Notas
Una familia que encontró "La Llave" de su destino
Hace aproximadamente tres años, Marcela Martínez y su esposo Eduardo Mara, junto a sus hijos, decidieron dejar la Capital Federal y todo lo que allí los retenía para desafiar el futuro en tierras totalmente diferentes en cuanto a lo social, cultural y económico.
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Así, decidieron incursionar en el rubro del combustible, concretamente como propietarios de una Estación de Servicios, aunque en principio alquilaron la única existente en el distrito La Llave, propiedad de José Miralla, con una trayectoria que supera los 30 años.
Desde hace alrededor de un mes, la familia Mara – Martínez, cuenta con su propio local que equivale a una inversión cercana al millón de pesos.
-Antes de llegar a San Rafael… ¿Qué dedicación laboral tenían?
Eduardo Mara – Concesionábamos el buffet del Comando de Sanidad y el salón de fiestas y también el buffet de la Sastrería militar correspondiente al Ejército Argentino, sitos en Parque Patricios y Barrio Las Cañitas, de Capital Federal.
– ¿Les permitía vivir económicamente tranquilos con el rédito que obtenían de ese trabajo?
Eduardo – Sí, vivíamos bien, cómodamente, en cuanto a lo económico
– ¿Por qué decidieron dejar todo eso e irse de Capital Federal?
Marcela Martínez – Porque el ritmo de vida allá se tornaba insostenible y además era cada vez más notable y peligrosa la inseguridad, sobre todo teniendo en cuenta que teníamos hijos muy pequeños y una hija adolescente, de 13 años, con todos los riesgos que eso puede significar, de hecho a mi hija le toco presenciar una situación bastante incómoda, que puede dejar secuelas u ocasionar trastornos en cualquier joven de su edad, ya que retornando desde la escuela a su casa fue testigo de un asesinato en plena calle y a la luz del día.
– Pero vos Marcela sos oriunda de San Rafael, así es que ya conocías la forma de vida de este lugar, al que luego de algunos años volviste
Marcela – Sí, nací en la ciudad de San Rafael y ahí viví hasta los 15 años, cuando me fui a Buenos Aires con mi familia, en una época (1986) donde muchos emigraban a la gran ciudad porque allí existían mayores oportunidades de progreso.
Mediamza.com – ¿Cómo está compuesta tu familia?
Marcela – Por mi esposo y cuatro hijos, Nahir, que actualmente tiene 16 años, Camila de 11, y los mellizos, Elián y Luciana, que tienen 5 años.
– ¿Por qué eligieron La Llave, cómo fueron sus comienzos en este lugar y en qué cambió sus vidas?
Eduardo – En realidad vinimos a algún lugar de San Rafael, ya que mi mujer es de acá, tiene a su madre y hermano, entonces desembarcamos aquí.
Como todo comienzo las cosas no fueron tan simples, pero gracias a Dios los chicos pudieron adaptarse en tiempo y forma al colegio, al entorno social, a la manera diferente de vivir.
Nuestras vidas cambiaron precisamente en eso, en lo social. Aquí es todo más tranquilo, más sencillo, se vive a un ritmo notablemente menor, que es lo que buscábamos.
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– ¿Por qué una Estación de Servicios?
Marcela – Buscábamos algo que nos permitiera desarrollarnos laboralmente a los dos, ya que en la Estación de Servicios, además del combustible, se encuentra como anexo el Minimarket y algunas otras cosas que paulatinamente se fueron sumando.
– Poco tiempo después de haber llegado a La Llave y estar trabajando en la Estación que alquilaban sufrieron un hecho de inseguridad.
Eduardo – Sí, cuatro meses después de llegar sufrimos un asalto a mano armada, por dos personas, según lo que luego nos dijeron, el primero o uno de los primeros hechos delictivos con estas características que se registraba en esta zona, donde habían clientes que fueron reducidos por los delincuentes, los obligaron a tirarse al piso y querían llevarse a uno de los chicos, pero finalmente escaparon sin hacernos demasiado daño físico, solo nos sustrajeron algo de dinero en efectivo y tarjetas telefónicas.
- ¿Les dejó algún tipo de secuelas haber sido víctimas de este hecho?
