Notas
Después de ver a todos, todos miran a la Argentina
Realismo o fantasía, un análisis o un juego, importante o insustancial: lo cierto es que la historia reciente marca que el favoritismo suele ser letal en los mundiales. Lo sufrieron como pocos la Argentina y Francia en Japón-Corea 2002, cuando llegaron como finalistas decretados y se fueron antes que nadie, o Brasil y Alemania en 2006, cuando la Copa quedó para una Italia que parecía devastada.
Decía Paolo Condó, de La Gazzetta dello Sport , hace unos días: "La Argentina tiene todo para ser campeón. Tiene al mejor jugador del mundo, aunque ustedes no lo entiendan. Tiene al mejor atacante del mundo, Milito. Maradona es la duda, pero debo decir que ha tenido un coraje enorme para asumir este desafío. Coraje o desesperación".
Dice ahora la mayoría, después de una vuelta entera de partidos y apenas comenzada la segunda: en un Mundial de timoratos, la Argentina impone respeto y hasta temor, justamente porque cuenta con una tremenda variedad de nombres para atacar. Milito, que sería titular en cualquier selección y en la argentina también, ayer ni salió del banco. Y quien jugó en su lugar, Higuaín, convirtió tres goles. Por eso, después de haber visto a todos, todos miran a la Argentina.
Pero quedarse sólo en eso, no advertir que hay errores por corregir y un largo camino por recorrer, podría ser tan letal como el mote de favorito que nadie, la Argentina tampoco, quiere tener.
*Información provista por canchallena.com
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