Notas
Un piloto baqueano da clases de manejo en el Super Prime del Dakar
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Amable, como todos los habitantes del lugar, al verme en medio del camino se detuvo de manera inmediata. Se bajó del “Naranja” y, estirando su mano derecha, lanzó un fuerte y claro “buen día, amigo”. Tras el apretón de manos y una breve explicación de por qué me hallaba en ese lugar, la puerta del rastrojero se abrió totalmente con la sola invitación a acompañarlo en su viaje.
Entre cada tema de conversación diferente, porque si hay algo que caracteriza al Buey además de su infinita galería de anécdotas es su facilidad de palabra, puntualizaba alguna clave de conducción segura.
“Hay tres cosas que nunca me olvido antes de venir pa` estos lados. Primero, cargar el compresor y una batería; después, traer una caja con algunos repuestos y herramientas; y cambiar las cubiertas. Acá hay que venir con las cubiertas lisas, gastadas; las con tacos no sirven. Los tacos cortan la arena y te traban la dirección”, fue la primera máxima del piloto.
Luego vendría una sintética explicación de cómo debe cebarse el mate ideal, obviamente amargo, un análisis del por qué está viniendo tan malo el gasoil de ciertas refinerías y qué debe hacer el piloto cuando la dirección del coche se traba en la arena del desierto. “Todos volantean y aceleran, se hacen los Grand Prix. No, eso no se hace. Se entierran más. Hay que dejar que la dirección vaya solita y levantar la patita del acelerador pa’ que se libere el vehículo”.
Luego, vendría una parada en el puesto de Don Calderón, donde aprovechamos todos para refrescarnos, incluido el Naranja.
Emprendimos el camino de regreso hablando de caballos, de cuál es el más adecuado para las paleteadas; del facón, de su traje de gaucho y de sus viajes en época de camionero. Mientras tanto, el Buey hacía gala de su destreza con el volante y de su buen criterio para elegir la mejor parte del camino donde rodarían las ruedas de su rastrojero.
Un abrazo, deseos de felicidad para el año que se inicia y el compromiso de encontrarnos cuando el Dakar pise esas tierras, sirvieron como despedida.