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Notas

El fútbol poco se mezcla con las cosas del pasado

Aunque los holandeses colonizaron la región, el equipo naranja se siente a gusto con el respaldo.

JOHANNESBURGO.- Unidos por el fútbol, sudafricanos negros y blancos reconstruyen un país que hace 15 años jamás hubiera imaginado que en un estadio de Soweto Holanda se sintiera como en su casa. Sucedió en el partido ante Dinamarca, en el estreno mundialista, y pasará mañana, en la final frente a España. Aunque los holandeses colonizaron Sudáfrica hace tres siglos y sus descendientes instauraron el régimen del apartheid, el equipo orange está a gusto, impulsado por los afrikáners, la minoría local en la que Holanda se siente aquí representada.  

En Sudáfrica, un 7 por ciento de los 50 millones de habitantes son afrikáners, el grupo étnico que colonizó la zona del Cabo en el siglo XVII. Ellos son los granjeros, los boers. Son quienes ostentaron del poder político y económico durante los oxidados tiempos de segregación racial. Ellos son el rostro blanco de un país que aún peregrina por el camino de la reconciliación étnica.  

Más de 20 mil personas se reunieron el martes pasado en el corazón del centro de Ciudad del Cabo para observar en pantalla gigante la semifinal que ganó Holanda contra Uruguay. Otra multitud lo siguió en la cancha, en el estadio Green Point.  

Tefani Krupke y sus hijos Tanisha, Sevier y Tarren caminaban tomados de las manos por los alrededores de Soccer City en la antesala al partido entre Holanda y Dinamarca. Era la dulce postal de una familia sudafricana con orígenes europeos. Los cuatro vestían la camiseta amarilla de los Bafana Bafana, por entonces todavía en carrera, aunque Tanisha, una niña rubia de ojos encantadores, empuñaba un improvisado mástil plástico con la bandera de Holanda. Los Krupke son una parte del 7 por ciento afrikáner de las 50 millones de personas que habitan Sudáfrica.  

"Mi familia es holandesa y vive en Amsterdam, pero yo nací en Johannesburgo. Ahora vinimos a apoyar a Holanda, como antes fuimos a apoyar a Sudáfrica", dijo Tefani Krupke.  

No solamente los sudafricanos blancos respaldaron abiertamente a Holanda. También hubo negros, como Robert Legelanitlwa, un comerciante de Soweto que se animó a lucir una gorra anaranjada con forma de pelota anidada en el techo de su cabeza. "Quiero que gane Holanda porque es un equipo que me cae simpático y porque es donde juegan Robben y Sneijder, a quienes los veo siempre por la televisión".  

"Apoyo a Holanda, no me importa el pasado. Antes era antes y ahora es ahora, es un país libre", afirmó en diálogo con AFP Fundi Nqoloba, de 34 años.  

Comparte el mismo entusiasmo por el seleccionado de Bert van Marwijk, Magmoeda van Wyk, un muchacho de 32 años nacido en Ciudad del Cabo. "Voy con ellos porque hablamos afrikáans. Su lengua y la nuestra es la misma", opinó.  

En una charla distendida con el embajador argentino en Sudáfrica, Carlos Sersale di Cerisano, surgió una inquietud sobre el sentimiento anticolonial de un país en el que el color de piel es a veces una cuestión política. "Los sudafricanos no trasladan el anticolonialismo al fútbol. Los sudafricanos son fanáticos del fútbol inglés o del fútbol que ven por televisión. No existe una rivalidad continental u odio con otros países".  

A un día de la definición del Mundial, la tracción afrikáner hará del Soccer City un sitio cálido y familiar desde donde Holanda impulsará el sueño de ser campeón por primera vez en su historia.  

*Información provista por canchallena.com
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