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Notas
La Copa del Mundo salió de paseo y visitó Soweto
El trofeo se exhibió ante miles de personas en el barrio de Johannesburgo, símbolo de la resistencia y de la lucha contra el apartheid.
JOHANNESBURGO.- Kemeilwe carga en sus espaldas a su hijo Kamanelo, de nueve meses. Tiene 23 años y lleva al niño como una mochila, enfundado en una camiseta amarilla de los Bafana Bafana, el seleccionado sudafricano. Ella observa fascinada la Copa del Mundo. Se le dibuja una sonrisa simpática en ese rostro moreno surcado por ceños de felicidad y encanto. Retrata el momento con una fotografía y le gira la cabeza a su bebé para que alguna vez Kamanelo recuerde haber visto el trofeo. Esa copa dorada que desembarcó por primera vez en un continente desfavorecido, que el progreso olvidó.
Kemeilwe es una de las miles de personas que pasan por el Dlamini Center, una suerte de centro comunitario situado en el barrio de Soweto, el punto que eligió la gran industria del fútbol para exhibir públicamente la Copa del Mundo durante dos días. No es casualidad que la FIFA haya designado este lugar como una parada impostergable en el circuito del trofeo. Soweto es un suburbio salpicado por lágrimas de dolor e injusticia, un sitio que fue uno de los focos más vigorosos en la lucha contra el apartheid. Es un escenario simbólico, ícono de la resistencia, también de la paz y el perdón.
La visita de la Copa es la excusa inevitable para que Soweto viva su día de fiesta. Cientos de niños se ausentan de la escuela para ser testigos de una jornada que avanza a partir de los latidos del marketing. Coca-Cola y la FIFA despliegan su poder económico en un predio a cielo abierto, donde bajo un sol cálido juegan y se divierten miles de sudafricanos que esperan ansiosos por el comienzo del Mundial. Hay música y coreografías; la cadencia de la raza negra contagia los movimientos armónicos. También hay picaditos de fútbol, juegos para niños y sonrisas anónimas. Flota en el aire una sensación extraña, como si Sudáfrica le hubiera cedido parte de su soberanía a la FIFA.
"Jamás imaginé ver la Copa del Mundo y mucho menos verla acá. Le estamos demostrando a todos que Sudáfrica puede organizar el Mundial", expresa orgulloso Alfred, un comerciante de Soweto que hizo un alto en su tarea diaria para acercarse al Dlamini Center.
Raya el mediodía y aún falta que miles de personas más ingresen a ver la Copa. Serán 20 mil en todo día, según la estimación de los organizadores. Hay una fila que serpentea en el acceso, pero no hay desbordes. Hay alegría y entusiasmo. Diversión. El ánimo se manifiesta a través del grito ronco de las vuvuzelas, esas trompetas que le dan voz a la pasión. La FIFA activa y despliega sus dones industriales con la excusa de una pelota, mientras que Sudáfrica intenta mostrar su mejor rostro ante el mundo, alegre y natural.
Raya el mediodía y aún falta que miles de personas más ingresen a ver la Copa. Serán 20 mil en todo día, según la estimación de los organizadores. Hay una fila que serpentea en el acceso, pero no hay desbordes. Hay alegría y entusiasmo. Diversión. El ánimo se manifiesta a través del grito ronco de las vuvuzelas, esas trompetas que le dan voz a la pasión. La FIFA activa y despliega sus dones industriales con la excusa de una pelota, mientras que Sudáfrica intenta mostrar su mejor rostro ante el mundo, alegre y natural.
* Información provista por Canchallena.com
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