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Notas

La cruda realidad, endurecida por el frío

San Rafael está viviendo un duro invierno con temperaturas que difícilmente de noche superen el grado bajo cero. Hay quienes lamentablemente no tienen cómo calentarse y quienes directamente, duermen a la intemperie. Imágenes de una realidad donde la política social mira para otro lado. Molesta, pero sin dudas, también duele.
Foto: Agustín Mauricio/Mediamza.com
Foto: Agustín Mauricio/Mediamza.com

Mediamza.com recorrió distintos sectores de la ciudad, para ver la realidad de quienes tienen que sufrir necesidades o directamente, la desolación de no tener dónde dormir en este crudo invierno.

Todos nos quejamos del frío que ha asolado las mañanas de estos últimos días, pero la mayoría de los que leen y escribimos este diario, lo hacemos desde la comodidad, o al menos desde el refugio que nos da el hogar que habitamos.

Pero hay una realidad muy distinta. La de los que hacen un esfuerzo por superar las horas de la noche en las que las temperaturas llegan hasta los -7º, con sensaciones térmicas que superan los 10 grados bajo cero.

¿Cómo hacen para sobrevivir al invierno?

La terminal y el hospital, refugios eventuales

Un lugar que históricamente sirvió de refugio para los desamparados es la terminal de ómnibus. Allí hasta no hace mucho la sala de espera se mantenía cerrada de noche, por cuestiones de seguridad, y para evitar alguna escena desagradable, por cuanto en las benévolas noches de verano, algunos jovencitos la usaban como refugio amoroso.

Así que quienes ahora la “habitan”, tenían que dormir afuera, directamente sobre los bancos. Con buen criterio, los encargados de la seguridad decidieron dejarla abierta, al menos en este crudo invierno,  por los pasajeros que viajan de noche y que no tienen dónde esperar los colectivos.

A partir de esa situación, hay algunas personas que “vienen a dormir aquí, pero no molestan a los pasajeros. Son gente que no tiene a dónde ir”, manifiesta el dueño de un comercio dentro de la terminal.


También el hospital Schestakow sirve como refugio, especialmente la sala de espera contigua a la  guardia. “Hay un hombre que viene casi todas las noches”, dijo un policía que estaba de guardia. Hay otro que encontró un lugar donde pasar la noche en una especie de depósito del hospital que se encuentra frente al estacionamiento del mismo.

Tu barrio, mi barrio: El Molino

Muchos son los barrios sanrafaelinos que sufren carencias y necesidades y donde la ayuda llega en cuentagotas. El Barrio El Molino no tiene gas natural y los dueños de las precarias viviendas que lo componen utilizan diferentes estrategias para neutralizar el frío. Un hombre que prefirió no dar su nombre porque “recibe un plan y tiene miedo a perderlo”, manifestó: “los políticos acá empiezan a venir a vernos cuando se vienen las elecciones. Por estos días, ni aparecen. Ahora no les importa lo que pase aquí”.

Utilizan estufas eléctricas, a kerosene y algunos, a leña. Para bañarse calientan agua en una cacerola, aunque hay algunos que ni siquiera tienen baño. Al internarnos en los vericuetos que proponen las calles internas del barrio, encontramos una paradoja que realmente muestra la fragmentación conceptual en la que vivimos como sociedad. Y el atraso, por supuesto.

En el barrio no hay cloacas, y como dijimos, hay muchas viviendas que no tienen baño, pero haciendo un cálculo arriesgado y sujeto a error, podríamos decir que hay un celular por cada habitante del mismo. Y caminando por los pasillos, advertimos las luces de la telvisión en la inmensa mayoría de las casas, algunas de ellas, realmente precarias, pero con pantallas de 29 pulgadas.

Huelga explicar que eso no es culpa de quienes habitan esas casas, o al menos no son los únicos responsables. Otros que viven en casas más cómodas y mejor equipadas, son los  que toman las decisiones que los llevan a ellos a esa condición.

Un humilde hogar en Barrio El Molino.

Más de un vecino da testimonio de que les es muy difícil conseguir gas envasado y que no se respeta el precio impuesto por el gobierno. “Nadie la cobra a menos de $18 o $20 y algunos hasta $30, y no les podés decir nada porque si no, no te venden”.

Una estufa eléctrica, único sistema de calefacción en el comedor de una vivienda de Barrio El Molino.


Un refugio privado, o mejor dicho, solidario

En nuestra recorrida por la noche y la intemperie sanrafaelina nos encontramos con una sorpresa que pocos conocen. Recientemente se inauguró en la esquina de Alsina y Castelli, un "hogar de paso" para personas que no tienen a dónde ir. Es parte del Proyecto Ciudad de la Caridad que se sitúa en Rama Caída y depende del Instituto del Verbo Encarnado.

Es una casa cuyo dueño la ha cedido desinteresadamente para esta obra. 10 personas son las que pueden pasar la noche allí, aunque sólo hombres. Las puertas de la casa se abren a las 20:30, les dan la cena y tienen que retirarse luego de desayunar, al día siguiente a las 8:00.

“Mario, un hombre de 59 años que trabaja cuidando coches, espera a que abran la puerta de un hogar para los desamparados, donde pasará la noche"

Sin embargo no se trata de un asilo, por lo que esas personas deben buscar una solución a su problema ya que pueden permanecer en el hogar entre 15 y 30 días, dependiendo de la situación. No recibe ningún tipo de ayuda estatal y se mantiene con donaciones de particulares. “Hay noches que vienen más de 10, entonces al último que llega hay que decirle ‘mirá, está completo’”, explica el responsable del lugar.

Lo que mostramos en esta nota es apenas una pastilla de realidad. Es la que viven personas y familias enteras que esperan ansiosos el fin del invierno.

Muchas veces nos conmovemos por las imágenes que nos muestran la televisión o internet, y hasta podemos donar algunos centavos con nuestras tarjetas de crédito, para menesterosos que viven a miles de kilómetros de donde dormimos.

Las fotos y los testimonios referidos en esta nota, nos muestran la misma realidad aquí, en nuestra comunidad.

Para encontrar algún caso de estos, no hace falta más que dar vuelta en alguna esquina de nuestra ciudad. 

Para no verlos, alcanza con dar vuelta la cara.