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Notas

Una fiestas con las figuras... y Maradona

El magnetismo está intacto: el DT que vive reinventándose fue el más aplaudido en el entrenamiento.

PRETORIA.- Apenas habían transcurrido unos minutos de las cuatro de la tarde y un sol respetable resistía el clásico embate del aire gélido que, a partir de esa hora, empieza a invadir la ciudad más diplomática de Sudáfrica. Tal vez ayudaba, cómo no, el calor que irradiaba ese público que había colmado la tribuna techada del Tuks Stadium, en el corazón mismo del High Performance Centre de la Universidad de Pretoria. Casi 5000 allí adentro, ardientes, y unos cuantos centenares afuera, calientes, habían aceptado gustosos la propuesta, justo en el día del comienzo del régimen FIFA, que obliga a abrir periódicamente las puertas de los búnkeres seleccionados: ver un entrenamiento de la Argentina, con todas sus figuras. Con todas. 

Salió Messi y fue muy, muy aplaudido. Salió Tevez y las manos se calentaron todavía un poquito más. Pero salió Maradona y fue definitivamente una explosión. Estalló un público heterogéneo, compuesto por hinchas argentinos llegados desde todos los rincones del país -como los de Rafaela, que allá en el extremo de la cancha colgaron una bandera argentina con la imagen de Diego y el Che Guevara- y por argentinos residentes aquí; por sudafricanos sin distinción y también por algún nigeriano, que aquí son muchos -alguno creyó ver a algún espía del primer rival de la Argentina-; por alumnos de la Universidad y por alumnos de las escuelas visitadas por el propio Maradona en su viaje de enero pasado, antes del Mundial. 

Algo extraño provoca este hombre que cruza primero la rojiza pista de atletismo para poner después su pie izquierdo sobre el césped impecable, con su renquera ya característica, producto de aquel accidente en La Habana, a principios del milenio. Camina con las manos detrás de la espalda, rodeando el loco que organizan sus jugadores y enseguida comienza su sesión de mimos y aliento. Los "Bieeennn, bieeeennn" y "Bueeena, Bueeena" que ya empiezan a formar parte de su diccionario, como el "Cabeza de termo" o el "Te lo juro por Dalma y Giannina" . 

Tal vez para desorientar a los periodistas o a los espías, si los hay, o tal vez sólo para divertirse viéndolos, arma un equipo irresistible, encima colocándoles los arcos más al alcance, en las puertas de las áreas grandes. Para ese equipo atacan, juntos, Messi, Tevez, Higuaín, abastecidos por Verón y Maxi Rodríguez, y con el respaldo de Romero, Jonás, Burdisso, Mascherano y Otamendi. Enfrente, Andújar; Clemente, Demichelis, Samuel, Heinze; Pastore, Garcé, Bolatti, Di María; Agüero y Martín Palermo. 

Fueron dos cortos tiempos. Uno de 20 minutos, que terminó 3 a 3, y otro de 15, que terminó 0 a 0. Después del 1 a 0 de Tevez, Maradona debió recurrir a uno de sus "Bieeen" y "Bueeena" más expresivos: Garcé definió de zurda y escuchó más los gritos de su DT que alguna de las ironías en las tribunas. Milito puso el 2-1, Bolatti el 2-2 y Pipita Higuaín, la ovación: Messi arrancó por izquierda, se juntó con Tevez, que le devolvió de primera, y otra vez Messi, a toda velocidad, habilitó de un toque a Higuaín, que convirtió. Cuando Di María hizo el 3-3, los hinchas todavía estaban aplaudiendo. Maradona, por supuesto, también. Algo extraño provoca este hombre que en la conferencia de prensa, hace unos días, comentó como al pasar: "Yo me vengo reinventando y lo tengo que hacer porque me lo exige mi cabeza". ¿Cuántas veces se ha reinventado, ya? 

Hace seis años, un 6 de junio como ayer, cumplía 28 días internado en un neuropsiquiátrico. El parte médico del día indicaba que estaba de muy buen humor, que continuaba mostrando avances en el tratamiento contra su adicción y que estaba compensado cardiológicamente. Dudaba entre permanecer allí o irse a Cuba para seguir con el tratamiento. 

Hace cinco años, se presentaba en el programa de TV La cornisa y confesaba: "Hay algo que hizo clic en mi cabeza; de estar prácticamente muerto a estar tranquilo, como ahora, pasó bastante. Es que a uno le cae la ficha y se pregunta por qué estaba tan mal teniendo la posibilidad de tener esta vida. Nunca había encontrado esto. Prefería otras cosas. Ahora estoy muy bien y se lo quiero gritar a todos los argentinos. Hoy soy feliz...", decía. Dos días más tarde, volvía al predio del seleccionado en Ezeiza después de más de una década sin pisarlo, para saludar a los jugadores que enfrentarían a Brasil. 
Hace cuatro años, también un 6 de junio, participaba de un partido a beneficio de la Cruz Roja en Giugliano, cercana a Nápoles, y partía rápido hacia Alemania, donde comentaría el Mundial para la TV española. Antes del debut del seleccionado, bajó al vestuario y arengó. 

Hace tres años asistía al partido de Boca contra Cúcuta, después de estar más de un mes internado en los sanatorios Güemes y Los Arcos, además de la clínica Avril, por una nueva descompensación, internaciones durante las cuales más de uno pretendió tener la primicia de su muerte. 

Hace dos años, volvía de Cannes, donde se había presentado como una de las estrellas del Festival, gracias al documental estrenado por Emir Kusturica. 

Hace un año, dirigía a la selección argentina contra Colombia. En el Monumental lograba un triunfo sufrido pero importante, después del cachetazo que en abril le había propinado Bolivia. 

Ayer, un Maradona reinventado una vez más terminaba la práctica dándoles besos y abrazos a sus jugadores. Luego conversaba brevemente con Carlos Bilardo, al borde del campo, y, finalmente, aplaudía a la tribuna, antes de pegarse tres golpecitos en el corazón y apuntar a la gente. De las tribunas bajaba cada tanto un "Vamos, vamos Argentina" aprendido de apuro, como en el aviso, mezclado con la música de las vuvuzelas. 

Está dicho: algo extraño provoca este hombre, que el día en el que se abrieron las puertas para que la gente viera a las figuras a él lo pusieron junto a ellas. 



La devoción que causó demoras

Tanto fue el entusiasmo que generó el seleccionado argentino en el entrenamiento en el Universidad de Pretoria que hasta los invitados de la embajada argentina en Sudáfrica tuvieron una demora en el ingreso en el Tuks Stadium. Al final, la gente se acomodó poco a poco, incluso los diplomáticos.



*Información provista por canchallena.com
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