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Notas

El senador Carlos Aguinaga también está "pegado" a la ley de jubilaciones VIP

El senador Carlos Aguinaga ha sido el primero en salir a despegarse del escándalo por la "jubilación feliz", asegurando haber sido "engañado" por sus pares. Sin embargo, todos los indicios demuestran lo contrario. Las "patas" de la mentira y el sugestivo silencio del legislador.

El Partido Demócrata, más temprano que tarde, ha intentado despegarse del interminable escándalo por la sanción de la ley en la que los legisladores aseguraban su retiro con 82 por ciento de movilidad jubilatoria. En ese sentido, el senador Carlos Aguinaga, titular de bancada de ese partido, ha sido el más activo vocero a la hora de desligarse del tema, denunciando haber sido engañado a través de una “maniobra fraudulenta”, junto a sus colegas Aldo Giordano, Nelly Gray y Ernesto Corvalán.

En tal sentido, los legisladores hablaron de la “aprobación vergonzante” de un proyecto “desconocido para la mayoría de los integrantes del cuerpo”.

El enojo de los integrantes de las otras bancadas no se hizo esperar: Luis Ruzo (PJ), Aníbal Rodríguez (Confe) y Leopoldo Cairone (UCR) aseguraron que Aguinaga —al menos él— estaba al tanto de lo que se estaba firmando. “Aguinaga sí sabía, si se lo ocultó al resto del bloque es otro tema”, aseguró Cairone a diario El Sol, en consonancia con otras fuentes legislativas que admitieron lo mismo.

En ese marco, hay un dato que es irrefutable: el proyecto de ley estuvo al menos cuatro meses dando vueltas hasta que se aprobó, y en ese lapso fue refrendado por la Comisión de Legislación y Asuntos Constitucionales, tanto de la Cámara de Diputados como de Senadores.

Dicho cuerpo, mal que le pese a Aguinaga, está integrado por miembros del Partido Demócrata, los cuales no pudieron no haber visto la norma antes de que fuera sancionada. Se trata de los diputados Antonio Spezia y Mario Casteller, y del senador Aldo Giordano junto al propio Aguinaga.

MDZ intentó hablar con este último para indagarlo acerca de sus propias contradicciones, pero no tuvo éxito. Se lo llamó a su celular y luego se intentó el contacto con su secretaria, Silvia Ochoa. A pesar de que esta última aseguró que devolvería el llamado, jamás lo hizo. El legislador, tampoco.

Mientras estas líneas son escritas, dos hechos de relevancia ocurren a la par: Aguinaga ha apagado su celular —su “vocera” también— y la legislatura analiza sancionar al senador a través de una “cuestión de privilegio”.

Ambos hechos demuestran claramente lo vergonzosa que ha sido la actuación del legislador