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Notas

Linchamiento: la injusticia de la mano propia

Lejos de hacer justicia atacando a un atacante, los protagonistas se vuelven delincuentes. Una cosa es colaborar con la policía y otra muy diferente es obstruir a la justicia, arrogándose para sí la decisión de determinar la culpabilidad o no, de un delincuente en flagrancia. Los linchamientos surgieron en nombre de la justicia y la legalidad, cuando en realidad se trata de decisiones  injustas.

Hablar de un linchamiento resulta, muchas veces, "liberador" a la luz de la forma en que los medios de comunicación ofrecemos la noticia. Esto ocurre muy apesar de que el linchado resulte -como en el caso reciente- muerto.

Sencilla y genéricamente, es como decir "bueno, uno menos", entendiendo por "uno" a algo pésimo y monstruoso, ni siquiera humano y, por "menos", se comprende: su eliminación lisa y llana sin mediar juicio ni derecho a defensa, sin citar a testigos y dando por cierto un sólo testimonio, el de la presunta víctima.

Los medios se ocupan suficientemente de la inseguridad y de los dolores profundos que ésta ocasiona. Pero en lo que pocos se van a concentrar, es en el derecho a la vida de quien la perdió, más aún tratándose de un "delincuente", según el dictamen del juicio sumarísimo otorgado por la horda.

Lo ocurrido en Pedro Molina esquina Mitre de Guaymallén no es un tema menor, sino de alta gravedad. En Mendoza no son comunes este tipo de reacciones, aunque si lo son en sociades en las que se planta como un emergente de la anomia y la desintegración social.

El origen de la palabra “linchamiento” se remontan a los Estados Unidos en el siglo XVIII, en función de la costumbre de Charles Lynch -un juez de la región estadounidense de Virginia- que ordenó matar a un grupo de conservadores o torys sin proceso judicial previo.

Los linchamientos surgieron paradojalmente en nombre de la justicia y la legalidad, cuando en realidad se trataba de decisiones absolutamente injustas.

En la Argentina, desde el Ingeniero Santos que mató a quienes le robaron su pasacaset, hacia atrás y adelante, pasando por los casos denominados de “gatillo fácil”, en donde el linchamiento lo hacen las fuerzas del orden, la historia y la literatura está llena de casos terribles, difíciles de asir, tal como lo dejó plasmado Lope de Vega y su célebre frase “todos a una”, en el poema Fuenteovejuna, para reflejar una práctica popular en la España del siglo XVII.

Amnistía Internacional alerta que los linchamientos aparecen como una forma de “justicia popular” especialmente en aquellas localidades donde el Estado no tiene presencia, o donde ésta es meramente simbólica".

Son bastante comunes en las noticias de Perú y en Bolivia y los informes sobre linchamientos han provenido hasta ahora desde Centroamérica como Guatemala y México. La organziación SeguRed informó que en Guatemala se reportaron 480 casos entre 1996 y 2002, que ocasionaron 250 muertos y más de 700 heridos. En México, según el investigador Antonio Fuentes Díaz, se informó sobre 186 episodios entre los años 1984 y 2000.

Algunas de las características más importantes de los linchamientos son, según el representante del Instituto de Criminología de la Universidad del Zulia, Alexis Romero Salas:

- Es una acción colectiva. En otros términos, por definición no existen linchamientos ejecutados por una sola persona. La muchedumbre encamina su energía destructiva generalmente contra un individuo. Los casos de parejas o tríos linchados son poco frecuentes.

- La organización tiene un solo objetivo: impartir violencia contra quien (es) es (son) considerado (s) autor (es) de un delito. Luego desaparece.

- Por lo tanto, “es una acción de carácter privado e ilegal”. La autoridad pública no aparece.

- El linchamiento siempre se traduce en un “fuerte castigo físico”, aunque no siempre finaliza con la muerte del receptor de la violencia.

*El lapso entre la ofensa que genera el linchamiento y la acción colectiva generalmente es muy breve, inmediato. Por lo tanto, podría señalarse que la muchedumbre actúa en flagrancia.

Los expertos en el tema aclaran con mucha fuerza que en los casos de linchamiento “no se dan los supuestos de la legítima defensa” a nivel legal. Es decir: no pueden alegar que lo que hacen es en “legítima defensa”, por más que lo crean.

La criminalística esto especialmente en lo que se refiere a la proporcionalidad de la sanción y a los medios en que ésta suele ser ejecutada. “Cuando un individuo roba o viola a otro, aún cuando tiene en sus manos un arma de fuego, desde el punto de vista de las leyes no está justificada su ejecución a palos o mediante la horca”, dice SeguRed, para agregar categóricamente que “el linchamiento, además, no es garantía de justicia”.

Los linchamientos, por otra parte, le garantiza larga vida a la impunidad. Como las muertes y lesiones son producidas por una turba, a menudo con “armas de oportunidad” que luego desaparecen, a las autoridades les resulta muy difícil individualizar responsabilidades penales. De hacerlo, éstas se diluyen según el llamado principio de “correspectividad”. Así dicen los que saben.

Claro está, sin embargo, que la existencia de este tipo de hechos deben alertarnos como sociedad, poner en revisión a los gobiernos y al Estado en general y exige responsabilidad a los comunicadores, a fin de no promover una práctica que a todas luces es perjudicial para la seguridad, la convivencia pacífica, la justicia y en definitiva, para la vida en sociedad.

Atentos al caso que nos ocupa, es necesario acudir a la seriedad y no a las sensaciones, para saber que lo que sobrevive a un linchamiento es un estado de injusticia y de justificación de lo hecho.

Varias son las preguntas que el caso reciente nos deja sin responder o cuya respuesta es parcial y, posiblemente, interesada. ¿No hay nadie demorado por atacar al hombre que intentó robar una cartera? ¿Alguien explicó por qué le patearon la cabeza al "delincuente" delante de la policía y ésta no hizo nada? ¿Fue trasladado a la comisaría en lugar de un centro asistencial? ¿Están identificados los agresores y se los investiga minuciosamente, tal como se está haciendo con el fallecido?

Este último dato es patético: las mañas policiales son las que colocan al borde de la incredulidad a toda la policía. Según el informe recogido por este diario, los policías filtraron -una vez más- una cantidad de datos incriminatorios de la víctima mortal: dicen que quieren saber si consumía drogas, si tenía alcohol en la sangre, etc. En definitiva, el riesgo que se corre es que, cuando el olvido haga caer el caso de las portadas de la prensa, la conclusión "oficial" resulte -si nos basamos en este proceder- que el hombre buscó su propia muerte, un suicida, un loco o peor: alguien que "tenía" que morir.