarme, porque vivir así no tiene sentido y quiero dar mi testimonio para que las cosas cambien, para que alguien tome conciencia de esta realidad que nos aqueja a muchos chicos.
¿Cómo cambiar esa realidad?
El grupo de padres está trabajando en un proyecto que será presentado ante el Concejo Deliberante. Al respecto Sandra nos comenta que "necesitamos cambiar esta realidad, con o sin intervención del Estado, pero no vamos a bajar los brazos".
Por ahora solo piden ser escuchados y permitirse el sueño de poder hacer crecer el emprendimiento que Alejandra Sánchez inició en su casa. Un lugar donde el trabajo, el amor y la contención puedan ayudar a estos chicos.
No son muchos los jóvenes que duermen en la calle, por ahora un puñado, pero esto no significa que otros también puedan elegir el mismo camino. Una aventura que los condena a la miseria, el hambre, la droga, la delincuencia y finalmente la exclusión, como final de una historia que toda la sociedad padece hoy en día.
Por eso Sandra Herrera nos dice que "antes eramos un grupo cerrado que ayudaba en silencio, pero esta realidad nos sobrepasó, necesitamos tener en San Rafael un centro que se dedique a recuperar y reinsertar a estos menores que tienen por ahora su futuro hipotecado".
Para finalizar tanto Sandra como Alejandra dejan un pedido a las autoridades municipales "queremos hacer una cancha de fútbol en un terreno situado en la intersección de las calles Tropero Sosa y Paula Albarracín. Hace un tiempo intentamos limpiar el terreno pero fue imposible por la cantidad de cosas que hay que hacer, recuperar ese baldío nos ayudaría para que los chicos del barrio comiencen a realizar alguna actividad deportiva que los aleje de la calle y sus peligros".
¿Mal de las grandes ciudades?
Este es un flagelo que muchos creen que sólo existe en las grandes ciudades. Pues bien, o será que no es exclusivo de esa clase de ciudades, o quizás San Rafael sea ya una gran ciudad, y no nos hayamos dado cuenta.
En cualquier caso, la pesadilla que sufren estos chicos en las calles de nuestra ciudad nos ofrece el peor despertar para esa realidad. Quizás el origen de ese patíbulo en el que viven estos chicos sea la prescindencia con la que los mayores abordamos nuestras resonsabilidades, o nuestra falta de solidaridad social, o la disgregación de la familia, o la televisión, o la cumbia, o vaya uno a saber qué diablos...
El tema es que el problema está ahí. Mientras Ud. lee estas líneas, esos chicos padecen el frío y el hambre, o quizás en este momento no lo estén sintiendo, aturdidos por el efecto de alguna droga o el alcohol.
Felizmente, mientras todo eso sucede, hay gente que también trabaja para hacer algo al respecto.
Y ojalá que después de esta nota, sean algunos más los que hacen algo y algunos menos los que padecen.