Notas
Bielsa no mira por el espejo retrovisor
PRETORIA.- Detrás del hombre del gesto helado se esconde una persona con gran capacidad para emocionarse. Pero es más sencillo tratarlo de robot que intentar descubrirlo. Chile acababa de perder con España, pero por la mecánica de los goles, la clasificación para los octavos de final estaba a salvo. La estatua ecuestre de Marcelo Bielsa podía seguir en obra, nadie la mandaría a demoler. Sentado bajo toneladas de cemento en una salita del estadio Loftus Versfeld, escuchaba preguntas que derivaban en su figura admirada, el reconocimiento por su trabajo y el cariño que despertaba en la gente? "Es una invitación a la demagogia? así que exímame de la respuesta", esbozó apenas tuvo la oportunidad. Y soltó una genuina carcajada.
Claro, estaba feliz, ¿no? ¿Había espantado el trauma de la precoz eliminación y se había vengado de tantas aves rapaces que lo esperaban agazapadas? Creer eso sería tan mísero como imaginar que su economía gestual realmente representa su calidez.
Se desactivó el morbo que había instalado el circo mediático. Bielsa ya no iba a arrastrar otro adiós en primera rueda. Si alguien creía que le sobraban razones para estar plenamente feliz, él no. Si el empate 1-1 de la Argentina ante Suecia, en Miyagi 2002, en realidad impactó como una derrota, está caída 1-2 de Chile en Pretoria rebotó como un triunfo. Ahora, ¿eso vale para cubrirlo todo? Nunca funcionará así con Bielsa. No se le escapó ni una mueca de satisfacción cuando finalizó el partido y de inmediato se hundió en el pasillo que lo sacó de la cancha. En la conferencia de prensa respondió apagado y cabizbajo. Bielsa sueña destinos de grandeza porque se zambulle en esa dirección. Los logros que no llegan bajo ese impulso no lo movilizan especialmente. Y ayer Chile perdió, con una estela de errores detrás. Un inconformista. Un obsesivo de la perfección, que aunque sabe que es imposible alcanzarla, ¿porqué no aspirar a ella? ¿Por qué empequeñecerse en su búsqueda?
Chile, como Nación, por estas horas delira y ese festejo es genuino. Pero Bielsa sabe que Medel y Waldo Ponde alcanzaron las dos amarillas y ni ellos ni el expulsado Estrada podrán jugar ante Brasil. Bielsa jamás boicoteará las emociones ajenas. "Estoy muy contento por el esfuerzo que han hecho los futbolistas y también, por supuesto, por el apoyo incondicional de la gente. Producirle alegría, sobre todo a los que no pueden procurársela por otros medios, a todos nos da una sensación de satisfacción y de agradecimiento."
Su selección estaba entre las 16 mejores del planeta. Algo que no ocurría desde Francia 98. Pero no había espacio para distracciones contemplativas. Bielsa explicó que hasta el minuto 37, cuando llegó la roja para Estrada, hubo una producción de su equipo que lo conformó.
Después? ya no. Y no lo pasó por alto. "Llegamos fuera de distancia, no logramos anticipar con precisión. No es lo mismo quitarle la pelota a cualquier equipo, que a este español que hace de la posesión y de la circulación, un arte", detalló. Y en otro pasaje, agregó: "Nos costó defender porque tuvimos una posición pretenciosa para recuperar la pelota". En la noche que otros hubiesen desempolvado un arsenal revanchista, Bielsa se clavó un par de puñales.
En otra lectura del encuentro también deslizó algo de disconformidad: "España sintió que era suficiente para ganar y nosotros, instintivamente, también sentimos que clasificar era el objetivo prioritario. Si España hubiera tenido necesidades, ese hombre de más se hubiera hecho sentir de una manera que fuese mucho mas allá de mantener la posesión de la pelota". No se quiso engañar. Igual, varios pensarán que Chile ya se puede dar por cumplido? No esperen eso de este hombre que no cree ni en las claudicaciones ni en las concesiones. Incluso le preguntaron qué evaluación final hacía de este proceso que terminaba con la clasificación para los octavos de final, y no quiso reprimirse: "La pregunta da una sensación de labor cumplida y para nosotros no es así. Celebramos poder continuar en el campeonato y haremos lo imposible por que no finalice pronto para nosotros".
Bielsa desapareció del mundo público allá por septiembre de 2004, cuando renunció a la selección argentina. Reingresó a escena en agosto de 2007, atrapado por una propuesta del otro lado de la Cordillera. En el medio, dejó un vacío asfixiante. Cuando decidió salir de su mundo hermético, la noticia estalló reconfortante. Apasionado, consecuente, generó una revolución. Logró que un grupo de futbolistas que no son de elite creyera en un sueño. Desde la vidriera de la selección se sintió reconocido por la sociedad chilena y puedo rescatar valores que en la Argentina han caído estrepitosamente en desuso. Su selección, anoche reaccionó con la discreción de su líder y evitó cualquier manifestación desmedida. "Festejar la clasificación cuando se superpone con una derrota genera alguna ambivalencia, ¿no? Que queda reflejada en un equipo que clasifica, pero no celebra", retrató con aguda sensibilidad.
En las últimas horas los reflectores le apuntaron con rastrera avidez. Como no hubo sangre, se apagaron a la espera de otra oportunidad. No hubo crucifixión, tampoco venganza. Menos, compensación. Bielsa no necesitaba pasar la primera rueda en Sudáfrica 2010 para lavar la prematura eliminación de Japón 2002. "Son cosas distintas, aquella situación no cicatriza con ninguna performance posterior", dijo con arrolladora síntesis. Esa herida le dolerá eternamente y no habrá reparación. No se permitiría vivir a través del espejo retrovisor porque dejaría de imprimirle todas sus energías a lo que viene. ¿Cómo ocuparse de lo que sucedió hace 8 años si pasado mañana lo espera Brasil? El plan de Bielsa no se reducía a traer a Chile a un Mundial después de largos años de abstinencias. Queda a la vista que su proyecto es más ambicioso y supone quebrarle el espinazo al destino. Y en eso anda. Mandón por naturaleza y en pleno ejercicio de su liderazgo futbolístico y moral.
DIXIT
"Esta vez la historia va a cambiar; tengo una profunda esperanza de que en este mundial Chile va a tocar las estrellas". SEBASTIAN PIÑERA, PRESIDENTE DE CHILE.
"Estamos felices porque pasamos de rueda, pero nos vamos algo tristes por la derrota. Hay queavanzar". CLAUDIO BRAVO.
"No logramos nada y por eso creo que no hay nada para festejar; nos toca Brasil, pero podemos ganarles". RODRIGO MILLAR.
"Perdimos contra uno de los mejores; por momentos los hicimos verse mal y fue un gran mérito nuestro". JEAN BEAUSEJOUR.