Notas
Como la foto de un recuerdo, tal y como habita en la memoria
La fotografía pretende congelar sensaciones, detener aquello que, indefectiblemente, es efímero. Estas imágenes pertenecen a Olga Campassi y constituyen todo aquello que la cámara no puede tomar, son un disparador de sensaciones que el espectador debe animarse a reconstruir.
Una argumentación muy simplificada relaciona de manera estrecha a la aparición de la fotografía (finales del siglo XIX) con los cambios profundos que se produjeron en el campo del arte. La misma sostiene que al pasar la fotografía a cumplir con la tarea de registrar hechos o personas de manera realista, ágil y económica, la pintura se liberó de esa función y concentró su interés en problemáticas propias del lenguaje artístico, con el consiguiente abandono progresivo de la representación mimética. Así resultaría que, mientras la fotografía documentaba, la pintura crearía.
Sin título. Impresión digital sobre acrílico. 2009-2010. |
El resultado no fue del todo así, ni la primera se limitó a documentar, ni la segunda abandonó el registro. Prueba fehaciente son las imágenes que ilustran esta nota y que son parte de un conjunto de obras de Olga Campassi que fueron exhibidas durante septiembre en el Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza (Subsuelo Plaza Independencia). En ellas, la artista utiliza la técnica de la fotografía y su función de documentar, y la entrecruza con propósitos poéticos y pictóricos. El resultado es una mixtura.
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Gran Cenote, Tulum, México. Fotografía digital toma directa. 2009. |
Hay aquí dos grupos bien diferenciados de obras. Por un lado, las tomas directas, es decir, las fotografías que se parecen a las que tomaría cualquier viajero; por el otro, unos objetos transparentes en los que las fotografías son sólo una parte constitutiva de ellos.
Peluquería, Valladolid, México. Fotografía digital toma directa. 2009. |
Las primeras, que son efectivamente fotografías de viajes, tienen la peculiaridad de referirse a hechos mínimos desde lo anecdótico, por ejemplo, una peluquería cualquiera. Cuando Olga pasó por allí, vio más de lo habitual, lo que seguramente disparó una serie de sensaciones que pretendió congelar, porque el viajero recorre con los sentidos dispuestos de manera potenciada y la fotografía desea detener aquello que, indefectiblemente, es efímero. La artista propone estas imágenes como disparador con la pretensión de que el espectador reconstruya las sensaciones que les dieron origen.
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Sin título. Impresión digital sobre acrílico. 2009-2010. |
En el caso de los segundos, objetos realizados mediante la superposición de tres transparencias, (fotografías impresas sobre láminas de acrílico), las imágenes resultantes están construidas después del momento en que se tomaron las fotos, por tanto, son una especie de materialización de la memoria. Los objetos registrados se multiplican y entremezclan para crear un efecto de simultaneidad. Se desdibuja la precisión en pos de obtener algo diferente, cuya dominante visual es el carácter pictórico, se busca sugerir la mixtura de hechos que constituyen los recuerdos. Allí se confunden, se cargan de subjetividad y se transforman en imágenes compuestas por varias experiencias y tiempos distintos que se vuelven simultáneos. Es como una fotografía de un recuerdo, tal y como habita en la memoria. El desafío de estas fotos es ver todo aquello que no puede verse.