Notas
ATE muestra la mugre bajo la alfombra de la realeza
No hay carteles, ni señalización alguna, pero a pocos metros del Km 0 los subsuelos del edificio de la Secretaría de Turismo encierran uno de los secretos mejor guardados de la Fiesta Nacional de la Vendimia: las indignas condiciones de trabajo de quienes se encargan de preparar el vestuario de los artistas.
Trágico, antes que cómico, en estos subsuelos se hacen maravillas con telas apolilladas, con piojos, arañas y cucarachas. Se pelea tela por tela la dignidad cultural que el Estado, y la Secretaría de Cultura, niegan a la luz del día, o mejor dicho, al mercurio del subsuelo.
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Como al descuido, usted puede ingresar derechito por el hall del edificio de Turismo y vaya 30 metros hasta el centro del mismo. A la derecha verá un bonito, inútil y patrimonial ascensor, no lo tome, no venden boletos. No hay ningún cartel, pero allí hacia abajo funcionan los depósitos. A la orilla del ascensor, descienda por una escalera no menos patrimonial pero tenga cuidado, carece de antideslizantes y tiene hendiduras y hundimientos cómo si fuera de arena húmeda gastada por la lengua del tiempo.
Eso es, los peldaños están tremendamente gastados con huecos que pueden llevarte de un salto al Hospital Central.
Usted se preguntará si la escalera es la única entrada o salida. Pues no, pero pocos lo saben, y los que allí trabajan temporariamente no recibieron entrenamiento alguno para emergencias.
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Pasillos de ida y vuelta, o de vuelta y vuelta, con objetos que impedirían o harían riesgosa una evacuación de las, a veces, casi 40 personas trabajando en los sótanos.
A ese pasillo se llega pasando frente a los escasos baños y usted puede volver a la calle o si tiene suerte y lo invitan a conocer el Depósito principal de Vestuario Vendimial.
Para ello debe atravesar un pasillo al que se le pretendía convertir en oficina de los vestuaristas del equipo ganador de la Fiesta de la Vendimia de este año. No lo quisieron, y eso que tiene sala y alcoba. Digamos, tiene anafe sin bocas de ventilación.
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El depósito cuenta con entrepisos, las estructuras de caño soportan la ropa y, entre medio, las instalaciones eléctricas. No hay matafuegos a la vista, ni sistemas de detección de humo.
Sus enormes ventanales al norte aligeran el aire en verano pero cuando sube el calor lo tornan irrespirable. En invierno se filtra el frío, la humedad hace de las suyas y las plagas también. Los empleados y vestuaristas debieron comprar sus repelentes e insecticidas y alguna desinfección oportuna (oportunista) acontece en los veranos.
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Es una selva multicolor, y ellas pueden ser la especie en extinción en medio de ese ámbito laboral. Hay grietas en las paredes, y no justamente de esas grietas insignificantes, sobre todo para un verano “estremecido” por temblores en todo el continente…
El patio es muy agradable pero pocas lo disfrutan. Y hasta ahora verán que la gente es amable y con sentido del humor, aman su trabajo. El Estado se aprovecha de eso. Y verán que todo está a la vista, muy pocas cosas se ocultan, hasta la basura está al lado del espacio de trabajo, sin bolsas que la contengan, sin tapas que la aíslen.
Vamos a quedarnos un rato con las chicas, hoy no hace calor, una escultura de yeso y alambre a la vista de un niño con un perrito nos enternece, haremos una pausa en este recorrido antes de entrar al centro de trabajo, donde telas, hilos, máquinas y costuras se funden literalmente, por el calor, y por el amor que le ponen a cada ropa que cubrirá las vergüenzas de quienes serán aplaudidos durante tres noches seguidas (paren con esa idea de la 4 noche, eh?)
Las vergüenzas vistas permanecen en los ojos que nada ven".