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A su manera, Maradona juega

Hace lo que ningún otro DT: entra detrás de los futbolistas, interactúa con los colaboradores, usa las palabras con humor y acidez y hasta... devuelve pelotas con lujos.
Foto: EFE
Foto: EFE

JOHANNESBURGO.- Maradona juega. Pasan los días, pasan los partidos, avanza el Mundial y aquella expresión que al principio sólo servía para definir su particular estilo de conducción se extiende, crece. 

Maradona juega cuando entra en la cancha junto con sus jugadores, poco más de una hora antes del partido, y va recorriendo sector por sector, en busca de su familia, pero también saludando a la gente. Toma un afiche que dice Argentina campeón del mundo y lo señala.

Enseguida, se va y vuelve con sus jugadores para el calentamiento: uno por uno, palabra y palmada. Para alguno, con más énfasis: Di María, por ejemplo. Termina con una larga charla con Verón, en el círculo central. Después, se vuelve a ir y vuelve a volver, ya de traje, con un rosario apretado en su mano izquierda, detrás de sus jugadores. Es el único DT que lo hace; los demás esperan a su plantel en el banco: él, en cambio, cierra la fila y se ubica en su lugar, apuntado por tantas cámaras como el equipo. 

Maradona juega cuando encara a su colega coreano Huh, como si 24 años no hubieran pasado. Sólo que no están de pantalones cortos y, en lugar de correr por la cancha -uno, con la pelota; el otro, marcándolo- ocupan el corralito reservado a los DT. Maradona se queja, como antes, de los golpes, que ahora reciben Messi y compañía; Huh le responde que no se queje y que calme a sus jugadores. Todo por señas, todo durante el partido. Viene una pelota de aire y Diego la engancha de primera, con un taco de lujo, ante el gesto azorado de Huh. No habrá saludo, al final, aunque Diego lo busque con la mirada. 

Maradona juega cuando grita los goles de ese arranque dominante, pero también cuando se acerca a sus ayudantes, Mancuso y Enrique, en ese momento en el que los coreanos parecen haberse despertado y los argentinos, desconcertado. Escucha, habla, escucha. Mira hacia ese sector donde apunta el brazo derecho extendido del Negro, allá sobre la izquierda del ataque argentino. Y decide el cambio: Kun por Tevez. Kun, sí, pero ¿por Tevez? Sí, por Tevez. Y acierta el CT, contra la presunción del analista, que creía ver en Tevez el espíritu de lucha necesario para impedir la resurrección coreana. Pero resulta mejor Kun y su capacidad de juego, su facilidad para asociarse con Messi. Después de unos veinte minutos de desconcierto, la Argentina lo remata, con Kun como protagonista. 

Maradona juega cuando entra en el campo, al final del partido. También es el único DT que lo hace. Saluda a todos, pero a algunos más. A Messi, por supuesto, pero también a Demichelis, justo en el centro de la cancha y en el ojo de la tormenta. 

Maradona juega, después, ya de buzo de nuevo, cuando en la conferencia rechaza de mala manera cualquier insinuación de crítica: "Después del error de Demichelis, ¿qué? ¿Qué pasó en el segundo tiempo? No entiendo la pregunta? Corea en ningún momento nos encontró la vuelta. Sacando un contragolpe. No nos encontró la vuelta. 

Demichelis puede tener un problema como cualquier jugador del mundo. Y de hecho, lo tuvo. Y a nosotros no nos afectó en nada. Al contrario, nos hizo fuertes por un compañero que había errado. Y salimos a jugar el segundo tiempo mejor, y lo logramos. 

Salvo la jugada de Demichelis, en ningún momento nos habían pateado al arco. 

No tuvimos fisuras. Creo que la Argentina manejó la pelota a placer. Nos merecíamos un triunfo así. Si encontramos cosas negativas no las vamos a decir acá. Nunca reconocerá un error del equipo inmediatamente, en caliente. No es que no los vea: es que no los quiere decir.

Sólo habrá que esperar unos días: ayer, por ejemplo, después del partido contra Corea del Sur estuvo hablando de los errores cometidos contra Nigeria. ¿O no fue eso declarar? "Sabíamos que de la única manera que nos podía complicar Corea era no ser precisos en la mitad de la cancha, equivocarnos en los pases, dejarlos correr o cometer errores atrás, como pasó con Demichelis." 

Juega Maradona cuando repite su frase muletilla: "Tengo 23 fieras que están pendientes de la camiseta para salir a la cancha en cualquier momento, y eso me deja tranquilo, me deja feliz. El partido pasado hicimos jugar a Milito y hoy entro el Kun, entró Bolatti, pensé en Pastore?". Se puede apostar ya: por convicción o por necesidad, por rebeldía o por gusto, pero sobre todo por ganas, va a hacer jugar a los 23. Ya hizo debutar a cinco de los seis delanteros que trajo. Y eran muchos. 

Juega Maradona con sus mil caras cuando le traducen una pregunta del inglés: "Usted es muy cariñoso con sus jugadores, muy afectuoso. ¿Piensa que el amor puede contribuir a ganar la copa mun??". No deja terminar la traducción, abre grandes los ojos y se ríe: "Momentito, momentito. Me gustan las mujeres; estoy saliendo con Verónica; tiene 31 años. Es rubia; es muy bonita? No empecemos, porque, si no, van a pensar que quiebro la muñeca y no es así. Je? El afecto hacia mis jugadores es mi agradecimiento hacia el trabajo realizado. Quizá tenga debilidades, como las tiene cualquiera en todo grupo. Pero hemos hecho un grupo sensacional, un grupo que, si uno tiene que decir las cosas, las dice; hacemos permanentemente reuniones.

Lo hablamos y consensuamos. Creemos que el consensuar es mejor que el castigar, que poner una multa. Hablando se resuelven las cosas". 

Juega Maradona cuando incluye intencionadamente nombres participantes de una reunión de la que acaba de venir: "Lo hablaba con Bilardo, con Mancu, con el Negro; estaba también Julio.

Hablábamos de la buena onda que se respira". O cuando le responde, en italiano, a una periodista sueca que le recuerda que lo entrevistó antes de la final de Italia 90: "Non mi hai portato fortuna", le dice. 

Juega Maradona cuando le piden un título para la crónica. "La Argentina jugó un gran partido y fue implacable", responde. Juega Maradona: todavía es mejor jugador que DT, pero ayer fue mejor DT que titulero . 

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