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Notas

Iniesta perdió el miedo y España, también

Con un gol de su figura, los europeos ganaron 2-1 y se sacaron de encima el peso de la primera caída.

PRETORIA.- Si el inexplicable error del arquero chileno Bravo le abrió el arco a Villa y el partido a España, el gol de Iniesta le garantizó el triunfo y le devolvió el alma a esa selección que aterrizó en Sudáfrica como favorita, pero fue recibida con un cachetazo de los que más duelen. Porque gracias a ese gol, España e Iniesta, que es como decir el equipo distinto y su jugador distinto, perdieron el miedo, un miedo que había llegado a sugestionarlos. 

"La vida me ha enseñado a no rendirme nunca. Este es uno de los momentos más difíciles que tengo que vivir", había escrito Iniesta en su perfil de Facebook, cuando, faltando poco para comenzar el Mundial, una nueva lesión lo ponía a prueba. En realidad, así venía, perseguido por las lesiones y por una sucesión de desgracias, desde la final de la Champions 2009, cuando Barcelona venció a Manchester United en Roma. Aquella vez, los médicos le habían recomendado: "No chutes a puerta". Pero él pateó al arco. "Me jugué la pierna", confesó entonces. Y nunca más volvió a jugar con absoluta calma. Encima, en el medio perdió a su gran amigo del fútbol, Dani Jarque. Una sucesión de infortunios que todos recordaron ayer, cuando coronó con un suave remate de derecha una fantástica jugada colectiva. 

Por eso, todos cayeron sobre su cuerpo frágil para saludarlo, cuando él ya había pateado el banderín del córner como desahogo. Después, los periodistas le pidieron que comparara la importancia de este gol con aquel que en su momento le había hecho a Chelsea, para el Barça: "Cada gol tiene su escenario, sus sensaciones. Aquel sirvió para llegar a una final y éste, para certificar el pase a octavos, que era el objetivo". Pero más valor le dio al primero, al de Villa, que le valió para comentar el partido: "Ha sido muy importante para nosotros, porque llegó en un momento difícil, cuando no nos encontrábamos cómodos. A partir de ese gol, el equipo se ha asentado un poco mejor en el campo, ha tenido mas dominio, se ha puesto mejor de cara?". 

Y allí abrió la puerta para que se fuera el otro miedo, el del equipo. Porque es cierto lo que cuenta Iniesta. España no había podido ser más que Chile hasta el error de Bravo, a los 24 minutos, aunque sí había expuesto a su rival a una sucesión de amarillas condicionantes: entre los 15 y los 20 minutos, fueron amonestados Medel, Ponce y Estrada. Hasta allí se habían visto dos equipos respetándose, al tiempo que se respetaban a sí mismos. Después, ya no. A los 37, llegó el gol de Iniesta y la expulsión de Estrada. España fue España, y empezó a tocar, y tocar, y tocar, con el pequeño Iniesta y con Xavi en el circuito y sumándole encima a Cesc Fabregas, que entró por el Niño Torres para tener todavía más la pelota. Con toques, España desconectó la electricidad chilena. 

El final fue extraño, es cierto, un toqueteo lateral que duró casi cinco minutos y ni siquiera permitió el ingreso de un suplente, que esperó en vano al borde de la cancha que el juego se interrumpiera. España, con la batuta, y Chile, de partenaire , parecían dos que piensan igual y le amargan la vida a un tercero, en este caso Suiza, que piensa distinto. Los dos estaban ya clasificados para los octavos. Pero España e Iniesta habían ganado algo más que un partido: le habían ganado al miedo a sí mismos.