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Notas

Bicentenario: Una postal desdibujada

Si Belgrano, Moreno, Castelli, el mismo Saavedra pudieran hablarnos al oído, y decirnos cuáles eran sus sentimientos y sus pensamientos en torno a la palabra libertad, y las implicancias de decidir vivir atados a esa generosa condición, quizás comprenderíamos cuales son los próximos pasos a seguir, para iniciar el ancho camino hacia el tricentenario

 

Finalmente, los calendarios marcaron el Bicentenario. Y aunque ya desde varios días atrás se venían generando, desde distintos ámbitos, toda una serie de eventos alusivos, pocas, o casi ninguna voz,  se escuchó diciendo que significa esta fecha.

Y, en la indiferencia, o el enojo, o la rebeldía,  nos quedamos en las imágenes que nuestra memoria registra, de aquellas celebraciones escolares. Simbología imprecisa, borroneada a fuerza de años de dibujar contornos, de repetir, como en copias centenarias, lo que algún poeta innombrado creó.

Pero esa suerte de escenas repetidas, de personajes ignotos, de láminas descoloridas hoy, en este 25 de Mayo, necesitan cobrar vida. Y como en una mágica función, repetir frases, diálogos, pensamientos, opiniones. Y recuperar identidades que nos señalen objetivos, los de 1810, para que, aplicados en los próximos cien años, renovemos la celebración. O, definamos, con precisión de cirujanos, si sólo somos afectos a tomarnos un día, para olvidarnos al siguiente de efímeros compromisos.

Quizás, sólo los historiadores apasionados por ese momento histórico, puedan señalarnos a quienes, fervorosamente, enarbolaron las banderas de sus convicciones libertarias. Idénticamente, también podrán definirnos con mayores precisiones a aquellos temerosos de dar pasos definitivos. Y, en la delgada línea que separa la osadía pura de la reflexión profunda, sepamos definitivamente, cuales rostros deben resaltarse.

¿Deberíamos, entonces, escuchar las voces de los estudiosos?
 
Ocurre que, a diferencia de aquellos días del mayo de la historia, hoy las urgencias no nos permiten detenernos demasiado en los análisis. Estamos inmersos en una carrera en la que los relojes ponen, por sobre lo importante, lo inmediato. Y consecuentemente, vamos perdiendo la óptica, y hacemos maleables los criterios, y acomodamos los pensamientos y las opiniones. Y respiramos, dándonos por satisfechos de una jornada más.

Así, casi sin darnos cuenta, subrepticiamente, hemos ido dejándonos restar valores. No nos hemos preocupado demasiado en averiguar en manos de qué o de quienes quedaron esos valores. Hemos dejado decantar, sin análisis, principios básicos de nuestra identidad. De la identidad grande de Nación. Y hoy tenemos el documento que nos señala que somos argentinos por territorialidad, no por convicciones. Y aún más, que somos argentinos convocados por íconos, no por designios.

Probablemente, corporizándonos en la mañana lluviosa del 25 de Mayo de 1810, caminando por los adoquines que rodeaban el Cabildo, abriríamos nuestro pensamiento a vivencias determinantes. Si Belgrano, Moreno, Castelli, el mismo Saavedra pudieran hablarnos al oído, y decirnos cuáles eran sus sentimientos y sus pensamientos en torno a la palabra libertad, y las implicancias de decidir vivir atados a esa generosa condición, quizás comprenderíamos cuales son los próximos pasos a seguir, para iniciar el ancho camino hacia el tricentenario.

Libertad es responsabilidad. Es convivencia. Es apego a las normas. Es respeto. Es convicción.

Esos eran los valores de los forjadores del primer grito de libertad. De ellos, de los que tomaron sus banderas y continuaron apostando a defender ese fuego bullente en las almas, deberemos tomar la debida lección.
 
De eso se trata este Bicentenario. De percibir, si en estos 200 años transcurridos, hemos sabido interpretar la voluntad y los anhelos de aquellos que, imbuidos de fervor, le dieron vida a la postal amarillenta del 25 de Mayo. Y cambiándole el ritmo a ese reloj extraño que nos hace anteponer lo urgente a lo importante, dispongamos voluntad y acción para dibujar, esta vez con contornos definidos y trazos firmes, una postal de Patria Grande.