Marcela – Y sí, nos dejó preocupación, porque nos dimos cuenta que la seguridad del lugar no estaba garantizada en un alto porcentaje como para vivir con cierta tranquilidad o comodidad.
– ¿Cambió algo en ustedes tras esta situación; pensaron en irse a otra parte?
Marcela – Yo me quería ir aquella misma noche que nos robaron, pero posteriormente y pensándolo con mayor frialdad, hablándolo con Eduardo y con mis hijos, decidimos continuar y seguir apostando por esto, en el mismo lugar, y la verdad es que no me arrepiento, porque después de aquel trago amargo que tomó transcendencia a través de los medios de comunicación, nuestro trabajo fue creciendo y dando frutos, lo que nos siguió animando y creyendo que se podía prosperar, y todos nos apoyaron, los familiares, los clientes, los amigos y los no tanto también.
– ¿Cómo iniciaron el proyecto de una Estación propia?
Eduardo – A partir del crecimiento paulatino logrado en el lugar donde alquilábamos, comenzamos a pensar en la posibilidad de tener algo propio, ciento por ciento nuestro, lo analizamos mucho, hasta que decidimos adquirir un terreno en La Llave y comenzar la construcción correspondiente, con la finalidad de seguir en el mismo rubro.
- ¿Cuándo iniciaron la obra?
Eduardo – En agosto de 2009, para lo que contratamos mucha gente para que fuera lo más rápido posible, y en mayo de este año nos trasladamos al propio y nuevo local, donde además construimos nuestra casa.
– ¿Qué características tiene la obra?
Eduardo – La obra consiste en un salón de 10 por 20 metros, donde contamos con Minimarket, artículos para el hogar, mueblería, lubricentro y un minicomedor.
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En la parte externa al edificio se encuentran los tanques de combustible, gas oil y nafta, el surtidor, un playón de hormigón de 25 por 15 metros en su frente, playa de estacionamientos para todo tipo de vehículos, incluidos los de carga pesada, churrasqueras y por supuesto que tenemos baños con duchas.
– Hace poco más de un mes que se encuentran en su propio local. ¿Cómo se desarrolla el trabajo, comercialmente hablando?
Eduardo – Muy bien, nunca imaginamos que nos visitarían tantos turistas y además seguimos recibiendo el visto bueno de la gente, que es muy importante.
Marcela – Una de las cosas que me ha sorprendido gratamente es la parte de mueblería, donde la gente presta gran interés, se acerca permanentemente, pregunta y adquiere mercadería en aceptable cantidad.
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– ¿Piensan seguir creciendo, que el comercio sea más grande e incluir otras cosas?
Marcela – Sí, estamos pensando en tener un corralón y también queremos trabajar en la posibilidad de transformarnos en un informador turístico, por lo cual ya tuvimos una reunión con autoridades de este área en San Rafael, donde nos dijeron que se puede llegar a concretar, con el apoyo de la Dirección de Turismo local.
Esta idea surge a partir de que consideramos estar un tanto alejados del centro de la ciudad de San Rafael, 40 kilómetros al Este de la misma, y sería importante para el viajero contar con un lugar de paso, donde pueda adquirir la información referente a los complejos turísticos que tiene el departamento, uno de los principales destinos del país elegido precisamente por los turistas.
Además estamos sobre una ruta nacional que tiene conexión con San Luis, Córdoba y Buenos Aires, y justamente desde la salida de la ciudad hacia el Este no hay un lugar donde se pueda obtener este tipo de información hasta llegar a la capital de San Luis, que se encuentra a 200 kilómetros de San Rafael, aproximadamente.
- ¿Cuál es el objetivo a futuro?
Eduardo – Seguir progresando y apostando por el crecimiento de este lugar, de ese crecimiento dependerá el transformarnos en una fuente laboral que sume un granito de arena para hacer un aporte al desarrollo económico de la zona, esa es nuestra meta.
Las ganas, la energía, la voluntad y el combustible para prosperar y hacer crecer este rincón de San Rafael, puede notarse a simple vista en las caras de esta familia, que creyó en la posibilidad de ser un impulso más para el desarrollo de un pequeño pueblo como La Llave, que les abrió las puertas haciéndoles entender que se puede soñar.
Porque los sueños no están prohibidos.