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Notas

Yeoville, el suburbio negro y su cultura

Es el lugar donde se relacionan personas de todo el continente. Hay un sueño obligado que, en el contexto del torneo planetario, a todos convoca: el deseo de que, algún día, un seleccionado africano se corone Campeón del Mundo.

Es como ver a Africa reducida a unas pocas cuadras. El continente entero vive apiñado en la calle Rockey Raleigh, la arteria principal de Yeoville, un suburbio negro en el que después del apartheid se establecieron emigrantes y refugiados de países vecinos y no tanto. Hay africanos en tránsito, pero la mayoría de ellos ya se siente parte del barrio. En Yeoville conviven amistosamente cameruneses y nigerianos, marfileños y ghaneses, congoleños y zambios, todos unidos en un mismo deseo: que un seleccionado africano sea el próximo campeón del mundo. 

"Quiero que gane Ghana y supongo que está en condiciones de hacerlo", se entusiasma Sussan, una madre adolescente de pelo ensortijado que observa de reojo el partido de Alemania con Serbia en un televisor. Sussan es de Zimbabwe y vive de la costura en un puesto callejero. Ella se instaló en Yeoville hace un año, junto a su hermano Efraim, que no responde a las consultas porque su mirada quedó estampada en la imagen que repite el televisor por enésima vez: el gol de Serbia. 

Se llega a Yeoville después de ligeras advertencias de precaución y de atravesar Hillbrow, el barrio de las calles del miedo. Es viernes y el tránsito es desorganizado. Los jóvenes se sientan a no hacer nada en el cordón de la vereda y observan con cara poco amigable. A Yeoville lo comparan con los townships Alexandra y Soweto, por su fama de conflictivo y peligroso. Es un sitio símbolo de la resistencia clandestina, resguardo en algún momento de Mandela en los tiempos de lucha. Durante el drama de la segregación racial, Yeoville era ocupado en un 85 por ciento por blancos. En los años 90, todo cambió y, de acuerdo con el censo del 98, los negros ya eran más del 90 por ciento. Hoy no sería descabellado afirmar que esa cifra trepó al ciento por ciento.

 

 

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