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Notas

El 14º lugar fue el "domingo de gloria" para Juanjo López

Si este Gran Premio disputado en La Rioja, denominado por APAT “Semana Santa”, puso a prueba algo en Juan José López, eso ha sido su fe, tras una previa que no era la más esperada

Enredado en los entrenamientos del sábado con problemas menores que, como todos sabemos, cuando se enredan pasan a ser temas mayores, enredado en clasificación con un tránsito en pista que no lo favoreció, la serie clasificatoria del domingo lo volvió a enredar.


Otro tema menor en principio, su puerta se abrió en plena competencia, entonces la bandera de la autoridad en pista le indicó ingresar a boxes para reparar.


La puerta sólo se abría en una curva, la  única que por ser muy cerrada obligaba al piloto a soltarla para poder sólo por unos metros, tomar el volante como Dios manda, con las dos manos.


La ley no toma en cuenta sus necesidades, ese quinto puesto logrado a puro esfuerzo y una mano. Juanjo tenía sus razones pero no pudo resignarse y desobedeció la orden que la ley establece por otras razones, las de seguridad. Pero Dios cierra una puerta y abre otra. Es una cuestión de fe.


Largar último la final, en el cuadragésimo primer (41) lugar y finalizar en la décimo cuarta (14) posición, luego de 20 vueltas sin dirección hidráulica, con un auto que perdió toda la trompa en la primera vuelta y con ella la carga aerodinámica es muy difícil. 


Se necesitan brazos firmes, capacidad, la determinación que da la fe y esa inexplicable suerte que dejamos en manos de Dios.


El piloto sanrafaelino, que sabe de perder carreras por ausencia de esta última, no perdió esta vez su fe. Precisamente en el domingo de Pascuas, tuvo en este décimo cuarto lugar su “domingo de gloria”.


Lavó su pecado de la serie manejando con autoridad, casi sin cometer errores. Una largada impecable de la que fueron testigos Pezzini y Traut, a quienes dejó atrás de movida.


Antes de completar una vuelta ya había superado nueve autos. Pero en el frenaje de la última curva lo rozaron y se llevó por delante al SEAT de  Moriatis. Aquí se abrió la otra puerta.

Porque las cosas coincidieron para que aprovechara el Auto de Seguridad por el vuelco de Carducci en la largada, ingresando a boxes.


Los mecánicos comprobaron que no había consecuencias mecánicas, sólo faltaban el paragolpes, las dos ópticas y la rejilla. Detalles menores que esta vez no se enredaron en problemas mayores.


Otra vez en pista y en el último lugar volvió a acelerar y vuelta tras vueltas mientras superaba a algunos y otros se quedaban, Juanjo López fue combatiendo demonios.


Exhausto por el esfuerzo de manejar sin hidráulica, la bandera final cayó como un bálsamo.

Luego vino el fuerte abrazo con sus mecánicos, atrás quedó esa endemoniada puerta que, sabe Dios por qué, luego de cambiarle la cerradura por completo se seguía abriendo. Seguro hay una respuesta de la física a esto y una de fe. Por eso el piloto sanrafaelino Juan José López tuvo unas Felices Pascuas.