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Notas

Los pretorianos de Maradona

Mancuso, Enrique, Signorini y Vilamitjana son los laderos del DT; cómo se ganó cada uno la confianza en medio de decisiones cruciales.

Apenas 24 horas después de nacida, la idea original empezaba a cambiar de forma: "Me pone contento que Diego tenga esta oportunidad. Lo quiero y soy su amigo, pero tengo mi cuerpo técnico y lo voy a respetar. Que no se entienda mal si no quiero ser su ayudante, hay que comprender que uno tiene otras prioridades", declaraba el Checho Batista, y detrás de él asentía el Tata Brown. 

Diego Maradona, como DT, y Carlos Bilardo, como secretario técnico, se quedaban solos al frente del proyecto de seleccionado que, un día antes, les había ofrecido Julio Grondona, con la intención de que fuera una conducción colegiada. 

"Por ahora no queremos que entre nadie más que nosotros dos en la cabecita de los jugadores", decía Maradona. "Ahora me meteré un poquito más yo y listo", decía Bilardo. "Ahora empezaremos a buscar alternativas para ver quién se sienta en el banco, conmigo, porque Carlos quiere ver los partidos desde arriba", decía Diego. "Veinte años esperando esto y ahora no podemos estar juntos", decía Bilardo. 

Han pasado mucho menos de veinte años desde aquel momento hasta hoy, pero parece mucho más si se tienen en cuenta las cosas que sucedieron y, sobre todo, quiénes y cómo han llegado hasta aquí, al miniestadio del HPC de la Universidad de Pretoria donde la selección argentina se entrena una vez más. Diego camina por la mitad de la cancha, dirigiendo la habitual práctica en espacios reducidos. Bilardo observa desde un costado de la cancha, con las manos anudadas detrás de la espalda, tal vez como símbolo de un rol pasivo. Allá del otro lado, alineados sobre la raya lateral, se los ve a los preparadores físicos, Fernando Signorini y Javier Vilamitjana, y a los dos ayudantes, Alejandro Mancuso y Héctor Enrique. 

Los "profes" son los únicos que estuvieron desde el comienzo. Cada uno a su manera y en diferentes etapas, aprendieron a conocer no sólo el físico de Diego como nadie, sino también su cabeza, su temperamento. 

Fernando Signorini apareció, por necesidad, ante uno de los momentos más trágicos de su carrera: resultó vital, junto con el recordado doctor Oliva, para que Diego se recuperara en tiempo récord de la fractura de tobillo que le había propinado Andoni Goikotxea en 1984.

Nacido el 7 de diciembre de 1950, en Lincoln, provincia de Buenos Aires, "El Ciego", como Maradona lo llamaba por sus problemas de visión, egresó de la primera promoción del Instituto de Educación Física de Lincoln en 1973, y luego se perfeccionó en distintas universidades de Europa. Culto, amante de la buena literatura, ha estado cerca de Diego cada vez que lo necesitó y, desde el afecto incondicional, ha dicho cosas muy crudas de él: "Yo le dije a Diego, después del Mundial de EE.UU., que nunca más iba a volver a trabajar con él, hasta el momento en que no decidiera, de una vez y para siempre, reconocerse como adicto y tratarse, porque si no se trataba, se moría". El es el encargado, siempre, de la arenga, previa a la entrada en calor: "No los recargo demasiado, simplemente les recuerdo la historia que representan". Y ha sido el encargado, también, de esta preparación física para el Mundial, también, sin recargarlos demasiado. 

Javier Vilamitjana estuvo en otro momento crucial de la vida de Maradona. Otra recuperación, esta vez a partir de 1994, cuando Diego acudió al Cenard y a la experiencia del doctor Néstor Lentini, para levantarse de nuevo. Javier, precisamente, era uno de los asistentes del prestigioso médico. Este egresado del Instituto Romero Brest, licenciado en Fisiología, con Máster en Educación Física en el Caece y pasos por varias universidades de Estados Unidos, nacido el 26 de noviembre de 1977, se convirtió para Diego, desde el primer día en que lo vio, en El Renegado. El apodo surgió del pelo larguísimo atado con colita que usaba y de la moto en la que llegaba todos los días al Cenard. Para su regreso a Boca, en 1995, se lo llevó con él a una concentración previa en Punta del Este y estuvo, por supuesto, en aquel partido de Seúl.

