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Notas

En Manhattan, aburrido y solo para ver Argentina-Nigeria

No hay gente reunida en los bares con vinchas. Cero cornetas, matracas y mucho menos, bombos. Busqué por todos lados complicidad y compañía para ver Argentina - Nigeria. Fue en vano.
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Alguna gente con camiseta argentina salió corriendo del aeropuerto JFK en Queens y tuvieron que explicarles a los guardias el por qué de la prisa: "El partido". No entendieron. Los demoraron.

Tras el ingreso a Manhattan, mis ojos indagaron alrededor del camino en la búsqueda de un televisor encendido, de un grupete albiceleste de entusiastas. O, al menos, de algún hincha nigeriano. Pero nada.

Ya en la Avenida 42, me lo dije, aún sin ser fanático futbolista: "La Gran Estación Central. Allí. Seguro que hay un bar con un televisor y ver el partido. Genial".

Tras recorrerlo de pe a pa, sólo me crucé con gente que está al pedo en sábado y, en realidad, muy poca, tranquila, buscando un desayuno para tomárselo caminando, como hacen por aquí con esos cafés gigantes.


Doble en Lexington y ya era la hora del partido. Desesperación novata en un no-futbolista que, repentinamente, se ve atacado por las ganas de ver "este" partido, el primero de la Argentina en el Mundial de Sudáfrica que ayer empezó y que me encuentra en Nueva York.

Doblo por la Avenida 39 y, a metros del río, me meto en el edificio. En la entrada hay un plasma con el partido en sintonía.

"Perdón, ¿hay algún argentino?".

"No", me responde la chica que, al final, hablaba español a la perfección, es dominicana, encargada del hotel y es ella quien relojea el enfrentamiento mundialista.

De repente, patea Lio Messi y "Uhhhh!", grito sin darme cuenta, deconociéndome a mí mismo. Animal y genéticamente argentino, al fin de cuentas.

Unas señoras vestidas-como-se-visten-los-holandeses (color caqui por todos lados, botas marrones de trekking, mochilas al tono) se paran y saltan, sobresaltadas."¡Sorry...sorry!", vomito y me apresuro a subir.

En elpiso 18, en "mi" penthouse, hay dos televisores gigantes. Enciendo los dos. Lo relatan unos centroamericanos para Univisión que la tienen contra Mascherano y que insisten en que el capitán del equipo debiera ser Verón. El comentarista es José Luis Chilavert que no dice nada nuevo: "La Argentina ha jugado un gran primer tiempo", señala el ex arquero paraguayo.

Termina el primer tiempo y escribo ésto.

Saldré a la calle a ver qué pasa si ganamos. (¿Pasará algo?)

Perlitas de chilenos en Manhattan

- Rumbo a Ciudad del Cabo, a los hinchas chilenos les cantaron "Guata - Guata"
 
El viernes, un grupo de hinchas (¿o barrabravas?) de la selección de fútbol chilena se amargó cuando frente al mostrador de la línea aérea que los llevaría a la Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, había un gran cartel que decía que el vuelo estaba demorado y suspendido sin horario. Sin más, se arrimaron a los bares y arrancaron con un café, siguieron con comida y, entrada la noche -y sin novedad de su vuelo- se prendieron con algún trago más interesante. A un grupo de panzones, otro grupo les cambió la letra de la canción mundialista de Shakira: "Guata - Guata", les cantaron, levantando el ánimo en el todavía alicaído aeropuerto Merino Benítez de Santiago.
 
- Ver el mundial en medio de la amansadora
 
Una gran pantalla colocó el aeropuerto de Chile en una de las salas de espera, en el costado Norte de la estación. Allí, la gente puede seguir las instancias del Mundial y, debido a que es un aeropuerto de conexiones con los cinco continentes, se ve a hinchas de los más diversos países asomados a la pantalla, por turnos.
 
- Pocos argentinos parten vía Chile al Mundial
 
No más de 10 argentinos eran los que aguardaban en la noche del viernes un avión que los llevara a Sudáfrica. La nave se llenaría de las camisetas rojas de Chile que, en forma masiva, vestían los fanáticos del vecino país que se preparaban para abordarlas. "Yo creo que nos va a ir muy bien", dijo un hincha envuelto en una bandera chilena. "¿Por qué?", le preguntamos socarrones. "Porque sí, y qué", largó, valiente.
 
- El relax de los barras trasandinos
 
La demora en la salida del vuelo que trasladaría a los barras chilenos rumbo a Sudáfrica los repartió por todo el aeropuerto. Uno de los sitios que coparon -además de los cafés- fueron los puestos de masajes. Como para llegar con la musculatura en forma, uno de los "Guata - Guata" se entrego no una, sino dos veces a los placeres del masaje, a la vista de todos y a razón de 10 dólares cada sesión.