Notas
Un piloto baqueano da clases de manejo en el Super Prime del Dakar
Desde qué tipo de cubiertas debe usarse hasta qué debe llevarse como auxilio mecánico, son algunas de las claves que resumió Juan Carlos "Buey" Fernández a MDZ. Con él recorrimos el trazado de Nueva California a bordo de su rastrojero '73.
“Ojo, este es un Perkins potenciado pero golpea un poquito porque está fuera de punto”, admite Juan Carlos Fernández, más conocido como el Buey, apenas comenzamos a recorrer a bordo de su rastrojero ’73 el trazado dispuesto para el primer Super Primer del Dakar, en Nueva California.
![]() |
Es que el Buey es un eximio conocedor de la zona, ya que no sólo utiliza estos caminos para disfrutar de la vida baqueana sino que también para trabajar. “Con el Naranja -como llama a su vehículo- llevo y traigo a San Martín a los puesteros de la zona y me voy a los festivales. Me gusta la música, los asados; la buena vida”, reconoce.
“Soy nacido y criado en Gustavo André, así que imaginate cómo conozco estos caminos. Desde niño que ando por acá y me c… de la risa cuando veo a las 4x4 naricita pa`l cielo enterradas en la arena. Esto no es pa` cancheros, hay que saber manejar”, empieza Fernández con su clase práctica de manejo desértico.
No encontramos de casualidad. Mientras este cronista trataba de imaginar en la inmensidad del desierto en que área se instalarían el micro hospital móvil, el helipuerto y todos los servicios previstos para armar la llegada de la 12ª etapa del Dakar 2010 en nuestra provincia, de repente apareció.
Amable, como todos los habitantes del lugar, al verme en medio del camino se detuvo de manera inmediata. Se bajó del “Naranja” y, estirando su mano derecha, lanzó un fuerte y claro “buen día, amigo”. Tras el apretón de manos y una breve explicación de por qué me hallaba en ese lugar, la puerta del rastrojero se abrió totalmente con la sola invitación a acompañarlo en su viaje.
Entre cada tema de conversación diferente, porque si hay algo que caracteriza al Buey además de su infinita galería de anécdotas es su facilidad de palabra, puntualizaba alguna clave de conducción segura.
“Hay tres cosas que nunca me olvido antes de venir pa` estos lados. Primero, cargar el compresor y una batería; después, traer una caja con algunos repuestos y herramientas; y cambiar las cubiertas. Acá hay que venir con las cubiertas lisas, gastadas; las con tacos no sirven. Los tacos cortan la arena y te traban la dirección”, fue la primera máxima del piloto.
Luego vendría una sintética explicación de cómo debe cebarse el mate ideal, obviamente amargo, un análisis del por qué está viniendo tan malo el gasoil de ciertas refinerías y qué debe hacer el piloto cuando la dirección del coche se traba en la arena del desierto. “Todos volantean y aceleran, se hacen los Grand Prix. No, eso no se hace. Se entierran más. Hay que dejar que la dirección vaya solita y levantar la patita del acelerador pa’ que se libere el vehículo”.
Luego, vendría una parada en el puesto de Don Calderón, donde aprovechamos todos para refrescarnos, incluido el Naranja.
Emprendimos el camino de regreso hablando de caballos, de cuál es el más adecuado para las paleteadas; del facón, de su traje de gaucho y de sus viajes en época de camionero. Mientras tanto, el Buey hacía gala de su destreza con el volante y de su buen criterio para elegir la mejor parte del camino donde rodarían las ruedas de su rastrojero.
Un abrazo, deseos de felicidad para el año que se inicia y el compromiso de encontrarnos cuando el Dakar pise esas tierras, sirvieron como despedida.
![]() |
Entre cada tema de conversación diferente, porque si hay algo que caracteriza al Buey además de su infinita galería de anécdotas es su facilidad de palabra, puntualizaba alguna clave de conducción segura.
“Hay tres cosas que nunca me olvido antes de venir pa` estos lados. Primero, cargar el compresor y una batería; después, traer una caja con algunos repuestos y herramientas; y cambiar las cubiertas. Acá hay que venir con las cubiertas lisas, gastadas; las con tacos no sirven. Los tacos cortan la arena y te traban la dirección”, fue la primera máxima del piloto.
Luego vendría una sintética explicación de cómo debe cebarse el mate ideal, obviamente amargo, un análisis del por qué está viniendo tan malo el gasoil de ciertas refinerías y qué debe hacer el piloto cuando la dirección del coche se traba en la arena del desierto. “Todos volantean y aceleran, se hacen los Grand Prix. No, eso no se hace. Se entierran más. Hay que dejar que la dirección vaya solita y levantar la patita del acelerador pa’ que se libere el vehículo”.
Luego, vendría una parada en el puesto de Don Calderón, donde aprovechamos todos para refrescarnos, incluido el Naranja.
Emprendimos el camino de regreso hablando de caballos, de cuál es el más adecuado para las paleteadas; del facón, de su traje de gaucho y de sus viajes en época de camionero. Mientras tanto, el Buey hacía gala de su destreza con el volante y de su buen criterio para elegir la mejor parte del camino donde rodarían las ruedas de su rastrojero.
Un abrazo, deseos de felicidad para el año que se inicia y el compromiso de encontrarnos cuando el Dakar pise esas tierras, sirvieron como despedida.


