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Un paisaje ya visitado pero ahora con Maradona a bordo

Estamos atravesando un lugar en el que ya estuvimos. Los escenarios post derrotas en Mundiales, cuando las caídas eliminan, son un paisaje ya conocido. Pero ahora, esta Diego Maradona de por medio.
Foto: EFE
Foto: EFE

A los 33 minutos del segundo tiempo, en las pantallas del estadio, se ve la cara en proceso de tristeza sin retorno de Diego Maradona. Venían de mostrar al singular Joachim Low que para entonces se había quitado el saco y quedó con su chillona remera lila apoyado del lado de afuera del banco como si esperara el colectivo y tuviera tiempo  para dejar pasar a todos los que venían llenos. Relajado uno, tenso el otro. Diego se descubre en la pantalla que oficia de espejo de última generación, se acaricia la barba y agacha la cabeza.

El partido ya estaba terminado. Alemania fue tan precisa y demoledora que no usó más de 70 minutos de los noventa reglamentario. Estamos atravesando un lugar en el que ya estuvimos.

Los escenarios post derrotas en Mundiales, cuando las caídas eliminan, son un paisaje ya conocido. Estamos en el momento donde empieza la carnicería periodística ahora extendida a una comunidad más amplia que ya sienta posición de acuerdo al resultado. Pero esta Diego Maradona de por medio. Un mito viviente. Un técnico que jamás dejó de ser jugador y que intentó innovar en ese aspecto. A tal punto el organismo de Maradona se reproduce, siente y respira como futbolista, que durante el partido con Alemania pude apreciar como Diego se desvive por la pelota cuando se va a un lateral. En una de ellas, Alejandro Mancuso en vez de dársela a los alemanes para que repongan, primero se la dio a Maradona y de allí a Lahm. En otra. Mancuso la fue a buscar atrás del banco y Maradona en lugar de girar y aprovechar la interrupción para algo, quedó pendiente de que destino le daba su ayudante de campo- Las derrotas son implacables con los detalles: un taco hecho contra los coreanos era risueño.

Ahora esos jueguitos son un fragmento más de un autopsia que cada uno arranca por donde le place. La Argentina ya pasó por acá. Es la primera vez con Diego Maradona a bordo.


La caída por 4 a 0 contra Alemania en cuartos de final es la plataforma de lanzamiento de muchas opiniones, acalorada polémica y escaso debate. Ya cuando el fútbol no puede medirse en goles, pases y relevos se juzga la calidad y el convencimiento de las lágrimas. La ecuación se modifica y rigen otros valores. Luego todo decanta y empieza el trabajo fino de proponer una continuidad o “rosquear” para encontrarle un sucesor al rey. Todo vale. La manera de vivir el fútbol nos pone en ese estado. Los enviados especiales cuentan. Los panelistas opinan. La gente decide con quien va y contra quien va Hay buena leche, hay mala leche. Pero en esencia lo que hubo fue un partido dominado de principio a fin por Alemania. El equipo de Joachim Löw fue superior y quiso que se supiera que eso era así. Alemania fue un bloque organizado parado a 20 metros de su arco que asfixiaba la salida de la Argentina y le obstruía la recepción del primer pase. Bastian Schweinsteiger fue quien ordenaba al equipo desde el centro de la cancha. Podía quitar la pelota y ser el generador del juego en velocidad. Schweinsteiger abarcó todo los aspectos primordiales del juego: ordenar, quitar, jugar, mandar y llegar. Su control territorial con Sami Khedira fue el equilibrio para que Klose bajara unos metros a presionar y luego saliera en velocidad para llegar al gol. Lahm por la derecha y Podolski retrasado para no dejar crecer a Maxi Rodriguez (tuvo que cambiar posiciones con Di María) y ensuciar los arranques de Messi.

Alemania hizo algo sutil y decisivo: encimaba a cada jugador luego del primer toque de pelota. Pararla, girar y decidir fue una tarea imposible para los futbolistas argentinos. El partido también indica que nunca se puedo adivinar la propuesta argentina en la tarde de Ciudad del Cabo. No hubo cartas de intención que pudieran descubrirse. Alemania puso todo y quitó todo.

El partido también mostró que hubo un error concluyente al sacar a un Otamendi nervioso y acelerado (el equipo lo estaba) y recostar a Maxi Rodriguez por ese sector: los tres goles alemanes luego vinieron por ahí. El proceso del dolor es personal y se hace comunidad en Twitter y Facebook. Estamos transitando las horas de los juicios sumarísimos en ese país del fútbol donde los discursos cambian sin razones aparentes. Nada nuevo. La novedad es que está Diego Maradona en el medio y está catalizando el momento de transición. Qué se siente por Maradona, ahora, es un callejón sin salida: quien lo ama, lo ama más. Quien no lo soporta, lo soporta menos. Asunto para los bandos donde unos “bancan” y otros condenan.

En el camino la Argentina se quedó afuera del Mundial. Con una derrota dura. Superada en cada fase del juego. Dos goles fueron con jugadores metidos abajo del arco y entrando con pelota y todo Aturdidos en Sudáfrica 2010 por la tendencia de buscar coincidencias con otros mundiales, otros partidos, la astrología y hasta el misticismo, el desenlace fue otro. Ni como en el 86, ni como en el 90, ni como en el 94. Una derrota muy parecida a como Argentina se fue de Alemania 74.

(*) Información provista por canchallena.com.

Copyrigth 2010. LA NACION SA.