Notas
La Argentina es un equipo peligroso
JOHANNESBURGO.- Pudo golear, pero sufrió en el final tratando de espantar un empate que hubiese sido traumático. E injusto. Confirmó la esencia que se intuía detrás de un seleccionado que infunde temor y a la vez no despeja algunas intrigas. Definitivamente, la Argentina es un equipo peligroso. Atemorizó a Nigeria cada vez que el fascinante Lionel Messi se lo propuso, pero volvió a descuidar argumentos colectivos que tendrían que estar afirmados en un gran escenario como una Copa del Mundo. Se había advertido que las resoluciones individuales resultarían la explicación principal para sostener una propuesta que llegaba sin rodaje ni bases creíbles. La Argentina entregó en 90 minutos una combinación de virtudes con firma de autor y defectos con culpas compartidas. Una selección que respondió a su lógica; nadie se puede haber sentido estafado por su carta de presentación en suelo sudafricano: se pasea sugerente y provocadora, pero también se hace un tiempo para caminar por la cornisa.
Todo equipo que sueña con el título necesita de alguna estrella descollante y la Argentina cuenta con ese capital. Messi ayer le advirtió al mundo que llegó a Sudáfrica decidido a replicar en la selección todo lo que hace en Barcelona. Se cargó el equipo. Casi sin laderos ni sociedades, él ganó el partido. Hay una condición que se vuelve indispensable para pertenecer a la elite del fútbol: liderazgo. Una propiedad que acompaña a los jugadores capaces de encontrar una salida cuando a los terrenales se les nubla la cabeza. Un futbolista desafiante.
Que asuma naturalmente sus atributos para erigirse en diferente. Con convicción para encarar y arrojo para conducir. Messi lo hizo. Y pagó con una actuación alentadora tanto maltrato y despellejamiento público.
Messi, subido a su estela mágica, pareció saludablemente empecinado. Combinó sin desmayo porciones justas de talento y resolución. La Pulga representó las certezas y encendió la ilusión. Guió la partitura ofensiva de la Argentina. Dejó a sus compañeros en posición de gol. Construyó y ejecutó. Sólo esa muralla que fue el arquero nigeriano Vincent Enyeama le impidió decorar con goles una producción que encandiló a la prensa internacional y colocó en alerta a los futuros rivales albicelestes.
El crack rosarino representó las certezas que regaló el equipo. Las múltiples situaciones de gol que creó la selección aparecen en el haber de un equipo explosivo. No cualquier equipo puede superar tantas veces la resistencia del adversario. Pero debe ajustar la vinculación con el gol, porque el arsenal pirotécnico casi que está obligado a asestarle al marcador una tranquilidad que otras regiones de la cancha no garantizan. También quedó a la vista que la selección es un equipo directo, atado a los golpes de inspiración de Messi. Sin suficiente elaboración ni desborde por afuera, porque Di María casi nunca surcó la cancha con su gambeta por la izquierda y Jonás estuvo pendiente de cumplir una posición que no siente. Quedó desbordado como lateral y jamás impresionó con su galope extenso por la banda derecha. Tevez no terminó de asumir cuál era su posición y Verón ya entregó señales de un físico que lo puede traicionar.
Nigeria, sin atreverse hasta el final, sólo cuando la cercanía en el tanteador lo envalentonó, igualmente dejó en evidencia los desajustes en los retrocesos defensivos. Jonás penó en una posición que lo redujo y no se debería repetir. Maradona reeditó sus malas lecturas tácticas al demorar las variantes y, tarde, introdujo cambios que no gravitaron sustancialmente sobre un estilo que comenzaba a estar en jaque si Messi no tomaba el control de la pelota. Bolatti por Verón para cuidar la posesión, Burdisso por Jonás para cubrir con más agresividad el lateral y Pastore por Tevez o Higuaín para aceitar el diálogo con Messi sin perder profundidad eran sustituciones que reclamaba el segundo tiempo. Maradona no vio nada de eso. "No podemos perdonar tanto", explicó, luego, como único defecto para ajustar. Ojalá la mirada interna calibre la autocrítica.
El seleccionado abrió su marcha por la Copa del Mundo acompañado por una sensación de ambigüedad. Repartió optimismo, sin ahuyentar la preocupación. La Argentina es peligrosa: arrolladoramente filosa, pero con bordes autodestructivos. Juega confiada en lanzar una moneda al aire, con la esperanza de que en las dos caras esté Lionel Messi.
ROMERO, UNA PARTICIPACION SIN FISURAS
En una jornada en la que los arqueros tuvieron gravitación en el resultado, Sergio Romero cumplió con sobriedad: cortó los centros y resolvió los remates de media distancia.
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Copyrigth 2010,