Notas
La presión sobre el Banco Central y su significado
La presión del gobierno de Cristina Kirchner para obligar a renunciar al presidente del Banco Central, Martín Redrado, es un hecho muy grave, que tiende a profundizar la fragilidad institucional de la Argentina.
El contraste es muy grande, tanto con los países desarrollados como con los emergentes. Si comparamos el nivel de autonomía del Banco Central de la Republica Argentina con la Reserva Federal de EEUU, la diferencia es patética: basta repasar el caso de Alan Greenspan para advertir cómo funciona el sistema en esos países. Greenspan fue presidente de la Reserva Federal desde 1987 hasta 2006. Durante veinte años estuvo allí; y vio pasar cuatro presidentes distintos, de diferentes fuerzas políticas, sin sufrir ninguna alteración en sus condiciones de trabajo. Al contrario. Los presidentes de EEUU, del más variado signo político, se cuidan muy bien de no ejercer ni el menor asomo de presión sobre la autoridad autónoma de la Reserva Federal: ¡sería un escándalo público! Así lo reconoció el propio Greenspan en sus memorias, al explicar que muchas veces, los gobiernos de EEUU necesitaban una baja de tasas para reactivar la economía, sobre todo en vísperas electorales. Pero él se limitaba a sonreír y debatir el tema en el seno del directorio. Y muchas veces se tomaban decisiones exactamente inversas a los deseos de la Casa Blanca, sobre todo si las amenazas de inflación hacían recomendable subir la tasa de interés. ¡Y mala suerte para el gobierno! A pesar de ello, a ningún presidente de EEUU se le ocurrió expulsar a Greenspan de su cargo: al contrario, lo mantuvieron allí, administracion tras administración, como una garantía de autonomía institucional y profesionalismo. Esto facilitó la confianza de los inversores, los empresarios, las empresas y los agentes económicos en general; y también se echaron las bases para que, en caso de crisis, se pudiera superar en poco tiempo.
Esta actitud, esta independencia de las instituciones, este respeto del gobierno por los organismos profesionales, no es monopolio de las grandes potencias. Los países emergentes con voluntad política y decisión de convertirse en desarrollados, tambièn respetan estas normas. El caso de Chile es paradigmático. Durante su gestión como presidente del Banco Central, Vitorio Corbo (2003-2007) fue una autoridad nacional; nadie, ni los entonces presidentes Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, se atrevieron a cuestionar sus decisiones, ni mucho menos presionarlo. Para conocer si las tasas subían o bajaban, la prensa lo consultaba directamente a Corbo; el ministro de Economía, el presidente y todo el gobierno chileno se limitaban a informarse de las decisiones que el Banco Central tomaba en forma autónoma.
Cuando Ricardo Lagos decía que “en este país las instituciones funcionan”, se refería a esto y a toda la actitud que tuvo durante su gestión: respeto al Poder Judicial, al Parlamento, a los partidos políticos, a la prensa, a los ciudadanos; y la severidad para castigar a los que rompen la ley y la constitución, vulnerando la autonomía relativa de cada organismo público o privado, cortando rutas o violando las normas de tránsito.
La actitud del presidente Lagos fue mantenida por su sucesora Michelle Bachelet y seguirá vigente después del cambio de autoridades, gane quien gane en las elecciones presidenciales del 17 de enero.
El resultado de esta constante voluntad de respetar las instituciones, ha servido a todos los chilenos: ya tienen el ingreso per cápita más alto de América Latina; el Metro de Santiago inaugura hoy una ampliación de 3,8 km, llegando a 88 km de extensión; de esta forma duplica al Subte de Buenos Aires, a pesar de tener la mitad de su población; y dentro de los 33 países emergentes, Chile acaba de ser elegido como el segundo mejor del mundo, motivo por el cual, ha sido formalmente invitado a ingresar a la OCDE a partir de marzo. Chile será el primer país sudamericano en incorporarse a las grandes ligas.
Por contraste, la presión del gobierno kirchnernista sobre el titular del Banco Central, significa un avance en la dirección exactamente opuesta. Se trata de un paso más en la profundización del modelo populista de vaciamiento institucional, signado por la falsificación de los datos del INDEC, la manipulación de las fechas electorales, las candidaturas testimoniales, la oficialización de los cortes de ruta como sistema de lucha interna, y la cooptación de gobernadores y parlamentarios de la oposición mediante prebendas y extorsiones financieras.
Con estas medidas, la Argentina, conducida por los Kirchner, sigue avanzando hacia el atraso, la decadencia, el estancamiento y la frustración. Visto desde la perspectiva internacional, la Argentina se posiciona cada vez peor. Con estas medidas, retrocede y retrocede…. Ya estamos en zona de promoción y en peligro de caer en zona de descenso directo…
Todo esto es muy triste y va a tener consecuencias muy negativas para el futuro del país, sobre todo para los más pobres. Estas decisiones causan desprestigio y desconfianza en todo el mundo. Y los sectores que toman decisiones de inversión, de aportar tecnología y capital para incrementar la productividad de los países, son muy sensibles a estas noticias. Cada vez nos ven peor; nos convertimos en motivos de risa o de burla. Estamos haciendo el ridículo a los ojos del mundo.
El resultado de esta constante voluntad de respetar las instituciones, ha servido a todos los chilenos: ya tienen el ingreso per cápita más alto de América Latina; el Metro de Santiago inaugura hoy una ampliación de 3,8 km, llegando a 88 km de extensión; de esta forma duplica al Subte de Buenos Aires, a pesar de tener la mitad de su población; y dentro de los 33 países emergentes, Chile acaba de ser elegido como el segundo mejor del mundo, motivo por el cual, ha sido formalmente invitado a ingresar a la OCDE a partir de marzo. Chile será el primer país sudamericano en incorporarse a las grandes ligas.
Por contraste, la presión del gobierno kirchnernista sobre el titular del Banco Central, significa un avance en la dirección exactamente opuesta. Se trata de un paso más en la profundización del modelo populista de vaciamiento institucional, signado por la falsificación de los datos del INDEC, la manipulación de las fechas electorales, las candidaturas testimoniales, la oficialización de los cortes de ruta como sistema de lucha interna, y la cooptación de gobernadores y parlamentarios de la oposición mediante prebendas y extorsiones financieras.
Con estas medidas, la Argentina, conducida por los Kirchner, sigue avanzando hacia el atraso, la decadencia, el estancamiento y la frustración. Visto desde la perspectiva internacional, la Argentina se posiciona cada vez peor. Con estas medidas, retrocede y retrocede…. Ya estamos en zona de promoción y en peligro de caer en zona de descenso directo…
Todo esto es muy triste y va a tener consecuencias muy negativas para el futuro del país, sobre todo para los más pobres. Estas decisiones causan desprestigio y desconfianza en todo el mundo. Y los sectores que toman decisiones de inversión, de aportar tecnología y capital para incrementar la productividad de los países, son muy sensibles a estas noticias. Cada vez nos ven peor; nos convertimos en motivos de risa o de burla. Estamos haciendo el ridículo a los ojos del mundo.