Cuando Diego se fue de Boca, él se quedó. Trabajó junto con Daniel Melendi y también fue personal trainner de Caniggia y Riquelme. Nunca, vale aclararlo, cumplió esa función con Claudia Villafañe. 

"El cuerpo técnico es el que va a ser presentado en Ezeiza, con Maradona, Bilardo, Batista y Brown? No habrá nadie más", decía Julio Grondona el lunes 3 de noviembre de 2008, ante una posibilidad de renacimiento de la vieja idea. Pero ese mismo día, Maradona decía: "Voy a intentar convencer a Ruggeri de que sea uno de mis asistentes, pero primero tiene que dar el visto bueno Grondona. Y también me en encantaría tener a Mancuso conmigo". Ruggeri aterrizó en estas horas en Sudáfrica pero, se sabe, como panelista de televisión y, se supo, Grondona pidió que le avisaran a él personalmente si pretendía ingresar al predio del HPC.

Mancuso, en cambio, está allá, del otro lado de la cancha, su cabeza enfundada en un gorrito de lana celeste, una pelota bajo el brazo y otra bajo la suela. 

Alejandro Víctor Mancuso, Avi para los más íntimos, nació el 4 de septiembre de 1968, en Ciudadela. Como futbolista, se encontró con Diego en aquella selección de Basile que jugó contra Dinamarca, en Mar del Plata, y contra Brasil, en el Monumental, en 1993, para luego compartir plantel en el Mundial de EE.UU. 94. Como empresario, a principios de 2006 convocó a Diego a para jugar al Showbol, una actividad que terminó siendo terapéutica y rentable para él. De allí viene un sentimiento de gratitud hacia él que lo llevó a imponerlo casi como una condición en el seleccionado. Podría haber sido su asistente personal, pero en el derrumbe de la idea original del "grupo del 86" terminó siendo su ayudante de campo. Incondicional de incondicionales, ha llegado a declarar públicamente, como lo hizo en una entrevista de Radio Cooperativa recientemente, que su mayor virtud es su disposición al trabajo constante: "Estar las 24 horas con el teléfono abierto", dijo. 

Héctor Enrique es el eslabón perdido de la generación del 86 en este cuerpo técnico. Y es, también, el autor de una de las frases más ingeniosas de los Mundiales: "Con el pase que le di a Maradona, si no hacía el gol era para matarlo", ha dicho, sobre la fabulosa conquista de Diego contra los ingleses, en México. Estaba a cargo de la selección Sub 15, y a punto de irse a dirigirla en el Sudamericano, cuando el 30 de octubre de 2009 Diego lo convocó para sumarse al cuerpo técnico: "Hablé con Julio (Grondona) de un plan B que era el Negro Enrique, quien ya me dio su conformidad, pero nosotros no queremos sacarle el técnico a nadie", dijo entonces, en referencia a Fernando Gamboa, a quien habían elegido pero finalmente seguiría al frente de Chacarita Juniors. 

Ha pasado un año y siete meses desde aquella reunión original en Grondona, Maradona y Bilardo en Puerto Madero. Hoy, en Pretoria, Diego está con los que quiere estar. 

LOS OTROS NOMBRES 
Gustavo Piñero (entrenador de arqueros) 
Donato Villani (médico) 
Luis García y Rubén Araguas (kinesiólogo) 
Marcelo Dalto y Mario Destefano (utileros) 
Marcelo D´Andrea (auxiliar) 
Eduardo Giménez (encargado de videos) 
Rubén Moschela, Omar Souto y Mariano Cabellón (administrativos) 
Diego Iacobone (chef) y David Lazcano (ayudante de chef).